El empecinamiento de la izquierda política por dinamitar la custodia compartida de los hijos, por entorpecer cualquier atisbo de avance que haga referencia a ella y negarse en redondo a instaurarla a nivel nacional, sólo puede explicarse desde una estrategia de freno a la independencia de la mujer a manos de un calculado enquistamiento de las custodias exclusivas maternas. Modelo de custodia que retiene a las mujeres entre cuatro paredes, empleadas por entero en cuidar a los hijos, eso sí, con todos los gastos pagados (vivienda gratis, pensión compensatoria para ella y pensión de alimento a cada uno de los hijos). Pero modelo que a un tiempo las aboca a un modo parasitario de vida y las encadena al mundo de nuestras abuelas, aunque ahora digan que hemos alcanzado el siglo XXI. Con este ardid se trata de mantener ancladas a las mujeres, varadas en la monotonía de un hogar que en el fondo ellas detestan con todas sus fuerzas. Precisamente, con ese engaño de prometerles cada día un paraíso de libertad e independencia que nunca llegará, cientos de miles de mujeres son engañadas con la promesa de un mundo mejor. Se trata de la “buena nueva” de un feminismo moderno en boca de sus mismos carceleros y a cambio de su feminista voto, un voto de mujeres inocentes, ajenas a los hilos que las mueven como títeres.

Claro que una custodia compartida generalizada en todo el territorio español, al cabo de unos años daría lugar a un gran avance social y laboral de las mujeres que justo entonces dejarían de votar a esa izquierda del clientelismo electoral, izquierda que sobrevive políticamente gracias a los votos de aquellos y aquellas que anhelan una vida mejor.

Una mujer que dependiese de sí misma, sin la sumisión a un macho Estado que la enreda durante años, legislando para ella y en contra de ellos, con la idea de ganarla a un harén nacional de votantas, dicha mujer, desde su independencia económica y un estatus cultural que antes no tenía, sin duda saltaría a otras opciones políticas de más nivel, aquellas que de verdad ven en ella una persona, una mujer con todo su potencial, no una solitaria cría-hijos que engendra votos para ser comprados a base de injusticias y lesión de derechos tanto a hijos como a padres.

De modo que la custodia exclusiva materna, un truco de trilerismo de izquierdas, perpetúa un modo de vida rancio, mercantilista y anacrónico, modelo que se enfrenta a una forma equilibrada, justa y europea de tratar las relaciones familiares cuando ocurre una ruptura: la custodia compartida.

 

José Riqueni Barrios