¿Hasta dónde llega la privacidad en nuestro puesto de trabajo? Una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dado el visto bueno a que un empresario espíe los emails enviados por uno de sus trabajadores en horas laborales. Más de uno debe haberse puesto nervioso con la noticia, ya que el contenido de los correos propició el despido del empleado. ¿Quién no ha enviado alguna vez un mensaje a un amigo o familiar desde el ordenador de la empresa? Seguro que muy pocos pueden afirmar que no lo han hecho. Sin embargo, a partir de ahora habrá que andarse con ojo. La sentencia podría propiciar que también se revise el uso de las redes sociales o de las apps de mensajería como WhatsApp. Seguro que el pánico ha empezado a extenderse en las oficinas.

 

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos apunta que los mensajes pueden ser requeridos por tu jefe si se han hecho en horas de trabajo y con recursos de la empresa. El objetivo es que los empleadores puedan comprobar si su trabajador está utilizando su jornada laboral para fines personales. La delgada línea entre el derecho a la privacidad y el derecho del empresario a conocer el rendimiento de sus empleados se hace muy difusa.

 

La decisión llega a raíz de un polémico caso registrado en Rumania donde un trabajador fue despedido por un uso indebido de Yahoo Messenger. El jefe comprobó que durante horas laborales no se hacía un uso profesional del móvil. El empleado, atónito por el espionaje, creyó que se habían vulnerado sus derechos al haber leído sus mensajes personales y acudió a los tribunales de su país, que le dieron la razón a la empresa.

 

Los jueces de Estrasburgo tampoco se han puesto del lado del trabajador y han alegado “un justo equilibrio entre el derecho del demandante al respeto de su vida privada” y los “intereses del empleador”. “No fue abusivo que el jefe quisiera comprobar si sus empleados realizan tareas profesionales en sus horas de trabajo. Accedió a la cuenta del trabajador pensando que contenía comunicaciones con sus clientes”. La empresa encontró mensajes destinados a su hermano o su novia sobre asuntos como salud privada y vida sexual y lo despidió por infringir el reglamento interno. Según la sentencia, el empleado “fue informado de las normas de la empresa en todo momento”, es decir, conocía las reglas y el riesgo que suponía incumplirlas.

 

Las consecuencias de esta sentencia en otros casos están por ver. Hasta ahora ya sabíamos que enviar emails a través del correo corporativo no era recomendable o que la información de nuestros perfiles en las redes sociales podía influir en la decisión de una empresa a la hora de contratarnos. La decisión de Estrasburgo va un paso más allá. Ante esta tesitura parece que lo más inteligente será no utilizar el móvil de la empresa para cuestiones privadas. Haciendo uso del refranero popular: “Más vale prevenir que curar”.

 

FUENTE: LA VANGUARDIA