El nacionalfeminismo español, como un tipo o forma concreta de populismo que es, lo que pretende es desestructurar las bases de la sociedad española, aniquilando su cultura, es decir, tradiciones y modos de vida.

De manera que la familia, como célula integrante del tejido social, nos referimos a la familia natural, viene siendo acosada en lo que es una verdadera caza. De ahí que las políticas de protección a la familia no se vean por ninguna parte: conciliar la vida familiar y laboral es imposible, queda en mera verborrea mitinera cada cuatro años, las parejas en crisis no tienen ninguna ayuda de mediación y la gente se divorcia como puede y a las bravas, con lo acertado que resultaría ayudarlas mediante equipos multidisciplinares de mediación (abogado, psicólogo y mediador) con cobertura estatal, las deducciones por hijos en el IRPF son insuficientes, las becas y ayudas al estudio están en vías de desaparición, las leyes feministas penalizan en extremo a los hombre en caso de divorcio y son un factor altamente motivador para las mujeres de cara a romper su matrimonio, pues lo hacen con garantías económicas de toda índole… y así podríamos seguir con esta lista interminable de desamparos que sufre la familia natural española.

 

La familia, entendida como la unión de un hombre y una mujer, independientemente de su vinculación civil o religiosa, debe constituir un objetivo básico de atención y protección por parte de los Poderes Públicos, una tarea prioritaria de políticos valientes, honrados y con las ideas claras. Una vez, claro está, alguien disipe esa niebla tóxica y nauseabunda que consiste en trampear la jurisprudencia a cambio de votos feministas, comprados a precio de saldo en una subasta anual. Yo trinco 10, te doy 1, tú me votas y después te las avías como puedas, bonita, que las ayudas son por un tiempo, querida, o qué te habrías creído, monada. 

Pero para iniciar políticas de protección a la familia es necesario enfrentarse a cara de perro a las feministas radicales y a las altas cargas de género instaladas en los palacetes de Madrid, porque los últimos presidentes del Gobierno, vienen mostrándose como hombres encogidos e insustanciales, títeres de feria en manos de aguerridas feministas fanatizadas con cargo de vice y dotes de mando castrense. En esto habría que irles recortando las subvenciones o mamela poquito a poco para que no la armen de momento, auditar anualmente aquellas cuentas que se presumen emplean facturas irregulares en los mil y unos chiringuitos, entes y asociaciones de género, ir derogando leyes feministas y en su lugar habilitar leyes neutrales para ambos sexos, esto es, hacer de la justicia una justicia justa, hasta convertir la desigualdad que hay a favor de la mujer en una igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

 

En la base de ese desmantelamiento tan acelerado que sufre la familia en España, en el origen de esa desprotección y ninguneo de la familia por parte de un Estado de No Derecho, ahí van, cogiditos de la mano, marchando por la misma senda hacia el desfiladero, nuestros políticos de tebeo y esas pintorescas criaturas pertrechadas de su inseparable mochila que, de tarde en tarde, son convocadas a un aquelarre de fe y al que llegan con su bocata y banderita morada para gritar como fierecillas eso de ¡El machismo mata!

 

José R. Barrios