Nace en París en 1908, considerada una de las grandes representantes del feminismo francés, reivindicaba en la calle el derecho a la contracepción y al aborto. Alumna destacada, se cría en el seno de una familia burguesa pero se aleja de las pautas sociales y religiosas de su familia. Marxista convencida y abanderada del existencialismo europeo más puro, no deja de escribir en defensa de la mujer, que en aquellos tiempos, estaba relegada a un segundo plano.

 

Reivindica su igualdad y su independencia, acorde con su coherencia y su estilo de vida. "Si somos iguales, seremos más libres", afirmaba. En 1929 conoció a Jean Paul Sartre, con quien mantuvo una relación liberal e incluso llegaron a compartir amantes como Biana Bienenfeld -imagínense el escándalo, pues incluso hoy día la poligamia es poco comprensible en nuestra sociedad-. Y no es que no se plantearan el hecho de casarse, porque Sartre le pidió matrimonio, pero ella rechazó.

 

Nunca vivieron en la misma casa y quizá por ello, se pasaron toda la vida juntos hasta que él murió. Consideraban su amor único, los demás amantes eran secundarios para ellos. Sus sentimientos, el compartir conocimientos, amantes, ideas y ideales les unían como nadie. Su obra "El segundo" es un alegato sobre la necesidad de igualdad entre el hombre y la mujer. En sus obras también destacan sus reflexiones sobre la muerte y la representación de la sociedad parisina donde la vida de una mujer podía estar marcada por una figura masculina a pesar de vivir como iguales.