A la citada creación del Instituto de la Mujer por el ejecutivo de Felipe González en 1983 se sumaría la del Ministerio de Igualdad a manos del presidente Zapatero, cuya titular tomaría posesión el 12 de abril de 2008. Se trataba de Bibiana Aido, la primera ministra de «Igualdad», aquella que dijo eso de «un feto es un ser vivo, pero no un ser humano» y que, a instancias de Michelle Bachelet (Directora ejecutiva de la Agencia para la Mujer en la ONU), «por su distinguida carrera de servcio público para el Gobierno de España», sería nombrada asesora especial de la propia Bachelet en junio de 2011. De este modo, los méritos feministas de la tal Bibiana la catapultarían a un alto puesto den la ONU, una evidencia palmaria de las estrechas conexiones del feminismo más sectario y este denostado organismo internacional que tanto ha degenerado en los últimos años.

Tras la zapateril creación del «Ministerio de Igualdad» y, a imitación reducida de éste, cada Comunidad Autónoma pondría en marcha su «Consejería de Igualdad y Políticas Sociales», cuando cada capital de provincia ya contaba con un Instituto de la Mujer. Por este procedimiento se duplicaron las sedes y organimos de Género. No obstante, el crecimiento exponencial de estas sedes se produciciría en el momento en que cada uno de los 8.124 municipios de España pasó a contar con un CIM (Centro de Infromación a la Mujer), una Delegación de Igualdad y una oficina de Servicios Sociales cuya Trabajadora Social, a día de hoy pudede señalar la existenia de malos tratos a la mujer que allí acuda y certificar que es una maltratada, realizando las funciones de un Juez, sin tener formación, reconocimiento ni autoridad como tal. Paralelamente, por si fuera poco a lo que ya se había montado, se vino habilitado una compleja red de pisos de acogida para mujeres maltratadas, puntos de encuentro familiar y un extenso listado de entes periféricos atendidos por psicólogas, abogadas, peritas varias... A la par que iba creciendo esta formidable Industria de Género se necesitaba, en cada ejercicio económico, multiplicar los recursos dinerarios para poder pagar alquileres, costear sueldos, suministros, campañas de propaganda en medios de comunicación audiovisuales, en prensa digital y escrita, en medios radiofónicos afines, subvenciones de género a sindicatos, cartelería, abonar el coste de flotas de autobuses y miles de bocadillos a modo de víveres para las manifestantas de cada algarada callejera a lo largo de toda la geografía española, pegatinas, camisetas, calendarios, bolígrafos, pulseritas color violeta... quedando sólo unas migajas de la tarta para atender a las mujeres verdaderamente maltratadas (aproximadamente 3 euros de cada 100 gastados), pues nos desgobierna una Dictadura de Género con todas las de la ley, en realidad sin ley, porque la ley debiera ir de la mano de la Justicia. Un régimen fascista y totalitario al que no faltan sus comisarias políticas, feministas radicales instaladas en el lugar de trabajo, esas que señalan con su dedo acusador a aquellos y aquellas que aún no han rendido su última bandera, la de la libertad de pensamiento y expresión. 

De este modo nos han conducido a una Edad de Tinieblas caracterizada por una competencia feroz entre los dos grandes partidos, PSOE Y PP, una encarnizada lucha de dos machos por hacerse con el harén de votos feministas radicales. Es por ello que entrando el otoño, a eso del atardecer, de lo más apartado de la serranía llegan a nuestros pueblos y ciudades los inconfundibles estallidos del choque violento de sus cuernas en una lucha a muerte por ver cuál de los dos da el golpe definitivo al otro, golpes a base de jurispruedncia sectaria inspirada en un Derecho Subjetivo. Tales machos, cegados por un celo extremo, se ven abocados a una lucha mortal de la que sólo uno será el vencedor, el mismo que dedicará el afán de sus días a contentar a sus hembras del redil elaborando y poniendo en práctica leyes lesivas a todo varón.

Dentro de unos años, este Derecho español de Género se estudiará en la Universidades de aquellos países aún no contagiados por dicho carcinoma. Así explicarán a sus ciudadanos cómo se gestó a comienzos del siglo XXI y las consecuencias que acarreó el nacionalfeminismo español. Y los alumnos, en escuelas e institutos, analizarán las similitudes que vienen existiendo en cuantas dictaduras han asolado y todavía asolan la faz de nuestros pueblos y ciudades.

 

El problema no sólo radica en las consecuencias que se derivan de la LIVG 1/2004, sino esencialmente en que es esa misma ley la que desnaturaliza las relaciones de igualdad entre hombres y mujeres al distinguir de entrada víctimas y culpables, agredidas y agresores. Sabido es que la historia de la humanidad es cíclica y las culturas parece que se suceden en el tiempo montadas en una noria que siempre regresa al punto de partida. Si en EE.UU. se perseguía a los negros y a ello se le llamó racismo, si en la Alemania nazi se exterminaba a todo judío, lo que se conoció como nazismo, en la España de nuestro días, en lo que se tarda en montar un breve teatrillo o Juicio de Género, se juzga y aniquila la vida de todo nativo varón heterosexual, lo que aquí llaman igualdad.

 

El machismo tradicional, una anomalía cultural que el mismo paso de los años venía dejando en entredicho y reajustando, no es razonable haya sido sustituido por un hembrismo rencoroso y vengativo, un neomachismo en toda regla, un remedio que es el mismo veneno de antes, la misma receta, pero más concentrada, ahora en dosis extremas, porque todo fundamentalismo, como lo es el feminismo de género, no conoce, por definición, ni límites ni justicia que valga. Y es que, como atinadamente escribe Arturo Pérez Reverte, «Aquí pocas veces nos gobernó la razón… casi siempre nos gobernaron las vísceras, el fanatismo, la incultura…». De ahí que, por desgracia, en el año 2020, aún está de rebosante actualidad aquella frase que el inquisidor Arnaut Almaric pronunció cuando sus fieros guerreros, alarmados por la degollina que llevaban a cabo en la toma de la ciudad de Beziers, le preguntaron cómo podían distinguir a los cristianos de los herejes: «¡Matadlos a todos que Dios reconocerá a los suyos!» –respondió.

                                 

José R. Barrios