Maltratados por la policía, arrastrados por encapuchados y tirados en el asfalto. Entre los agredidos, un diputado, periodistas y ciudadanos, tanto rumanos como moldavos. Esto ocurrió a finales de la semana pasada en un Estado al que se le requiere avanzar en cuestiones de estado de derecho y democracia: la Republica de Moldavia.

El caos empezó cuando estaba a punto de finalizar una bonita manifestación, la Marcha del Centenario, un evento que recuerda el momento en el que se votó la constitución de la Romania Mare, la Gran Rumanía, a la que se unió la región de Basarabia – más o menos equivalente a la actual  Republica de Moldavia-. Los participantes y organizadores fueron jóvenes voluntarios y el evento se realizó sin subvención alguna, solamente a partir de donaciones privadas. El objetivo final es lograr la reunificación de la Republica Moldavia con Rumania.

La marcha se inició el  1 de julio 2018 en Alba-Iulia (Rumanía) y se proyectaba culminar el 1 de septiembre en Chisinau, capital de la República de Moldavia. Los unionistas atravesaron andando los Cárpatos , entre montañas y valles, recorrieron unos 1300 kilómetros y pasaron por unos 300 ciudades  pueblos de ambos países... Cada uno anduvo lo que pudo, unos más y otros, menos.

Todo transcurrió bien hasta que los unionistas llegaron a la frontera que  separa Rumanía de la República de Moldavia, donde se les prohibió el paso. La columna, formada en ese momento por unas 70 personas, cruzaron la frontera por el paso Albita (Rumanía), pero en el otro lado los guardias moldavos de Leuseni  les impidieron el paso. Los participantes permanecieron en el paso fronterizo toda una noche para negociar: en un primer momento, propusieron que pasaran la frontera solo aquellos que tenían la nacionalidad moldava - sin contar con los participantes de nacionalidad rumana, idea que causó malestar entre los manifestantes, que se habían esforzado en recorrer a pie cientos de kilómetros y que se sentían emocionados de haber visitado lugares significativos para la Gran Unión, especialmente aquellos relacionados con la Primera Guerra Mundial, en la que Rumanía entró tras las promesas de los aliados de la Entente de poder reunir, al fin, a todos  los rumanos. Al día siguiente,  dejaron pasar a todos los participantes, excepto a uno, George Simion , el principal organizador de la Marcha.

Llegados  a Chisinau, el punto final de la manifestación, se unieron otros cientos de ciudadanos moldavos y numerosos ciudadanos rumanos que no pudieron hacer el recorrido a pie, pero que tenían el mismo deseo que todos los que allí se congregaban, la unión de ambos países en un estado, tal y como sucedió 100 años atrás; sin embargo, las fuerzas de seguridad  entorpecieron el normal desarrollo de la manifestación, si bien, dada la orientación prorrusa del presidente de Moldavia, Igor Dodon, los unionistas daban por hecho que podía pasar. Así,  el sábado, 1 de septiembre, la pacífica manifestación reunida en el centro de la capital de Republica Moldavia, acabó con actos de violencia cuando la policía prohibió el estacionamiento de los autobuses  en la Plaza de la Gran Junta Nacional por motivos de seguridad: realmente, las fuerzas de orden no se limitaron a prohibir el estacionamiento, sino que interceptaron los autobuses e intentaron expulsarlos de la ciudad. Estos, había sido decorado, casi a modo de museos rodantes, con imágenes de los momentos más significativos de la Primera Guerra Mundial y de la Gran Union de Besarabia con Rumania y con los colores de la bandera que ambos países comparten: rojo, amarillo y azul. Por su parte, estos autobuses venían de Rumania y, en sus bodegas, se guardaban las maletas y pertenencias de decenas de participantes.

Loa policías alegaron que retuvieron los autobuses porque recibieron una llamada al número 112  avisándoles de que, en el interior de los autobuses, podría haber explosivos, extremo que, naturalmente, los organizadores negaron. Ante esta turbia maniobra, los manifestantes se colocaron delante de los autobuses para impedir que fueran llevados a las afueras del centro urbano. Es en ese momento cuando las fuerzas de seguridad recurrieron a la fuerza apartando a manifestantes jóvenes y mayores, a un diputado rumano y a varios periodistas. Los policías que participaron en los actos violentos estaban armados y encapuchados. Esta Division del Ministerio del Interior de Moldavia solamente interviene en situaciones extremas y participan en misiones de alto riesgo. Todavia no se ha aclarado por qué se ha recurrido a este tipo de intervención cuando los manifestantes llevaban encima las banderas de los dos países.

Uno de los participantes, el activista Vasile Biletchi relata, aún conmocionado:

“Después de robarnos los autobuses, nosotros en señal de protesta, nos hemos sentado en el suelo delante de los vehículos. Vinieron los encapuchados y nos arrastraron y nos tiraron en una cuneta al lado de la carretera. Uno de los nuestros tenía la mano dislocada, consecuencia de la embestida. Entre nosotros se encontraba el diputado rumano Constantin Codreanu y una periodista”.                                                                    

Fuente: Inga Diaconu, periodista

Traducción: Diana Bartoiu