Cunde ciertamente el peor de los presagios en gran parte de nuestra sociedad ante la presencia de un Gobierno social comunista. Los primeros nombramientos, algunos de los cuales rayan en el esperpento, no auguran nada bueno. Con todo y pese a la presencia comunista en el Consejo de Ministros - una presencia irrelevante dada la poca talla intelectual, cultural y de gestión de sus componentes - la gravedad de la situación política, de momento, está todavía lejos de la que se vivió durante los años de la transición cuando se amanecía un día sí y otro también con muertos sobre la mesa. Hoy gracias a Dios no es así pero sea quizás porque los movimientos estratégicos y tácticos para la destrucción de nuestra sociedad y de la unidad de España vayan ahora por otros derroteros a los de la violencia , al menos hasta ahora.

En aquellos tiempos de la transición no era extraño de una parte demandar la intervención del Ejército ( ¡Ejercito al poder! , se acuerdan ?) y de otra un enorme temor a su intervención como de alguna manera sucedió el 23 de febrero de 1981.

Hoy esto ya no es así toda vez que cualquier posibilidad de intervención en la política de las Fuerzas Armadas es algo remoto e impracticable tras la culminación de las reformas militares que emprendió y diseñó el ministro socialista Narcís Serra. Eran otros tiempos. Una época en la que tanto en la calle como en los medios los nombres de los mandos militares eran bien conocidos mientras que hoy el desconocimiento es absoluto. La poca notoriedad hoy de los Ejércitos en la sociedad - objeto final de la reforma de Narcís Serra - se refleja en que nadie sabe siquiera el nombre de algún mando militar. La indiferencia es absoluta.

La evidente transformación subliminal y sutil de un Ejército institucional en uno ocupacional tiene buena culpa de ello pero la cuestión es que se quiera o no la Constitución está ahí vigente y las FAS tienen en el articulo 8.1 una misión explícita, guste o no.

Cabe aquí considerar que las intenciones que se vislumbran en lontananza de reformas constitucionales con la aquiescencia de los grupos independentistas afectan sin duda, digan lo que digan, a la esencia de la misma Constitución: al concepto de la Unidad de España reflejado explícitamente en el Artículo 2 del Título Preliminar, a la indisolubilidad de la Nación española. Algo que de tener éxito supondría un suicidio colectivo. Nos encontramos ante hábiles maniobras de ingeniería orgánica para transformar la Constitución al gusto de los grupos independentistas en Cataluña y País Vasco con la complicidad del PSOE de Pedro Sánchez y sus colegas comunistas a quienes la unidad milenaria de nuestra Patria les importa poco o nada.

Sucede que en este proceso topan y van a topar con la misión que el articulo 8.1 asigna a las Fuerzas Armadas. Una misión que define a estas como garantes de la integridad territorial y del ordenamiento constitucional. Una misión que no obstante hay que contemplar dentro del contexto general que marca la propia Constitución y es que la defensa del Estado corresponde al gobierno y al Tribunal Constitucional velar por su integridad.

El problema surge o surgiría si llegara el caso hipotético de que estos últimos , Gobierno y Tribunal Constitucional, no estuvieran en la tarea de la defensa a ultranza de los que define el Título Preliminar de la Constitución. Los Ejércitos son leales al mandato constitucional, como no podía ser de otra manera, pero, diré, también, que aquellos que han jurado lealtad a la Patria no pueden por menos sentirse preocupados por lo que podría estar por acaecer.

Las Fuerzas Armadas se rigen por la Constitución y esta es explícita y clara por lo que a la Unidad de España se refiere.

En la previsible situación de lo que está por acaecer todas las voces son hoy necesarias y aquellos que por Ley tienen responsabilidades fundamentales no pueden permanecer callados si llegara el caso en que estuviera en juego la supervivencia de España como nación.

Dejemos claro que es un error confundir al Estado con el Gobierno de la Nación y no es admisible querer identificar a la Patria con el Estado.

Hoy en España es corriente la confusión que se observa en muchos estamentos al respecto; y aquí radica a mi juicio el recelo que produce muchas veces las opiniones del militar en la política, algo de sobra admitido en cualquiera de las democracias de nuestro entorno.

La acción de cualquier Gobierno es la de regir y mandar haciendo cumplir las leyes conducentes a asegurar la buena marcha de los asuntos de la Nación ; pero no es una función única de los gobernantes toda vez que éstos y los gobernados constituyen un todo integral donde todos forman parte de la colectividad nacional ; incluidos los militares. Es desde esta perspectiva donde la participación en las cuestiones comunes alcanza a todos los españoles y por lo tanto no existe, a mi juicio, ningún impedimento que aconseje a los militares el apartamiento o abstención de éstos en manifestar su opinión política en el devenir o desarrollo del concepto de Patria especialmente cuando ésta está o puede estar en peligro.

La prudencia del Mando militar es loable y necesaria pero esta actitud no puede soslayar que las Fuerzas Armadas tienen una responsabilidad manifiesta en la defensa de la Constitución y no debería haber ninguna duda de que la cumplirán si las circunstancias nos llevaran a situaciones no deseadas.

Dicho de otra forma : la neutralidad política a la que se empuja a las FAS no significa permanecer Indiferente ante un ataque directo por muy subliminal que sea a la propia esencia de la Constitución.

La salvaguarda de la unidad de España no es un interés partidista y si defender esta supone romper la neutralidad política a la que se debe el militar me temo habríamos caído en un delirio mental.

La presencia de la misión de las Fuerzas Armadas nada menos que en el Título Preliminar de la Constitución se debe a que desde el momento en que la Patria le entrega las armas para servirla, los militares le juran fidelidad ante la Bandera que la representa. Y por eso mismo aquellas son una Institución Nacional al servicio de la Patria y no de un hipotético Gobierno que se desviara de los fines constitucionales.

De no ser así no tiene sentido el que sus misiones estén en la parte dogmática de la Constitución donde se plasman los Principios Constitucionales y no en la parte Orgánica que es donde se diseña la Estructura del Estado.

Que la solución adoptada en su día podía haber sido otra - de hecho en otras naciones de nuestro entorno es así - es evidente, pero la realidad es la que es, y yo como militar solo puedo interpretar lo que veo escrito.

Dejemos claro :

Las FAS están al servicio de la Patria misma constituida como Estado y regidas por lo que marca la Constitución.

Por supuesto que en una sociedad en continua evolución hay que adaptar las normas a las nuevas situaciones pero ¡ OJO ! teniendo presente que es

la unidad de España la que da sentido al orden constitucional y por supuesto a la monarquía misma.

Si se alterara este concepto de la unidad nacional de España nos encontraríamos ante un atentado directo a la propia esencia de la Constitución del 78.

Y lo que es aún peor contra la propia esencia de nuestra Nación como la Patria a la que me he referido antes y a la que las Fuerzas Armadas le deben lealtad.

Evidentemente todo esto es así si consideramos a estas tal como vienen definidas en la Constitución, es decir, una Institución Nacional y no en la entidad ocupacional en las que se las ha convertido de forma subliminal bastante eficaz.

Comprendo y comparto el silencio de las Fuerzas Armadas ante la presente situación política pero quiero suponer y confiar que son conscientes que de llegar el impensable suceso de la ruptura nacional que buscan los socios y cómplices del Gobierno no olviden lo que el pueblo español les demanda a través de la Constitución Española. Además lo han jurado.