La criminalidad machista está convirtiendo 2019 en el año con más mujeres asesinadas en el mismo periodo desde 2011 y con un porcentaje de denuncias cuatro puntos por debajo de la media histórica: a fecha de 6 de agosto, 38 víctimas mortales y un 21% de casos de violencia previa llevado a comisaría. Sólo ocho mujeres o sus entornos habían denunciado a quien acabaría siendo el verdugo.

«Insoportable», tuiteó este martes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

«Intolerable», tuiteó también esa tarde la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo».

Más de quince años de despropósitos han transcurrido desde la entrada en vigor de la Ley Integral contra la Violencia de Género que trajo de la mano los Juzgados de Excepción o Juzgados de Violencia de Género, las Unidades Integrales de Valoración Forense, el sistema de seguimiento policial VIOGEN (cuatro millones de casos desde 2007, 56.000 mujeres con protección en el año 2019), una jurisprudencia anti varón que condena según sexo, cientos de miles de hombres denunciados y fichados en un Registro Central de Maltratadores. En esta desquiciada coyuntura, el Pacto de Estado ha venido a poner la guinda a un fanatismo desbocado que ahora se muestra, en palabras de dos de sus máximos responsables, como insoportable e intolerable.

El paso de los años nos está haciendo ver que tanta injusticia engendra violencia y no resuelve nada, sino que empeora la situación. Frenar y dar marcha atrás se vislumbran como la única salida, esto es, la vuelta a una jurisprudencia neutral, cambiando el rótulo de los Juzgados de Género por Juzgados de Familia, la instauración de la custodia compartida como régimen preferente en caso de divorcio, una legislación sobre el Síndrome de Alienación Parental (SAP) que proteja el Interés Superior del Menor y una urgente derogación de todo el vasto y basto articulado jurisprudencial de género.

Es insoportable mantener una industria montada en denuncias falsas en al menos un 80%, es insoportable haber ideado un negocio en nombre del maltrato y a costa de las maltratadas (las menos) y supuestamente maltratadas (las más), es insoportable ver el Síndrome de Alienación Parental (SAP) arrasando la infancia de millares de niños y niñas que serán adultos trastornados (véase el caso de Juana Rivas).

Es intolerable que decenas de millones de euros se hayan malgastado en montar una industria clientelar de captación y compra de votos en vez de haberlos dedicado a la capacitación efectiva de la mujer, a potenciar la mediación y arbitrar mecanismos de mejora de la convivencia en el conjunto de la sociedad, es intolerable la brecha que han abierto entre ambos sexos, cuando hombres y mujeres estamos llamados a una común unión, es intolerable que por ocupar un puesto relevante en política, a cambio se consienta un descosido social creciente que acarrea un derramamiento de sangre de hombres que se suicidan por la presión de las políticas de género (al menos tres cada día), hijos que quedan huérfanos, mujeres víctimas de políticas extremas que perturban a sus ciudadanos al no dejarles escape y enfrentan a ambos sexos, en vez de instaurar la mediación, potenciar juicios justos y emplear leyes neutrales. Con leyes trampeadas, con leyes según sexo, la sociedad pierde el rumbo y entra en una deriva de malestares físicos y psíquicos. Si esto, como sucede aquí, es una política de Estado, entonces estamos ante crímenes de lesa humanidad y los responsables políticos deben ser juzgado en La Haya, porque se trata de su Obra.      

Nunca determinados políticos tan indecentes e incompetentes, tan  inmorales como fanáticos, ciegos por mantenerse en el poder, fueron tan lesivos a sus administrados, jamás la corrupción de Estado puso su miras en amañar la jurisprudencia para favorecer a un colectivo social (ellas) a costa de otro (ellos), nunca la infancia se vio tan descuidada y desasistida en sus derechos, jamás el dinero se empleó con fines tan tóxicos a la democracia y a la mejora de la convivencia en el conjunto de los pueblos y ciudades de España.

Ojala, Dios y su Corte Celestial lo hagan, como también colabore el Caudillo, la noche del recuento electoral, al amor de unas cervezas Cruzcampo, miles de españoles por fin podamos decir eso de:  ¡Adiós, simple Pedro, adiós, bonita Calvo!

       

José R. Barrios