Desconcertantes noticias advertimos de las consecuencias económicas y de todo tipo que giran en torno a la Ley de la Memoria Histórica.

Mezcla de ausencia de control o de rigor, falta de transparencia e investigaciones policiales y judiciales en torno a los abusos que se están generando.

Es como si la sombra del fraude de los E.R.E. y de los cursos de formación se proyectara sobre la Memoria Histórica, porque la corrupción sistémica de nuestra Nación está mutando y buscando nuevos espacios de impunidad, precisamente en las áreas más sensibles de la Sociedad, como fueron en el pasado el desempleo y las medidas para repararlo y ahora, tras desvelarse estas últimas a la opinión pública, las terribles consecuencias de una guerra civil, trascurridos más de ochenta años de que tuviera lugar.

 

Áreas donde se mezclan muchos elementos en un cóctel explosivo pues se combinan la propaganda, el electoralismo, el miedo al pasado y al futuro, el ocultamiento y el dinero público, en el marco de un proceso de ingeniería social que apela a los sentimientos enfrentados y a las disputas históricas.

Los ideólogos de la corrupción son conscientes de la lentitud del Estado Español en la aplicación eficiente de medidas en contra de ella, que en el caso de los E.R.E. y los cursos de formación alcanza ya la friolera de entorno a 30 años, con lo que el campo abierto a la Memoria Histórica tiene ante sí unas expectativas de fraude y de corrupción muy halagüeñas.

 

Que nadie se engañe; los muñidores de estas medidas “memorialísticas” no buscan una solución definitiva a los desmanes que se causaron en la Guerra Civil sino que lo que pretenden es una explotación económica y electoralista de esas consecuencias, como tampoco buscaron en su momento una solución al problema del paro con los E.R.E. y los cursos de formación, sino una forma de abrevar en las cuentas públicas y de cronificar una problema como es el desempleo, para vivir eternamente en las aportaciones de soluciones que luego no son tales.

 

Hace unas semanas la Dirección General de La Memoria Histórica dejó escrito negro sobre blanco que no investigará los crímenes realizados bajo el territorio dominado por el Frente Popular durante la Guerra Civil española, así como que no daría cuenta de sus gastos, contratos, proyectos y subvenciones a nadie, cerrando el paso a una visión ecuánime y proporcionada de los crímenes realizados en dicho periodo, así como a un proceso de transparencia en los fondos públicos que gestiona.

No obstante hace un mes, en concreto el 8 de julio, nos enteramos por la prensa (El Digital El Español) que dicha Dirección General había gastado la friolera de 50.000 euros en reformar el despacho de su Director General para crear un ambiente cálido, despacho que lleva muchos meses vacío ante la salida precipitada de su Director General, el socialista Fernando Martínez López, para instalarse en el Senado, coincidiendo con las gravísimas acusaciones contra él del político Rafael Hernando de haberse quedado con 80.000 euros de la memoria histórica “para dos estudios que se fabricó” en la Universidad de Almería donde ejerció de Catedrático, así como otros 137.000 euros que cayeron en otro chiringuito memorialístico próximo al PSOE.

 

Ya sabemos lo que ha supuesto el Comisionado para la Memoria Histórica que presidía la abogada socialista Francisca Sauquillo en el Ayuntamiento de Madrid, que por un lado presidía este Comisionado y por otro facturaba desde su despacho de abogados sustanciosas minutas al Ayuntamiento de Madrid cuando era presidido por su íntima amiga, “Manola” Carmena.

Un Comisionado y una Oficina de Memoria Histórica que donde sí triunfó fue en otorgar contratos memorialísticos a dedo y en repartir dietas suculentas entre sus miembros, mientras que fracasó por su sectarismo y desconocimiento en las pocas resistencias que le ofreció la sociedad civil madrileña en el tema del cambio de nombre de las calles, que no los políticos de Madrid, los cuales de forma unánime, por activa o por pasiva, avalaron sus decisiones.

Y es que ahora cualquier pueblo o comarca española tiene su propia Comisión de la Memoria Histórica, donde verdaderos ignorantes de la Historia pontifican y condenan como Tribunales populares a los que no comulgan con su ideología extrema, al más puro ejemplo de esos Tribunales de Colectivización anarquistas que llegaron al extremo de prohibir el uso de moneda en los territorios aragoneses bajo su control. Ahora todo el mundo sabe de Historia, la recrea, la resignifica o directamente se la inventa.

O qué decir de las subvenciones a la Memoria Histórica en el cine Español, que en año 2017 giraron en torno a 4.000.000 de euros, destacando el plagio de la película de Amenábar, “Mientras dure la Guerra”, que no sólo miente sino que además copia indebidamente, además de abrevar intensamente en las cuentas públicas.

O desde otros Ministerios, en concreto desde la Secretaría de Estado de España Global, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, que está dedicando ingentes recursos públicos para entre otros proyectos memorialísticos, traerse a España la “mesa” donde un día escribió Manuel Azaña durante su exilio, como si fuera aquello una reliquia fundamental de nuestro Pasado.

 

O qué decir de los fraudes masivos para el otorgamiento de la ciudadanía española a los hijos o descendientes de exiliados, que ha servido para crear otra industria del fraude en la obtención de nuestra ciudadanía, donde cientos de personas se han nacionalizado españoles utilizando la fraudulenta “vía memorialista”, llegando incluso al caso extremo y esperpéntico de un exiliado que falsamente había tenido veinte hijos con nueve mujeres distintas, al objeto de multiplicar esa obtención fraudulenta de nuestra ciudadanía.

Y no puedo dejar de mencionar el caso de Miguel Angel Gallardo, presidente de la Diputación de Badajoz, el cual es un alarde de arbitrariedad ha llegado al extremo de negar subvenciones sociales a los municipios como Guadiana del Caudillo o Badajoz que no cambiaban los nombres de sus calles o del propio municipio, decisión ilegal que ha sido tumbada por cuatro sentencias judiciales, pero que ahí sigue, sin ninguna intención de rectificar y aún más agresivo que antes.

O hace bien poco, las escandalosas subvenciones recibidas por ACICOM, presidida por un ex cargo socialista que en Valencia ha recibido 150.000 euros en ayudas públicas, muchas de ellos para el tema de la Memoria Histórica, asunto que ya está en manos de la Justicia.

Sin lugar a dudas, estamos ante la punta del iceberg sobre este asunto, porque España es hoy tierra de impunidades y demasías, de odios y de delitos, pero como no lo paremos, ya seremos capaces de señalar donde se está instalando ahora el delito y la corrupción.

Por nuestro solar patrio proliferan todo tipo de Concejalías, subvenciones, cursos, contratos, exhumaciones, documentales, películas, etc… sobre la Memoria Histórica, suculentamente regados de fondos públicos, como en el pasado lo hicieron con la formación a los desempleados y los programas de apoyo a estos colectivos, que desgraciadamente, como sabemos, fueron destinados a otros fines no tan loables.

 

Dicho lo cual he de manifestar, como no puede ser de otra manera, mi absoluto respeto y consideración hacia aquellas personas que sufrieron represión durante la Guerra y la Posguerra, y hacia sus familias y descendientes. Todas las familias españolas, en mayor o menor medida, sufrieron ese dolor con intensidad, todas sin excepción. Aquello es un drama que debe ser asumido, pero con visión de perdón y de búsqueda de la verdad.

Sólo hay un camino para superar las heridas de la Guerra Civil, que es una reconciliación sincera entre los bandos enfrentados y una visión común ante el Futuro de la Nación, porque de lo contrario es imposible avanzar.

Reconocer por igual a las víctimas de un lado y de otro, dejar la Historia a los historiadores e investigadores independientes y no subvencionados, apartar radicalmente a los políticos y a las personas odiosas e interesadas de este campo, para que sea la verdad y la noble tarea de su búsqueda la que vaya sembrando un camino de respeto, dignidad y de reconciliación entre todos los españoles.

De lo contrario, lo que tendremos será más odio y más corrupción.

La que ya estamos viviendo, y cada vez más intensamente.

 

Guillermo Rocafort

Historiador e Investigador