Honorio Feito Rodríguez nació en Merás (Valdés, Asturias). Es licenciado en Ciencias de la Información, rama Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en Arriba y El Alcázar, y ha colaborado con diversas publicaciones. Columnista habitual, mantiene actualmente colaboraciones con la revista Altar Mayor, y los digitales El Correo de Madrid y Desde la Puerta del Sol. Es autor de los librosEvaristo San Miguel, la moderación de un exaltado, Fernández-Capalleja, un soldado de Regulares y coautor de El Madrid militar y de un Diccionario de Historia de España, y ha colaborado con el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia, con más de cincuenta artículos.

 

En esta entrevista analiza la sectaria ley de memoria histórica y la manipulación de la propaganda, de lo que coloquialmente podemos llamar izquierda, en todos estos años. También analiza los nefastos gobiernos socialistas, la cobardía del PP y el auge de Vox que ve con cierta esperanza.

 

Siempre se ha dicho que la Historia la escriben los vencedores, pero en España parece que la han escrito los perdedores de la Guerra Civil...

 

Si la Historia la hubieran escrito los vencedores, otro gallo habría cantado. Los perdedores aceptaron la derrota y se fueron al exilio; la mayoría con dignidad. La campaña desatada recientemente por los que se creen representantes de la izquierda tiene un objetivo muy claro y es el de continuar la labor comenzada durante la Segunda República, o sea, desnudar a España de sus valores tradicionales, atacando, sistemáticamente los estamentos que han colaborado, durante siglos, a armar nuestra arquitectura como Nación, basada en los principios cristianos.

 

Este objetivo fue interrumpido por el Alzamiento Nacional del 18 de julio y el periodo que siguió al final de la Guerra Civil, con el Generalísimo en la Jefatura del Estado. Por cierto, la época de mayor esplendor social y económico que han vivido los españoles en los últimos siglos. Muchos españoles aún están esperando a que un representante del PSOE convoque un pleno en Las Cortes para explicar qué fue de los tesoros del Banco de España y de la Caja de Reparaciones. Y digo un pleno en Las Cortes porque el decreto firmado por Azaña, que otorgaba al socialista ministro de Hacienda, Juan Negrín, plenos poderes para disponer de estos tesoros, decía que el gobierno informaría a las Cortes.

 

Han manejado la propaganda a la perfección dando la vuelta a la tortilla por completo.

 

Siempre se ha admitido que la izquierda maneja mejor la propaganda que la derecha porque saben llegar mejor. Son especialistas en estigmatizar términos y definiciones y a la gente, en general, les resulta relativamente fácil asimilar esos términos con las conductas más identificadas con lo malo. Aquí se ha llegado a llamar fascistas a los etarras, incluso, que es como llamar amarillos a los africanos…pero da igual, la gente entiende el término y su significado y con eso basta. Y sobre lo de dar la vuelta a la tortilla ¡qué quiere que le diga!, ahora se habla de corrupción pero nadie explica lo del Vita, cuyo importe supera con creces muchos de los asuntos turbios de los que se habla, aunque yo soy de la opinión que el que mete la mano en la caja tiene que pagar sí o sí.

 

El secreto del éxito es revestir de democracia pacífica a una extrema izquierda sangrienta...

 

Los que dicen representar a la izquierda actual, cuando el mundo occidental ha superado ya ampliamente los conceptos clásicos de derechas e izquierdas, necesitan irrumpir en el teatro de la política sacando pecho, haciendo uso de fanfarronadas, desacreditando a cuantos no estén alienados en sus filas… «lo políticamente correcto» -permítame entrecomillar- es una mordaza, una especie de colleja, para que no te salgas del guión que ellos mismos han establecido. Y, bajo esa apariencia de gente actual, pseudointelectual, liberal y dialogante, ejercen una tremenda presión con la intención de cortar iniciativas para asegurarse un comportamiento uniforme.

 

Y demonizar el bando nacional...

 

¡Claro!, necesitan crear la figura del personaje a batir, del que no cumple nada de lo programado, del que desafía sus dogmas, del que piensa y dice lo contrario. Los del bando nacional son los enemigos a batir porque son los culpables de todo, no son manejables y no tienen un comportamiento uniforme…además ganaron la guerra, lo que resulta imperdonable porque interrumpió, durante cuarenta años, el desarrollo de un objetivo político que era estalinizar a la sociedad española.

 

Sin embargo, está más que demostrada la legitimidad del Alzamiento.

 

Hay una escena, en la novela de Robert Graves Yo Claudio, que representa al emperador romano, protegido por su guardia pretoriana, en el Senado. Algunos senadores se quejaban de él, de su manera de hacer política, de su forma de mandar… Claudio se dirigió a ellos para decirles que sabía que no era muy querido por los senadores, pero que las quejas que pudieran tener de él, se las dieran a los pretorianos. Nadie protestó. Los hechos de armas han venido ocurriendo en el mundo desde que el hombre comenzó a caminar erguido sobre sus propias piernas. Pero no por ello todos son, o deben ser admitidos.

 

Se tiene la tendencia de valorar como un todo a la República. Es otro de los inventos de la izquierda: la República buena, democrática, justiciera, ecuánime, complaciente, objetiva… La Segunda República fue un periodo decepcionante, que dejó un balance de miedo y terror. Gil Robles, en su intervención en las Cortes, durante la sesión del 16 de junio de 1936, denunció el estado subversivo en que vivía España en aquel tiempo y dio cuenta de las 160 iglesias destruidas totalmente, otros 51 asaltos a templos; 69 asesinados y casi 1300 heridos en diversos atentados; 113 huelgas generales; 228 huelgas parciales; 10 empresas totalmente destruidas; 146 bombas y otras 78 que no llegaron a explotar… estos datos, referidos solamente al periodo comprendido entre el 16 de febrero y el 15 de junio de 1936, o sea, cuatro meses.

 

Hoy se admite que la abdicación de Alfonso XIII no causó una gran controversia en la sociedad española de 1931, salvo entre los monárquicos más representativos, claro. Sin embargo, el problema fue que el comportamiento de muchos de los dirigentes de aquella República fue un desastre. Y otros, al amparo de la inacción de las autoridades y del sistema, encontraron el camino para sus fechorías, dejando a más de media España a merced de malhechores y asesinos, que actuaron en muchos casos persiguiendo fines políticos, y en otros buscando venganzas, fechorías y maldades delictivas. Hay testimonios que así lo reflejan, sólo hay que ver los documentos oficiales para comprobarlo.

 

Discutir la legitimidad del Alzamiento, que dio paso a un periodo próspero de nuestra Historia contemporánea, es otro recurso de los que quisieran pintar las cosas del color que no tienen, y tratan de crear confusión en la gente de buena fe. La legitimidad del Alzamiento Nacional la corroboraron los más de doscientos sesenta mil presos de la guerra, que dejaron, primero en el campo de batalla, y más tarde en las celdas, sus principio ideológicos y se sumaron a la gran tarea de levantar a España de sus cenizas; legitimaron el Alzamiento los miles y miles de españoles que, transcurridos unos años en el exilio penoso, lejos de sus familias y de su Patria, regresaron acogiéndose al Decreto de Indulto, de octubre de 1945, para sumarse a los españoles que confiaron en Franco, y colaboraron a alcanzar la octava posición en la tabla de países más industrializados del mundo. La legitimidad del Alzamiento la otorgaron las potencias extranjeras, el concierto de naciones que no pertenecían al Pacto de Varsovia, cuando tras años de dudas en sus posiciones, comprobaron que la lucha de Franco había sido no contra la democracia, sino todo lo contrario, contra el comunismo… algo que aún no le han perdonado… los comunistas, claro.

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Tras muchos años de ciega condena del franquismo pareciera que ahora hay una ligera reacción de gente que abre los ojos.

 

La campaña a la que aludía al comienzo parece que, efectivamente, tiene un efecto boomerang… Goebbels decía que una mentira, mil veces repetida, se terminaba convirtiendo en verdad. Hoy, viendo a algunos partidos de izquierda, y a los personajes que los representan, parece que se han estudiado a conciencia las teorías del político alemán… ¡cualquiera lo diría! Pero sí, la desfachatez de ese lunático, Rodríguez Zapatero (Que Dios mantenga alejado de nosotros por los siglos de los siglos), y ahora la de Sánchez, el autor de tesis doctorales y libros apócrifos, ha despertado las conciencias. Y nos hemos puesto a trabajar, a hurgar en los papeles y en los archivos, para sacar adelante la verdad y desnudar los argumentos de esta tropa…

 

Pero es triste porque yo mantuve en su día una premisa que consistía en cerrar la Edad Contemporánea, que para los españoles comienza con la Guerra de la Independencia, a diferencia del resto del mundo, que toma el inicio en la Revolución Francesa. Y pensaba que debería cerrarse esta etapa histórica con la aparición del ordenador, con internet y lo que en su día llamaron las autopistas de la información, que coincidiría con el final del franquismo. El ordenador e internet son referencias suficientemente valorables para considerar que dejamos una etapa histórica y comenzamos otra, más relacionada con la tecnología, como han valorado también los expertos. Pero no, aquí todavía quedaba gente capaz de sembrar odio y discordia. Y se gasta el dinero público no en remediar situaciones delicadas para muchos seres humanos, sino en dádivas que atienden exigencias de minorías sin ningún criterio lógico, con absoluta ausencia del sentido común, que suele ser, en estos tiempos, el menos común de los sentidos. Se ha inoculado una dosis de tontería en muchos españoles y vemos aspiraciones que tienen más que ver con lo cómico que con lo real.

 

Sin embargo la reacción es tímida e insuficiente.

 

Es cuestión de medios. Ellos controlan el dinero, las subvenciones, los recursos de comunicación, los centros universitarios y culturales… pero hay mucha gente investigando y no son pocos los estudios que han aparecido, desde hace unos años, que contrarrestan eficazmente su propaganda.

 

Al menos están saliendo varios libros desmontando las mentiras de la ley de memoria histórica...

 

Yo mismo voy a publicar próximamente un trabajo sobre el juez que condenó a José Antonio Primo de Rivera, que tras vivir en el exilio regresó a España en 1959 y vivió diez años, hasta su fallecimiento, sin que nadie se metiera con él, sin que nadie le molestara ni le increpara en absoluto. Esta es la demostración de que lo que ellos dicen no es verdad.

 

Pareciera que la ventana de overton se está abriendo hacia la derecha (por entendernos).

 

Por entendernos. Lamentablemente, la derecha sólo es una alusión geográfica. El comportamiento de lo que los españoles entienden que es la derecha ha llegado a situaciones lastimosas. Se han visto prisioneros de la historia y hasta se han dejado convencer, sin ningún análisis por su parte, del mensaje de sus oponentes políticos. Desde que comenzó la democracia, en 1977 con las primeras elecciones en junio de aquel año, no he visto a ningún político de ese espectro que llamamos «la derecha», salir ante los españoles y decirles a la cara soy de derechas, mi programa político y social es tan válido y mejor, incluso, que el de los socialistas y aquí estoy dispuesto a defenderlo…No. Ellos hacen fintas, gambetean, como dicen los argentinos, esquivan. Si alguien se toma la molestia de leer mis artículos comprobará que yo ya criticaba a Rajoy incluso antes de llegar a La Moncloa, cuando estaba en la oposición, porque su política carecía de la personalidad que se espera de un líder. Las circunstancias jugaron a su favor. Su oposición fue tediosa, una manera de dejar pasar el tiempo y el tiempo trajo una crisis económica, que se venía anunciando a voces, y muchos españoles, que nunca habían votado al Partido Popular, lo hicieron hartos de las políticas de Rodríguez Zapatero (que Dios mantenga alejado de nosotros por los siglos de los siglos) y le votaron esa mini cohorte de empresarios que iban con él a todas partes. Así llegó Rajoy a la Presidencia, para continuar lo de su predecesor: ley de Memoria Histórica, la del aborto, la subida de impuestos, la reforma laboral con el abaratamiento de los despidos…

 

Por cierto, creo ser el único periodista que en una rueda de prensa le peguntó si pensaba derogar la ley de Memoria Histórica, contestándome que su gobierno no había dado un solo euro para su aplicación, como si esto fuera la solución, cuando las subvenciones partían de otros estamentos del Estado que el Gobierno no controlaba; de la cuestión catalana mejor no hablar, porque la política de levantar el brazo para amagar suele acabar con un ojo morado, el tuyo, como se ha visto después… Rajoy buscaba consensuar hasta la hora de fumarse un habano, cuando el consenso debía haberlo buscado en la sociedad española, en sus votantes, que le habrían seguido y arropado en sus decisiones… pero decidió irse a la francesa. Por cierto, desde que se fue, aquella tarde loca, dicen que de copas, en un bar en las cercanías del Congreso, la izquierda no ha vuelto a meterse con él por el tema Gurtel. Resulta patético que algunas viñetas, en periódicos de cierto prestigio nacional e internacional, sacaran a Rajoy, Presidente del Gobierno de España, en una tumbona fumando un habano y leyendo un periódico deportivo. Yo también escribí sobre eso y dije que alguien, bien de Moncloa, bien de Génova, debería salir al paso del chiste porque no es bueno que la imagen que se da de un Presidente del Gobierno de España sea la de un vago. Y, sinceramente, no creo que lo fuera. Creo que se equivocó de carrera y de destino, que es diferente.

 

Con la exhumación queriendo denigrar a Franco les ha salido el tiro por culata.

 

Yo escribí hace mucho tiempo que el español que más ha hecho por la democracia en España fue el Generalísimo. Primero porque él ya sabía lo que iba a pasar, y así lo refrendó en su momento el ex secretario de Estado norteamericano Vernon Walters, en un artículo publicado en un prestigioso diario madrileño, en los años setenta, cuando relató los pormenores de una entrevista entre el Caudillo y el propio Walters, por encargo del entonces presidente Richard Nixon. Franco tranquilizó a Nixon sobre el futuro en España después de Franco, diciendo que España permanecería tranquila porque él ya había dispuesto las medidas para garantizar la llegada de la democracia, de esa democracia que les gusta a ustedes, le espetó, y a los franceses y a los ingleses… y, alarmado por la respuesta, Vernon Walters le preguntó al Caudillo si la garantía para ese cambio era el ejército, a lo que Franco contestó que la garantía era la clase media que él había creado durante su mandato.

 

En segundo lugar, las alusiones de los neocomunistas, y la fobia desatada contra la figura de Franco, el odio y el rencor, han hecho posible que, como recurso, la democracia se valiera de esta figura histórica, sin justificación alguna.

 

La última afrenta viene del autor de tesis apócrifas, un personaje al que echaron sus propios compañeros hace un par de años, a sabiendas del peligro que encierra al pactar con los enemigos de España con el afán de ocupar el palacio de la Moncloa. Sacando pecho, haciendo uso de una vehemencia ridícula, impropia de quien tiene sobre su cabeza la responsabilidad del Estado, en una maniobra propia de un gañán del medio rural, anunció a bombo y platillo sin considerar los límites, la exhumación desconsiderando la opinión de la familia, el respeto de los familiares de los miles de españoles cuyos restos descansan en aquel lugar y el de la sociedad española, en general, que seguramente agradecería un esfuerzo del ejecutivo, y de su jefe, por aliviar las cargas fiscales, una continuidad y dignidad de los contratos laborales, y un gesto a favor de la reconciliación que, a diferencia de él y de sus socios, tuvieron muchos de sus antepasados de militancia, los que defendieron noblemente un ideal con su propia vida, aunque les tocara perder la confrontación.

 

Si vuelve a gobernar una coalición conservadora, ¿ve factible que se derogue la ley de memoria histórica?

 

Podría ser, pero el problema es que mientras siga vigente irá creando un poso de venganza, de histeria, que dificultará el entendimiento entre quienes quieren cerrar antiguas heridas y los que, por el contrario, buscan mantener el rencor y la represalia, porque muchas generaciones crecerán bajo la docencia de los que hoy impulsan ese odio, esa venganza, mientras los que consideramos conservadores, miran para otro lado para evitar poner las cosas en su sitio.

 

Algo que no se atrevió a hacer el PP con mayoría absoluta.

 

Efectivamente, como he dicho anteriormente, lo del Partido Popular es lamentable y las declaraciones de algunos de sus líderes suponen una afrenta para cuantos españoles de buena voluntad depositan sus votos para esta formación.

 

Quizá ahora, presionado por Vox sería más factible.

 

Vox es una bocanada de aire fresco, necesario, renovador. Veremos si es capaz de mantenerse alejado de la ambición de los trepas, que asoman siempre que ven posibilidades de beneficiarse, a veces, sacrificando a otros que han hecho más méritos. Pero veremos también si son capaces de mantener sus principios, su autonomía, con independencia de los pactos ocasionales. La estructura del partido es lo que, a mi modo de ver, está en peligro porque se convertirá, si no se ha convertido ya, en el centro de las iras de los que sienten su presencia como una amenaza a sus privilegios.