No me pilló de sorpresa ni desprevenido aquel artículo de El Español titulado Por qué los votantes de Podemos se pasan a VOX, ya que, antes de posar mis preciosos ojos azules sobre dicha publicación, había conocido cuatro casos de personas que optaron por tan chocante trasvase.

Si a este cuarteto de originales, le añadimos otro caso que me ha narrado uno de mis mejores amigos, suman cinco de los que puedo hablar con conocimiento de causa y noble causa.

El primero al que voy a conceder el honor de mencionar en esta lista de expodemitas redimidos y voxeadores conversos es al parroquiano de un bar castizo que frecuento, con franca asiduidad, a la hora del aperitivo dominical. Recuerdo esa tórrida y abrasadora mañana del otoño naciente en la que con una jarra de Mahou en una mano, con un torrezno en la otra y con la mirada furtiva clavada sobre un plato de patatas bravas, escuché a un hombre barbado y viril sentenciar, con la voz estropajosa, que estaba arrepentido de haber votado a Podemos y que tenía la fe resuelta de donar su papeleta a VOX. La curiosidad me atrapó, me incitó a poner la oreja y a esbozar una sonrisa cómplice. Las palabras de aquella persona rezumaban hartazgo, hastío y desencanto con el establishment, con la clase política dirigente, amén de que veía a Santiago Abascal como el único ariete de resistencia frente al separatismo catalán, cada vez más frenético, impetuoso, osado y bullicioso. El cansancio con las fuerzas políticas parlamentarias y la falta de valentía de las mismas para aplacar el nacionalismo nortelevantino fueron los bastiones de su cambio de chaqueta; bueno, más bien, de ponerse una y quitarse la camiseta con lamparones morados.  

El segundo de los voxeadores que ha huido del libro rojo para ingresar en esta lista azul es un taxista adolescente, es decir, de poco más de treinta años, como yo (no perdamos la ilusión de restarnos el lustro o la decena). No acostumbro a sacar la política en mis periplos pagados a punta de taxímetro, pero reconozco que me encanta allanar el terreno, con astucia y verborrea, para encontrar afinidades con los conductores y aprovechar la primera de cambio para lanzarme al ruedo con arrojo torero y bravura taurina. Pues bien, logré pinchar a mi interlocutor para que confesase su credo político y a la sazón, admitió haber pasado de ilusionarse con Podemos a pretender votar VOX, básicamente, por la agitación del separatismo catalán, por la proximidad de la izquierda a la Venezuela de Maduro y por los violentos asaltos a las fronteras del sur de España.

El tercero de los neovoxeadores se trata nada más y nada menos que de un viejo conocido de la noche madrileña, un canalla que supera los cuarenta y que aún no se ha retirado, que te encuentras a horas intempestivas en todos los lados, hasta el punto de que no sabes si te está espiando, custodiando las espaldas o si te quiere mangar la copa. Esta vieja gloria de alma noventera, anclada en la ruta del bakalao, es uno de esos rebeldes compulsivos, que eligió Podemos por ser lo más guay y transgresor, y que, ahora, ve en VOX la nota disonante, la opción rompedora, “destroyer” y alternativa. Este hombre es una mezcla entre Ramoncín y Borjamari, y le veo perfectamente capaz de decirte que le mola más la crin del caballo de Santiago Abascal que la coleta de Pablo Iglesias.

El cuarto de estos entrañables e hilarantes expodemitas es uno de esos fans que consigue elevarme el ego cada vez que me topo con él, uno de esos lectores fieles que aplaude mi divertido trabajo y que me ríe todos los exabruptos patriocómicos o cómico-patriotas que cometo por culpa de mi máquina de escribir. Se trata de uno de esos falangistas más falangistas que José Antonio, de un camisa vieja orgullosamente izquierdoso en economía y conservador en todo lo demás. Sus altos ideales de justicia social y su convencimiento por una férrea intervención estatal, unido a la renuncia del PP a la defensa de la vida desde el momento de la concepción y a su aproximamiento a la ideología de género, le condujo a ver una perversión moral absoluta en la derecha parlamentaria y un destello de solidaridad económica en Podemos. Tras el reciente auge de VOX, ha visto un halo de esperanza para el resurgimiento de los valores tradicionales de Occidente y percibe que este partido, a sensu contrario de los populares y naranjitos, está dispuesto a atender a las exigencias de la gente humilde y no a enrocarse en un derechismo burgués y despreocupado.  

El quinto de los casos no lo presencié yo, sino uno de mis amigos más leales. No se trata de un exvotante de Podemos, pero sí de uno del PSOE. Lo que a este chico le fascina de VOX es haber llevado a los tribunales a varios gerifaltes del separatismo catalán y que se oponga con contundencia a este feminismo enfermizo y obsesivo, de cual dice estar, ad pedem litterae, “hasta los huevos”.   

FUENTE. https://eldebate.es/politica-de-estado/testimonio-de-cinco-exvotantes-de-podemos-que-van-a-votar-vox-20181116