Desde hace unos años, vengo militando políticamente en las filas del nacional sindicalismo. Me considero una persona nada sectaria, en el sentido de que tengo la mente abierta a poder hablar con personas de ideas contrarias a las mías. Buscando siempre un punto en común para poder así tener un tema de conversación y ¿quién sabe? Lucha en común.

Esto suele pasar más a menudo en pueblos pequeños, en el mío en concreto. Donde llevo viviendo bastantes años. He conocido a gente de izquierdas y de derechas. Unos se han querido esconder y han intentando boicotear cualquier acto público que yo haya tenido intención de hacer, pero podemos decir que eso fue casi una cosa aislada. Por lo general no tengo problemas con nadie.

Quiero, después de todo esto que estoy comentando y así no perder el hilo de lo que quiero llegar a decir. Es que de toda la gente que conozco, en este caso de la izquierda. Son personas que han llevado, lejos de su activismo político, una vida anónima y normal. Gente trabajadora que paga las facturas de su casa. Gente que en años anteriores han estado incluso en prisión por salir a protestar a la calle. Y ahí es cuando viene mi golpe en la mesa. Gente militante que se ha partido la cara mientras sus líderes han estado viviendo un exilio dorado, dorado con sus casa y rodeados de familia y amigos.

Volvemos a las mismas con el asunto ahora mismo de Cataluña y el nacionalismo. Tenemos a una parte de la población que a raíz de décadas y décadas de dejadez absoluta, oportunismo y mediocridad por parte de los partidos de turno que han pasado por Moncloa, una sociedad absorbida por el veneno nacionalista, mientras sus líderes andan unos en su exilio dorado y otros como Quim Torra con el miedo en el cuerpo mientras siguen azuzando al personal.

La poca vergüenza de los líderes ya sean de una tendencia o de otra, que se dedican a calentar el ambiente desde el sillón, sin salir a dar el callo. Merecen todo el desprecio del mundo. En cuanto al militante anónimo. Como decía más o menos, Manuel Hedilla. No hay que ir contra el que haya votado a las izquierdas tiene una idea que piensa que puede ser mejor. En nosotros está el hacerle ver que se equivoca. Mis respetos para aquellos que sufrieron cárcel por defender lo que creían justo y mi desprecio para esos “líderes” que han llevado décadas y décadas escondidos para luego ponerse las medallas de mártires. Hay líderes, líderes de barro y miserables. Que no se nos olvide.