En el artículo firmado por Demóstenes sobre "violencia de género para dummies", el autor, aunque expone correctamente el intento del postmodernismo marxista o marxismo "cultural" por "deconstruir" la verdad con todo tipo de mentiras y manipulaciones interesadas, buscando el apoyo de la "mujer" como "oprimido" por el macho "opresor" (típica estrategia diabólica o marxista), incurre en un análisis freudiano, darwinista y marxista-materialista de nulo fundamento científico y extremadamente opuesto a la Verdad revelada en la Biblia.
 
El hombre y la mujer no son animales. Son, como éstos, critaturas de Dios, pero la jerarquía de la Creación los sitúa justamente por encima de ellos y por debajo del propio Dios, hasta el punto de estar hechos a imagen y semejanza de éste. Y, en virtud de ello, gozan del libre albedrío y de alma inmortal de los que carecen todos los animales, movidos éstos últimos por instintos como los que cita Demóstenes (seguridad, sustento y supervivencia). Negar esto es negar la Verdad, además de ser extremadamente peligroso por sus incalculables consecuencias. Dicho esto, es absurdo presuponer que Adán y Eva son fruto de la evolución a infinitamente peor de su Dios Creador. O dicho de otro modo. Si la evolución va a peor, la humanidad simplemente no existiría desde hace cientos de miles de años. Se pongan los darwinistas como se pongan.
 
La evolución es una explicación biológica que tal vez pueda aplicarse a animales, pero no al hombre si somos fieles a la Verdad bíblica. En todo caso, quedaría pendiente de dilucidar qué quiso decirse en la Biblia cuando se expresa en términos de la estirpe de Eva y la de la serpiente, y la diferencia que el Nuevo Testamento establece Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero, entre el trigo y la cizaña. Por cierto, no se qué violencia ejerció Nuestro Señor, incluso contra los que a él le llevaron a la cruz, ni Su Santísima Madre, la Bienaventurada y Siempre Virgen María, ni San José, ni San Juan Bautista ni muchísimos santos y santas a lo largo de toda la historia. No obstante, muchos católicos sí recurrieron a la violencia, pero siempre en defensa de la vida y la fe en cruzadas, salvo falsos "católicos".
 
Demóstenes sostiene, con argumentos biológicos, en su artículo que "la lucha por la vida es la realidad". Y que "la lucha no puede darse sin violencia". Que ante los recursos escasos se compite, se engaña y se depreda. Que la violencia y el engaño son necesarios. Pues bien. La Vida es un don de Dios que Él nos regala para el cumplimiento de Su Santísima Voluntad. No se lucha por la vida porque nos viene dada como regalo. Dios nos da la Vida y nuestros padres el cuerpo. No obstante, dado que incurrimos una y otra vez en ese gravísimo pecado de vanidad, ese pecado que nos condenó a la muerte por querer suplantar nada más y nada menos que al mismo Dios, nuestro Creador, nos hemos visto obligados a ganar el pan con el sudor de nuestras frentes en un suelo maldito que, aún alimentándonos a todos generación tras generación y por la Infinita Misericordia de Dios, nos da espinas y abrojos. ¿Y qué quiere decir todo esto?. Que la escasez que puede hacer difícil nuestra supervivencia es consecuencia directa de nuestra maldad, de nuestros pecados.No obstante, rebajar al hombre a la categoría de depredador es aceptar plenamente el marxista, exclusivamente materialista, perverso y mayoritariamente falso paradigma de la explotación del hombre por el hombre. Falso porque jamás ha podido definirse y calificar con precisión qué es y qué no es explotación en lo relacionado a la "apropiación" de rentas, tanto del trabajo, como del capital, como de la tierra o de cualquier otro recurso (tecnología, conocimiento, etc.). La inmensa mayoría de las personas se han sentido alguna vez "explotadas", pero la objetividad de tales sentimientos es harto dudosa. Pero lo peor es que tal concepto de hombre como depredador (más bien definiría a los animales, que no colaboran unos con otros por el bien de ambos, al menos conscientemente) implica que la relación dentro de los grupos o poblaciones de personas es una especie de macro-juego de suma cero, es decir, lo que ganamos nosotros es lo que pierden otros y viceversa. Eso es la depredación, te mato para comer yo, me matan para comer otros. Si esto fuera así, la humanidad no habría podido existir jamás más allá de los propios Adán y Eva. Es completamente imposible la supervivencia del ser humano sin donación mutua, dentro de la familia, del matrimonio, dentro de los miembros de la Santa Iglesia, dentro de un Ejército, vecindario, etc. No es posible la existencia sin Amor y el Amor es donación, renuncia al bien de uno por el de los demás, esposa, hijos, padres, hermanos, amigos, compatriotas, etc. No reconocer esto es sencillamente mortal, no solo para el ateo, sino para toda la humanidad. Ojo, para toda la humanidad. Y no hay paliativos que valgan ni "ciencia" que lo tumbe, ni la habrá. Y en cuestiones estrictamente materiales, no hay supervivencia que valga sin un acuerdo, bueno o malo, estable o inestable, potenciado o socavado,... pero acuerdo. Es la falta de acuerdo o su fracaso lo que socava la convivencia y produce la lucha con o sin violencia, con o sin persuasión, con o sin intimidación. Pero si la lucha es la realidad del día a día y ésta no se puede dar sin violencia, la Vida sería inviable desde un primer momento. Y con absoluta seguridad podemos afirmar que una conducta atea, con un alejamiento voluntario del hombre con respecto a Dios, conduce a la lucha violenta y exterminadora de modo completamente inevitable como la historia ha demostrado, para nuestra desgraciada experiencia, especialmente durante los dos últimos siglos y medio. El mundo sobrevive gracias al Amor y no gracias a la lucha exterminadora entre tesis y antítesis, mito falso de la más satánica y perversa ideología, la marxista, que para nada es necesaria y sí provocada malvadamente. Por otra parte, la historia de la humanidad ha probado claramente que la escasez no es un problema insalvable. Hoy viven, mejor, peor o mucho peor, 7500 millones de personas en el mundo, aproximadamente más de 4 veces la población mundial de hace un siglo. Esta contundente y aplastante evidencia destroza cualquier pretensión de explicar la vida en términos de depredación o juego de suma cero. Hoy se producen en el mundo más bienes y servicios, más o menos necesarios o superfluos, que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Esto no concuerda con la mentira tan repetida y que tanto se repetirá hasta el Día del Juicio Final: que el bien de un hombre es la miseria de otro. En resumen, aunque la depredación en el mundo animal, la violencia y el engaño existan, el mundo debe obedecer más a la Santísima Voluntad de Dios, a su Amor incondicional por sus critaturas, que a esas fuerzas autodestructivas. Y, por supuesto, el engaño no es necesario en modo alguno para prosperar. Es perfectamente prescindible e incluso muy poco productivo a largo plazo. Y competir no implica depredar ni necesariamente engañar. Es más, engañar excluye al estafador de la competencia tarde o temprano. Competir es consecuencia natural de la división del trabajo, propia de sociedades surgidas desde hace 8000 años con el desarrollo de la actividad económica más importante de cuantas ha habido, la agricultura. Y la falta de competencia suele ser muy perjudicial para todo el conjunto de la población o de su gran mayoría. Y es malvado y marxista equiparar lucha con competencia, no digamos con lucha violenta. Más bien parece, la competencia, el aprovechar los dones que Dios nos ha dado. Otra cosa es que le dejen a uno hacerlo, pues algunos "no entran ni dejan entrar a los demás". Y eso es precisamente lo que motiva la violencia necesaria, la defensiva, la que lucha contra la tiranía que viola la Regla de Oro. Y para evitar la violencia, o existe respeto generalizado a dicha Regla de Oro, o existe la disuasión, tarea encomendada a los ejércitos. Y esa disuasión evita la violencia, no por "funcionar" la persuasión, el adoctrinamiento, la violencia psicológica, la intimidación "legal" o ilegal, sino porque no hay un desequilibrio de fuerzas claro favorable al que quiera ejercerla. En definitiva, es necesaria la violencia únicamente si se vulnera la Regla de Oro, Voluntad de Dios para con nosotros y nuestro proceder para con los demás. 
 
Demóstenes también expone un argumento que más que referirse a la mujer, criatura también de Dios y también hecha a imagen y semejanza de Él, regalo de Dios al hombre, porque no es bueno que el hombre esté solo, parece referirse a la hembra animal, a la hembra freudiana. Primero porque atribuye un instinto de "selección sexual" a la "mujer" que implica su exclusión del pobre, el débil y el humilde. Pues bien. Si tal fuera la Verdad de la mujer, ya no existiría la humanidad desde centenares de miles de años atrás, pues la inmensa mayoría de hombres habidos hasta la fecha han sido pobres y humildes de solemnidad. Hemos sido, hombres y mujeres, en la mayor parte de nuestras vidas, compañeros en el sufrimiento. Además, si solo los ricos, reyes, emperadores, nobles y aristócratas, hubiesen contraído matrimonio, digamos que desde hace poco más de 2 siglos, cuando empezó a haber personas verdaderamente ricas, ya no existiríamos ninguno de nosotros (recuérdese la autodestrucción de las dinastías reales por endogamia). Y más teniendo en cuenta que a medida que la riqueza se ha ido generalizando, la tasa de natalidad ha ido cayendo. ¿De qué "prole" hablamos si los que hoy la generan en mayor número son los más pobres, los musulmanes, los africanos subsaharianos y los más pobres de Amércia y Asia?¿O todas esas personas son ricas y con muchos recursos?. Por otra parte, la fuerza es una característica efímera del ser. Incluso descartando el sesgo que la mortandad por accidentes introduce en la estructura poblacional por sexos, la mujer es considerablemente más "fuerte" que el hombre, tiene una esperanza de vida mayor. Y, por tanto, en términos "evolutivos" su fortaleza le permite adaptarse mejor. Incoherencia. Además, como la fuerza es efímera, como la juventud, si la mujer buscase al hombre fuerte, cuando dejase de serlo, buscaría a otro. La perdurabilidad de los matrimonios verdaderos hasta la muerte destroza totalmente tal argumento materialista de la fuerza. La selección darwiniana es propia de animales, como los mamíferos machos en busca de hembras en celo que luchan y se matan con otros machos por ellas, pero no de criaturas con alma a las que Dios une por su Santísima Voluntad y que buscan lo noble, la Verdad y no la "ciencia ficción" atea y, por tanto, falsa. Y la concepción exclusivamente sexual del "hombre" y la "mujer" que tantísimo daño ha hecho a la humanidad hasta la fecha, es tan falsa como su depravado precursor, S. Freud. Si tal fuera la condición degradadora del hombre para con la mujer, la autodestrucción de la humanidad está asegurada, porque las relaciones entre ambos se reducirían a la de la ramera con su degenerado cliente, a la de los adúlteros o a la de los promíscuos, todos ellos los que no aman a nadie, salvo a sí mismos. El hombre no busca prostituta, encuentra esposa. La mujer no busca rico, encuentra marido. No es consideración científica, en absoluto, degradar a hombre y mujer a la mera categoría de animales que se mueven por instintos, por consideraciones estrictamente materialistas de "bien" caro por el que se compite en un "mercado" con recursos, estatus o con "selección animal" y que es susceptible de apropiación o de socialización, según ideología liberal conservadora o marxista, o también de boicot (asesinato) para quien se comporta como un animal y no como una Criatura de Dios unido a la mujer por el Amor conyugal, regalo y Voluntad de Dios. De hecho, tales concepciones marxistas, materialistas, freudianas y darwinistas (fiel reflejo de la soberbia y egolatría ilimitada de sus creadores) son las que han traído y generalizado asesinatos de mujeres por individuos ateos, y, por tanto, incapaces de amar (quien no ama a Dios no ama a nadie, y Dios es Jesucristo Nuestro Señor, Aquél por el que se cuenta el tiempo en años) para los que ellas no son más que mercancía sexual o hembras en celo, nunca esposas a las que se ama, por las que se da todo y se es amado hasta el fin (porque no se concibe la vida sin la esposa amada y eso excluye totalmente cualquier violencia sobre ella, sino lo contrario, e implica darse totalmente, amar, lo que da lugar, de modo totalmente natural, a nuevas vidas en el seno matrimonial, a los hijos, y nunca a la muerte). Lamentable que a estas alturas de la historia esto no se comprenda o no se quiera comprender. HAY QUE SEPARAR EL TRIGO DE LA CIZAÑA, SEÑORES.
 
Hugo Rodríguez Pacios,
Embajador en el Infierno de degenerados.