El P. Jesús Calvo Pérez, párroco en Villamuñío (León), escribió un libro sobre la pena de muerte y lo envío al Gobierno de España y a la Conferencia Episcopal Española. No recibió respuesta de ninguno de los dos, probablemente porque les incomoda un sacerdote que habla claro, fiel a la doctrina de siempre.

En esta entrevista nos explica los aspectos esenciales de su libro, hablando del tema con mucha firmeza y convicción.

¿Por qué decidió escribir sobre la pena capital?

Lo escribí el año 1983, y lo registré, porque como toda revelación divina, es parte esencial de la justicia social y autodefensa del bien común y del particular, obligado e incuestionable si queremos la justicia objetiva y el progreso de la grey pública en todos los aspectos familiares, particulares, culturales y estatales. No es opinión personal, sino revelación divina: doctrina católica.

¿Es un tema de actualidad?

Lo es lo que toca a la justicia de todos los tiempos. La ley natural no puede cambiar las exigencias y derechos de la persona humana en toda la historia de la humanidad.

La Justicia es virtud cardinal, o sea, quicio fundamental donde se apoyan las demás virtudes. La pax solo puede ser obra y fruto de la justicia y no creación artificial de sí misma. “Opus Justitiae, pax”.

¿Qué ha enseñado la Iglesia desde siempre sobre esto?

Nada que no pueda enseñar contrario a la Verdad revelada. Otra cosa es que por cobardía, moda, contemporización con los sistemas políticos, etc., se calle frente a su ineludible deber de “poner la lámpara en lo alto para que alumbre a todos los de casa”.

No es cuestión de caducidad de su valor intemporal e incontestable. Lo que ha enseñado la Iglesia (antes del Vaticano II), ha sido la revelación divina y que cito en mi libro: Antiguo y Nuevo Testamento, además de Concilios dogmáticos: de Toledo, Letrán IV, en 1215, bajo el Pontificado de Inocencio III, más San Pío V y Pío XII. Todo ello, lógico.

¿Por qué es lícita la pena de muerte y un bien social?

La Ley de Dios es imprescindible para el correcto desarrollo de la sociedad, sin distinción de siglos ni de épocas, como dos y dos son cuatro en toda la eternidad. Lo verdadero es eternamente nuevo. Las consecuencias se cosechan según un orden ético y lógico.

 

La influencia irenista, tan presente hoy, hace creer que matar sea siempre malo, independientemente de las circunstancias.

Eso es por la auto deificación del hombre en su soberbia actual de creerse un Dios, sin necesidad de obedecer a leyes venidas de lo alto.

Un autoengaño que se paga caro, como los ángeles rebeldes lo pagaron, condenados al infierno creado para ellos. El irenismo es ateísmo y la paz a cualquier precio es naturalmente a costa de los inocentes e indefensos. Y esto atenta contra el orden divino y contra la justicia elemental del “uniquique sui” –a cada cual, lo suyo-.

¿Por qué se fue suprimiendo la pena capital en la mayoría de los países?

Se fue suprimiendo la pena capital como efecto del liberalismo, que predica la libertad sin Dios, y creyendo que solo es verdad lo que apetece a los sentidos o al egoísmo, ajeno a las exigencias de la Cruz de Cristo, esto es, del deber y el respeto a la Ley de Dios y a su sapientísimo orden intrínseco en el que el mundo ha de desarrollarse ajustado al fin trascendente y último, programado por el amor a Dios para nuestro bien, que no caprichoso.

Por tanto, la legítima defensa del inocente, es una exigencia y no un mal. El mal está en el que atropella los derechos naturales. Lo demás, es sentimentalismo irracional y manejismo enemigo de Leyes.

Amnistía Internacional, nido de masones, ha ido suprimiendo la pena capital, para destruir poco a poco todo lo venido del plan y orden divino igual que las permisividades y libertinajes contra la familia, la autoridad firme, la enseñanza religiosa…, etc. Todo ello es obra del Maligno, del ateísmo que está ahogando la moral pública y privada.

Algunos países, como Estados Unidos, la siguen manteniendo, con un gran sentido común y necesidad incontestable de esa pena capital. Les felicito.

¿Qué afirma actualmente la Iglesia Católica sobre la pena capital?

La actual jerarquía eclesiástica (no la Iglesia Católica), cobardemente oculta esa verdad revelada, al estar minada por la masonería, el liberalismo y el modernismo anticatólico. Se contradicen con sus populistas declaraciones y acaba en infidelidades que tanto están desconcertando a los fieles.

No puede cambiar lo incambiable. No dependemos de jerarcas cobardes, sino de lo irrefutable y ya declarado dogmáticamente desde hace siglos.

Distingamos entre personas y principios. Por ejemplo: en el Catecismo de la Iglesia Católica (del 92), San Juan Pablo II, en los núms. 2265 y 2266, reconoce el derecho a la legítima defensa, pero en el 2267, como buen modernista, usa la táctica del sí…, pero no, alegando que “según los medios modernos, los Estados usen otros métodos…”, sin decir cuales, claro, ni aportando ninguna fórmula mágica para hacer que desaparezcan los asesinos y terroristas.

Es una vela a Dios, y mañana otra al Diablo. Y esto no es ni Justicia ni Caridad para convertir a los descarrilados, vagos, mangantes y maleantes.

Cuando envié una copia de mi libro sobre la pena capital a la Conferencia Episcopal, así como al Gobierno, obtuve como toda respuesta, un simple acuse de recibo diplomático… Contestar, no es responder.

Para finalizar, ¿cómo ha vivido sus Bodas de Oro Sacerdotales 1969– 2019?

Lo he vivido con la alegría incalculable de verme y sentirme, gracias a Dios, en las verdades católicas luminosas e irrebatibles. La Verdad nos hace Libres, pero con la Libertad de los Hijos de Dios (Rom. 8). No hay cosa más bonita que la Verdad.

Las seguridades que nos da esta doctrina, que tiene respuesta para todo, es luz inextinguible. Dichosos quienes reciben y aceptan esta Fe que nos guía cada día y fortalece en cada caso, estés alegre o triste.

La razón está por encima del sentimiento. Prueba de ello es que llevo aquí 50 años en la primera Parroquia que me confío el señor Obispo.

Se nota que no soy de “los del cambio”…, pero por las cosas bien hechas (contra aquel primer lema votacional de los socialistas), si me permiten la cita. Espero seguir en este Santo Servicio a nuestros hermanos los hombres, mientras el Señor quiera. Nada sin Dios.

En resumen: “Quién no cumple con el deber de dejar vivir, pierde su derecho a vivir” (Pío XII). Y es que si no cortamos los cardos, estos acabarán devorando las flores del jardín y las aniquilarán.