Lo que les voy a contar es algo tan inverosímil que pensarán inevitablemente que pretendo darles una inocentada algo pasada de fecha pues lo típico y normal es que las noticias disparatadas con las que la prensa celebra el día de los Santos Inocentes se publiquen el mismo 28 de Diciembre. Sin embargo nada hay de inocentada en ello. Juzguen ustedes por sí mismos y si acaso lo consideran producto de un sueño, alucinación o burda mentira de mi retorcida mente, me descargo de toda responsabilidad por lo que pueda sucederles si no toman debida nota de lo que deben aprender de esta historia, pues cuando les toque a ustedes lo que se avecina ya será demasiado tarde y no podrán llamarse a engaño;  una voz interior de origen desconocido pero asentada en su cerebro les dirá: “Ya fuiste avisado y no quisiste oír. Ahora joróbate”.

¿Pero qué historia tan increíble es esa?... Tengan paciencia, porque antes de contársela tengo que ir a tomar una pastilla para los nervios, ya que solo recordarla me produce escalofríos. Y la pastilla tarda media hora en hacer efecto.

Bien; aquí viene la historia prometida. La otra noche me despertó un ruido extraño, muy similar al que produciría una nave extraterrestre que hubiera chocado contra la antena de televisión de la azotea de mi casa al intentar aterrizar en ella. Así que me vestí a toda prisa,  salí de mi casa y  subí corriendo por la escalera del edificio hasta la última planta para asomarme por la ventana del patio y enterarme de lo que había pasado. Y, efectivamente, plantado sobre la azotea se hallaba un OVNI de forma circular  del que estaban saliendo varios tripulantes  vestidos con trajes fosforescentes muy ajustados y que medirían unos dos metros aproximadamente. No llevaban casco, por lo que pude ver que tenían la piel ligeramente verdosa y las orejas afiladas como las de los elfos que El Corte Inglés ha contratado para anunciar sus productos navideños. Mi susto fue monumental y me retiré inmediatamente una planta más abajo; justo lo suficiente para poder escucharles y para que me diera tiempo a encerrarme en mi casa en caso de peligro. Hablaban perfectamente castellano, aunque con acento de Las Pléyades, y esto  me fue muy útil para enterarme de todo cuanto hablaban y para poder contárselo a ustedes sin manipular los hechos, o sea, tal como si se lo contaran en un programa de Intereconomía.

Lo primero que hicieron fue llamar insistentemente a una de las dos viviendas de la quinta planta, hasta que sus habitantes abrieron la puerta. Y en ese momento comenzó un diálogo que me dejó alucinado:

-Somos los “Vigilantes del Cosmos”. El mundo está verdaderamente sucio y venimos a sanearlo antes de que contagie al resto del universo. Nosotros somos la avanzadilla de una escuadra que invadirá la Tierra y hemos elegido esta casa para comenzar el proceso de limpieza.

-¿Limpieza? Esta casa está muy limpia. El algodón no engaña…

-Dejaos de tonterías. Hemos venido a llevarnos a todas las personas de izquierdas. Habéis votado a Pedro Sánchez en estas elecciones y celebrado con champán su pacto con Podemos.  Pues ahora vais a venir con toda la  familia en nuestra nave a un planeta donde podréis experimentar los efectos de un gobierno socialista inmutable y eterno sobre un país donde todo el mundo es pobre y vive sometido a una dictadura feminista, multiculturalista y elegetiba. Beberéis durante muchos años de vuestra propia medicina y así aprenderéis del error que cometisteis. Y ahora, con esta pistola que dispara agujeros negros absorbentes subiréis a nuestra nave… ¡Fshhhhhhhhhhh!.

Se hizo el silencio y el comandante dijo a sus subordinados:

-No llaméis a la puerta de la derecha. Ahí viven personas decentes. Tienen firmes valores morales y votan a un partido conservador formado por unos jóvenes valientes que dicen verdades incómodas y a los que quieren poner un cordón sanitario alrededor de su cuello para estrangularlos. Defienden la vida, la familia, la moral cristiana, el orden público, la seguridad de su patria y, en definitiva, las leyes naturales que rigen el cosmos. Tienen todo nuestro apoyo.

Y bajaron a la cuarta planta, haciéndome a mí bajar a la tercera. En esa planta tampoco llamaron a la puerta derecha porque vivía una ancianita que no sabía dónde tenía la cabeza. Pero llamaron a la puerta izquierda y se armó la gorda. Los vecinos -protestando vivamente por no ser horas para que unos extraterrestres llamaran a su puerta- al enterarse de sus objetivos la emprendieron contra ellos, lanzándoles improperios como “fascistas”, “ultras” y “neonazis” entre otras lindezas. Estos eran podemitas e intentaron defenderse a base de patadas y puñetazos. Pero el fragor de la contienda duró muy poco. No escuché ningún quejido extraterrestre; tal vez los visitantes fueran inmunes al dolor de unos primeros golpes desesperados. Lo que sí oí perfectamente fue el sonido “fshhhhhhhhhhhh”, que devolvió el silencio al rellano de aquella planta.

Llegaron así a la tercera planta y el comandante pareció dudar. No recordaba si los vecinos a los que  había que llamar eran los de la puerta izquierda o los de la derecha. Era impensable que no supieran a qué puerta llamar pero después de varios minutos de discutir entre ellos si debían llamar a una u otra puerta, el comandante terció:

-Acabo de recibir instrucciones precisas. El problema es que en esta planta hay un hombre que ha vivido en alquiler en ambas viviendas y tiene tal confusión que viviendo en la puerta izquierda va diciendo que vive en la derecha…Esta quizás sea la causa de su ideología. Dice ser de derechas pero sus valores son los de la izquierda. Es de izquierdas en todo salvo en lo que afecta a su bolsillo. Pero, amiguete, no se puede servir a dos señores. Si quieres conservar los bienes que Dios te ha dado no puedes servir al diablo. Este es del partido “Ciudadanos”. Ponedle según abra la puerta un cordón sanitario en las muñecas y otro en los tobillos y directo a la nave.

Y cuando el vecino abrió la puerta no le dio tiempo ni a rechistar. Sonó otra vez el “fshhhhhhhhhhhhh” y con él se fue para no volver el vecino moroso de la casa, lo cual ha sido un alivio para la comunidad.

Bajó la comitiva sideral a la segunda planta y tras el correspondiente alboroto sonó dos veces el famoso “fshhhhhhhhhhhhh”, porque los vecinos de ambas viviendas votaban al Partido Popular. Y esto, decía el comandante, había sido legítimo cuando no existía otro partido que verdaderamente defendiera los valores que debían defenderse. Pero en el momento presente votar a ese partido no era muy distinto a votar a la izquierda, pues poco a poco había ido perdiendo su esencia defensora de la cristiandad -se había “asorayado”- y se había  plegado a los deseos de su gran enemigo, un ser siniestro y cornudo cuyo nombre no me atrevo a pronunciar sin tomarme otra pastilla.

Y al bajar a la primera planta yo me encerré en mi casa y me quedé, tras la puerta,  aterrado, mudo y sin respiración. ¿Yo de izquierdas?: ¡ni por el forro! (como diría un botarate vasco cuyo nombre ahora no recuerdo); pero… ¿y si me encontraban alguna falta digna de ser castigada con el destierro espacial? Porque yo tampoco soy  un santo… En los artículos que escribo suelo llamar “derechita cobarde”, entre otros, a Aznar, Rajoy, Pablo Casado y al alcalde Almeida. Y aunque eso se trate de una verdad como un templo seguro que se lo toman como un insulto. Sin  embargo, para mi alivio,  oí al comandante del escuadrón decir a sus subordinados, al pasar junto a mi puerta:

-Aquí no debemos llamar. Este se mete mucho con la izquierda y algún día se va a llevar un guantazo. Y, además, tiene todavía que escribir y publicar muchos poemas más en rima ondulante porque son la leche merengada y frita, y yo no me los quiero perder.  En la puerta de al lado vive una familia decente, así que  vámonos por dónde hemos venido, que para regresar a casa tenemos que doblar el espacio-tiempo y apenas tenemos tiempo para doblarlo.

Moraleja: Créanse sin rechistar esta historia que les he contado y sean inocentes. Sean inocentes porque lo contrario de ser inocentes es ser culpables. Y los culpables lo acaban pagando: si no en este mundo en otro planeta o en otro universo paralelo, ya sea habitado por elfos, duendes, gnomos, faunos, trasgos, demonios u hombres-polilla.

Y ya para terminar les voy a felicitar las Pascuas con un poema que llama a la paz  y a la concordia  entre todos los españoles, ahora que falta poco para que la veamos  saltar por los aires. Lo recité hace un año en un programa radiofónico que se emitió el día de Reyes pero sigue estando de actualidad:

Usando rima ondulante,

que es un invento reciente,

pidamos a Dios que pinte

la paz en el horizonte

para que al alba despunte.

Y al que la guerra barrunte

déjenme que le desmonte

su idea y se la repinte

con la luz resplandeciente

de esta Navidad brillante.

Y al que tenga mal talante

o sea un intransigente

y su arsenal desprecinte

porque quiera echarse al monte…

¡pues que a mí no me pregunte!

 

Alberto González Fernández de Valderrama