Ahora que tenemos a la cúpula defensora del feminismo en el poder, temblad hombres. Supongo que en el fondo son buenas noticias y que el año 2020, que acabamos de estrenar, terminará con cero víctimas mortales por violencia de género y sobre todo, ninguna mujer matará a sus hijos. ¿Quién se cree cualquiera de ambos opciones?

Por más que pretendan que la mujer se empodere por encima del hombre, hasta que todos seamos conscientes de que tantos unos como otras tenemos los mismos derechos, el mundo navegará sin rumbo y sin llegar a ninguna parte.

Imaginemos por un momento que el empresario -que es el que genera trabajo y no el gobierno de turno-, quien paga y quien en verdad consigue que el paro disminuya, se ve obligado a contratar a mujeres para cubrir la mitad de su plantilla. Me pregunto qué será de las empresas constructoras, poceras, limpiadores de cristales de edificios altos y por consiguiente peligrosos, minas, etc., etc., etc.

Nueve de cada diez autónomos, otro sector creador de puestos de trabajo y muy olvidado por los gobernantes, ya ha notificado que no piensan contratar a nadie durante el 2020.

¿Y qué me dicen de los horarios de trabajos nocturnos? Aquí está la madre del cordero. Si una mujer joven, con hijos pequeños tiene la custodia de los mismos, ¿cómo hará el Estado para que pueda acudir a su puesto de trabajo y mientras tanto mantener atendidos a sus hijos? Porque claro, aquí entra aquello de: “nosotras parimos, nosotras decidimos”. ¿Decidimos qué? ¿Qué los niños son para los padres cuando a nosotras nos venga bien? A lo mejor ellos se niegan y entonces ¿qué?

¿No será mejor que todos nos llevemos bien antes de andar generando antipatías entre sexos con discursos incoherentes? ¿O es que los niños vienen de Paris? ¿Se nos olvida quién ayuda a que nos embaracemos?

Por otro lado, en el mundo del deporte empiezan a darse los primeros conflictos entre atletas. Hombres que se consideran mujeres compiten con estas, pero estas empiezan a quejarse de la superioridad o resistencia física de algunos de “ellos” que en realidad se les considera “ellas”. Y es que la genética es la genética y a la naturaleza no hay quien la engañe.

El hombre por lo general suele disfrutar de mayor fuerza física, mientras que la mujer goza del privilegio de dar a luz y podemos empezar a citar diferencias hasta aburrirnos.

¿Qué está pasando? ¿De verdad hay que continuar con la polémica?

¿Por qué hay chavalas que empiezan a quejarse en los institutos de la turra que les dan algunas personas que acuden a dar charlas acerca de la conveniencia para las mujeres de estudiar carreras técnicas? ¿También nos van a decir lo que tenemos que estudiar para “empoderarnos” frente al hombre? Estudiar una ingeniería no me hace más fuerte, pero estudiar lo que me venga en gana, sí, y ha de ser una decisión de cada cual sin tener que soportar las charlas de las plastas de turno. ¿O es que se creen que las estudiantes de los institutos son idiotas y no saben pensar ni decidir por sí mismas? ¡Qué aburrimiento de sociedad!

¿Qué sucede si un empresario contrata a una mujer y después termina revelando que es transexual? ¿Ha contratado entonces a un hombre o a una mujer?

¿Vamos enterándonos ya de que cada persona tiene su valor y estos pueden ser simplemente distintos sin tener que entrar en calificativos de superioridad o inferioridad?

Pues hasta que eso no nos entre en la cabeza, vamos mal y con el gobierno que nos espera, yo si fuera “ellos” temblaría. No vaya a ser que estén ocupando un puesto de trabajo donde estaría mejor una mujer porque si ahora los eligen por el sexo, las mujeres terminaremos por echar a los hombres incluso del poder. Ahí lo dejo.