El “Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia”, más conocido por su denominación abreviada de “Tribunal de las Aguas” es, sin duda alguna, la más antigua de las instituciones de justicia existentes en Europa. Su semanal reunión, cada jueves del año, en el lado derecho de la gótica Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia, constituye cita obligada para agencias de turismo, visitas escolares, simples viandantes, que se congregan a su alrededor a la espera de que las vecinas campanas del “Micalet de la Seu” den las doce horas para contemplar su funcionamiento.

 

Ello no nos lleve a la errónea conclusión de tratarse de un organismo folklórico e inoperante que la tradición nos ha legado; pues, tras esa sencillez y simplicidad de funcionamiento, carente de complicados protocolos y fórmulas jurídicas, se esconde un modelo de justicia que el hombre de la huerta ha respetado en una milenaria institución que ha sobrevivido a todas las reformas legislativas siendo siempre apreciada por su singularidad y perfecto funcionamiento constituyendo hoy, sin ninguna duda, uno de los bienes más preciados del acervo cultural valenciano.


Por su condición milenaria y por ser una de las tradiciones culturales más arraigadas a la sociedad, el Tribunal de las Aguas de Valencia ha sido declarado por la Unesco, en Abu Dhabi, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad