En el año 2017, un Grupo de Expertos en Violencia Doméstica y de Género, perteneciente al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), se encargó del análisis de las sentencias dictadas en el año 2015 relativas a homicidios y/o asesinatos entre los miembros de la pareja o ex pareja. Según los datos de dicho estudio, en el 65,8% de los casos de homicidio/asesinato por violencia de género el autor fue de nacionalidad española y en un 34,2% extranjera. Respecto a las víctimas, un 63,2 % refería nacionalidad española, un 28,9% extranjera y un 7,8% no constaba (curioso este dato de un porcentaje significativo de víctimas mortales en las que no aparece su nacionalidad en la sentencia del caso).       

 

A modo de conclusión se puede afirmar que algo más de la mitad de las mujeres víctimas mortales de violencia de género son españolas a manos de españoles (60%) y algo menos de la mitad son extranjeras a manos de extranjeros (40%), aunque existiendo casuísticas diversas entre nacionalidades de agresores y víctimas.

 

Por tanto, ese machismo español que pretende hacernos creer es una de las tantas mentiras que han inoculado en la opinión pública, si bien lo más justo sería que cada nacionalidad asumiera su tanto por ciento de responsabilidad en este desgraciado asunto.

 

No obstante, alejándonos ahora de las fuentes oficiales y recurriendo a un trabajo de campo publicado por El Correo de Madrid (05/08/2019), tarea exhaustiva que recopila, una por una, noticias de prensa hasta sacar a la luz el listado de nacionalidades de los agresores a mujeres en España. Un dato que no se quiere dar a conocer y que ha requerido la encomiable labor de Noelia de Trastámara hasta ponerlo sobre la mesa: Total detenidos o en busca 1.072, de entre ellos, extranjeros son 520, españoles 127 y de nacionalidad desconocida 425.

 

Este ardid de no especificar la nacionalidad de los agresores contribuye sobremanera a enmascarar intencionadamente los datos, restando profesionalidad al ejercicio periodístico al sustraer de cada noticia uno de sus elementos esenciales como es la procedencia de los presuntos agresores. En esta interesada tesitura supongamos, pues, que esa nacionalidad desconocida de la que no informan los medios se refiere a extranjeros, dado que de ser españoles seguro que aparecería en su apartado correspondiente (127), esos 127 de un total de 1.072 representan el 11,8%. Ello equivale y nos da pie a afirmar que 9 de cada 10 agresiones a mujeres en España se lleva a cabo a manos de extranjeros a los que no se quiere molestar porque también se les ordeña su voto de género vía impunidad frente a sus actos, vía silencio informativo y vía pagas mensuales. Una compra de votos indecente y que pagamos todos, un caladero de votos que está costando cientos de violaciones que no son de españoles y que están soportando las mujeres a las que supuestamente tanto protegen las políticas de género, otra mentira más. Estamos ante un nuevo maltrato estructural o de Estado.

 

Con tal de hacer ver que los españoles somos los culpables de todos los males de la Tierra incluso se mira a otro lado frente a rasgos culturales que eufemísticamente llegan a llamar «juego», en vez de grave delito de organización criminal.

 

Latribunadeespana.comen fecha 06/09/2019 revelaba que el periódico Mundiario, en un rigurosísimo artículo firmado por la socióloga y politóloga, Mapi Egea, sacaba a la luz que «El Taharrush es el nuevo “juego musulmán de violación de mujeres infieles”que se está extendiendo entre los inmigrantes árabes de todos los países de Europa, un juego que contempla todo tipo de humillación, violencia y abusos sexuales contra mujeres occidentales».  

 

Según publica Mundiario: «Se trata del conocido juego árabe de violación, llamado Taharrush, y ya ha llegado a Europa. Los ataques van desde el abuso sexual hasta la violación y consiste en lo siguiente: un gran grupo de hombres árabes rodean a la víctima, por lo general una mujer occidental o una mujer con ropa de estilo occidental para, a continuación, someterla a abusos sexuales»

Ni por asomo pretendemos culpar o señalar a ninguna otra religión o cultura como machista, no, sino de reclamar que cada cultura asuma su parte alícuota de responsabilidad en el conjunto de agresiones que sufren las mujeres en España, informándose con objetividad y no olvidando la nacionalidad de agresor y víctima.

     

José R. Barrios