El BOE del viernes 6 de junio de 2014, en sus disposiciones generales (Jefatura del Estado), recoge el «Instrumento de ratificación del Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica», hecho en Estambul el 11 de mayo de 2011. En adelante, «Convenio de Estambul».

En su art. 4, sobre «Derechos fundamentales, igualdad y no discriminación», el Convenio insta a que en las constituciones nacionales o en cualquier otro texto legislativo en España, léase«Pacto de Estado»– donde quede garantizada la aplicación efectiva del principio de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, ésta deberá asegurarse sin discriminación alguna. En España, este principio de igualdad efectiva entre hombres y mujeres resulta incompatible y deviene inviable al existir de hecho una discriminación según sexo en nuestra jurisprudencia.

Hábilmente y como paradigma de un modo concreto de utilización interesada de los medios de comunicación, este Convenio de Estambul se presenta sesgado a la sociedad española. Sin duda se trata de un documento de peso y muy bien redactado cuyo loable fin es «prevenir y luchar contra la violencia hacia la mujer y contra la violencia doméstica». Violencia doméstica se lee en él, ¡ojo!, un término absolutamente prohibido en España, ya que aquí sólo existe una forma de violencia, la violencia machista, esa que va del hombre a la mujer, sin retorno alguno, en ningún caso, de ésta a aquel.

Obviar esa advertencia en la que tanto insiste el Convenio de Estambul, es decir, no prevenir ni luchar contra la «violencia doméstica», es sencilla y llanamente faltar impunemente al espíritu del propio convenio, manipular sus fines y mantener ese mal hábito tan común y extendido como es engañar una vez más a nuestros socios europeos, emplear el dinero de los Fondos Europeos en políticas de desigualdad, y lo que es más doloroso, mentir a la opinión pública, alardeando a todas horas con ese latiguillo de «según el Convenio de Estambul».

Que se mienta a la sociedad es parte del día a día de todo régimen totalitario que controla y filtra la información, para que sólo circule la que a él interesa, de ahí que las adobadas noticias se entremezclen en un mar de confusión que precisa ciudadanos críticos y entrenados. Aunque se muestra lamentable que a manos del mismo feminismo se mantenga desinformadas a tantas mujeres bienintencionadas y justas, negándoles el significado real y completo del Convenio de Estambul, documento con el que a buen seguro estarían absolutamente de acuerdo, pues propugna algo tan constitucional y razonable como es la «prevención y lucha contra distintas formas de violencia».

La contribución que hace el Convenio de Estambul en aras a una igualdad efectiva entre hombres y mujeres, en estos tiempos de sectarismo, se muestra impagable. En su caso lo hace desde una oportuna aclaración terminológica que éste incluye en su artículo 3 bajo el epígrafe «Definiciones», de manera que, a los efectos de dicho Convenio:

  1. b) Por «violencia doméstica» se entenderán todos los actos de violencia física, sexual, psicológica o económica que se producen en la familia o en el hogar o entre cónyuges o parejas de hecho antiguos o actuales.
  2. e) Por «víctima» se entenderá toda persona física que esté sometida a los comportamientos especificados.

Ciertamente es un feliz hallazgo que un instrumento internacional de tanto calado y prestigio siente, de una vez por todas, las bases para dejar claro que por «violencia doméstica» se entiende todo acto de violencia de diversa naturaleza «entre cónyuges» o bien, de manera más extensa, «en la familia o en el hogar». Sí, resulta muy placentero encontrarnos con un refrendo tan contundente a nuestros planteamientos que, por otra parte, únicamente obedecen al más común de los sentidos y a reconocer la realidad de las relaciones interpersonales en el ámbito del hogar.

Sin embargo, la élite feminista de Madrid va por ahí, a gastos pagados, ratificando alegremente protocolos, convenios, convenciones, adhesiones… diciendo allá que se trata de violencia doméstica y en llegando acá sólo hablando de violencia machista. Tales documentos, una vez aterrizan en España, se transforman en papel mojado, y al publicarse pasan de seguido a dormir el sueño de los justos. Aunque en puridad se trata del sueño de los injustos, porque no hay más injusticia que incorporar un instrumento jurisprudencial internacional a nuestro morado articulado como es, en este caso, el Convenio de Estambul y de continuo seguir aprobando rectificaciones, enmiendas, apaños y amaños en el articulado de nuestro Código Civil, Código Penal, Ley de Enjuiciamiento Criminal… justo en sentido opuesto al instrumento normativo antes ratificado. 

José R. Barrios