Me pregunto de quiénes se rodearán las feministas que cantan a los cuatro vientos, por cierto mareando y enrareciendo el ambiente, el mal llamado himno de “el violador eres tú”. Supongo que para tener el atrevimiento de acusar a los hombres en general de que todos son violadores, debe de esconderse alguna razón poderosa. La única que se me ocurre es que estas mujeres tan poco elegantes, hayan sufrido en sus propias carnes algún escarnio de tal calibre y naturaleza por parte de familiares muy cercanos.

Yo he tenido la suerte de nacer en una familia en la que el valor de la persona ha primado siempre por encima de aquello que tenemos entre las piernas. En una en la que el ser humano es sagrado y en la que el respeto hacia los demás siempre ha de estar por encima de cualquier estupidez que se ponga de moda. Me inculcaron la idea de que debía profesar el mismo respeto a todos los seres humanos y en ello continúo.

Y es que llega un momento en el que tenemos que hablar de seres humanos sin distinción de sexos. O a ver si ahora van a creerse estas nuevas cupletistas o aspirantes a cantantes y bailarinas de himnos sexistas y discriminatorios, que todos los hombres violan.

Para cantar algo tan terrorífico con tanta vehemencia, solo se me ocurre una excusa: se lo creen. Se lo creen de verdad. Es decir, existe un sector de la sociedad que piensa que todos los hombres son violadores. No sé cómo lo verán ustedes, pero para mí esto empieza a adquirir tintes dramáticos. Un despropósito. Una aberración en la que ya se deberían tomar cartas en el asunto e intervenir de forma seria. Alguien debe poner orden en este movimiento de odio escondido tras la excusa de defender a la mujer, porque a la mujer no se la defiende cantando tonterías ni a través del ataque al sexo contrario. Eso en sí mismo, supone un insulto para muchas de nosotras. Quizá para la inmensa mayoría.

Pero lo peor de este movimiento es que también tiene capacidad para odiar a aquellas mujeres que no comulgamos con sus credos.

Observen la ridiculez de su coreografía, en la que no falta el típico espectáculo circense, aunque ahora que lo pienso, les faltaba el payaso listo… Se ve que les ha bastado con ellas mismas, las listas.

Si alguien se apunta a cantar un himno como ese –que manda narices que a algo tan absurdo le otorguen un nombre tan solemne-, debe de ser porque conocen a muchos violadores. Quizá los tengan en sus casas y de ahí su continuo cabreo, y si no que se lo digan a las mujeres que sufren escraches solo por opinar de forma diferente. Yo veo a este movimiento como a una secta.

La abogada penalista Yobana Carril ha lanzado un vídeo esta semana defendiendo a los hombres en general, no a los violadores, sino a los hombres de bien, que para desconcierto de las feministas radicales, son la mayoría. Desde aquí le mando mi apoyo a tan valiente mujer.

Quizá esas señoras a las que tanto les gusta coreografiar que los hombres son violadores, un hecho en sí mismo grotesco y fuera de toda lógica, deberían considerar que quizá sus padres, hermanos y abuelos tampoco lo sean, al menos no todos ya que se comportan como si conocieran a muchos. Me pregunto cómo se sentirán los hombres de sus familias señalados por los dedos de sus propias hijas, madres, esposas y nietas. Quiero pensar que son mujeres que se encuentran desorientadas en la vida y que pronto se les pasará porque quizá no se han detenido a valorar el daño que están causando en millones de hombres inocentes.

¿Se les habrá pasado por la cabeza que de persistir en su error, algún día existirán dos sociedades diferentes? Una de ellas contará con hombres. La otra por supuesto no. ¿Cuál sobrevivirá? ¿Cuál se extinguirá? Condenadas a vivir sin machos, la respuesta es evidente. ¿O van a decirnos que piensan utilizarles para reproducirse? ¡No por favor! Para perpetuar la especie no pueden caer en una bajeza tan impropia de su causa.

Por lo tanto, la buena noticia es que el feminismo radical está abocado a su extinción por falta de miembros, en el más amplio sentido de la palabra.