Como quiera que cada divorcio presenta características propias y máxime en un contexto de género en que el Estado ha convertido a cada varón heterosexual en un cajero automático que desvalijar para de seguido entregar el botín robado a su ex, es preciso hacer testamento cuanto antes–el trámite es bien barato y sencillo–. Exponga, pues, al notario con claridad cada una de sus circunstancias e intenciones para que redacte un testamento conforme a ley.

En caso de divorcio, según la Asociación Europea de Abogados de Familia, el testamento puede tener finalidades muy concretas, en relación a la situación personal de cada uno:

a) Excluir al ex cónyuge de la administración de los bienes o del dinero que hereden los hijos del padre divorciado fallecido.

Apartar al progenitor custodio de la herencia recibida por los hijos de sus padres fallecidos es legalmente posible al amparo del art. 227 del Código Civil, existiendo disposiciones parecidas en las CCAA con Derecho Civil propio. Bastará con incluir algunas cláusulas en el testamento notarial en las que se designe a la persona que va a ejercer esta administración y la forma en que debe de realizarla.

Una posible redacción de dichas cláusulas testamentaria sería la siguiente: «UNO: Designa administrador de todos los bienes que sus citados hijos y herederos pudieran llegar a adquirir del testador por virtud de este testamento o por cualquier otro título gratuito entre vivos, anterior o posterior a este otorgamiento, y hasta tanto alcancen plena capacidad legal, a las siguientes personas y por el orden que se indica a continuación…

DOS: Los frutos y rentas de tales bienes solo podrán ser destinados, al prudente arbitrio del administrador, a proporcionar alimentos legales, en su más amplia extensión, a sus citados hijos y herederos, con exclusión de toda clase de actos de disposición.TRES: Alcanzada la mayoría de edad de sus hijos, estos dispondrán de su herencia».

b) Desigualar en el reparto de la herencia a los hijos del padre divorciado.

En determinadas situaciones, cuando existen hijos de varias relaciones, máxime en el caso de hijos maliciados por el SAP o hijos parásitos por causa del divorcio… puede estar justificado hacer testamento dejando más a unos que a otros e incluso, en casos extremos, plantearse la desheredación de uno o más hijos.

Se puede desheredar a los hijos por causa de ingratitud, cuando esos hijos hayan tenido un comportamiento indigno con un padre, relegado a ser un mero pagador de pensiones, un padre que se ha despreciado y ninguneado de forma injustificada y durante años, siendo con ello maltratado psicológicamente, un padre al que muchas veces se le priva del derecho a conocer a sus nietos. Así lo reconoce la Jurisprudencia de algunas Audiencias Provinciales e incluso del Tribunal Supremo.

c) En caso de segundas relaciones, proteger al segundo viudo o viuda de reclamaciones de la primera familia.

Es muy conveniente hacer testamento en estos casos para que la verdadera viuda no quede a expensas de los hijos de la segunda relación, o, lo que sería más grave, de los hijos del primer matrimonio.

Una figura del Código Civil, la fiducia sucesoria a favor de la segunda esposa, regulada en el art. 831, párrafo 4º, contempla la posibilidad de encomendar indirectamente al cónyuge que sobrevive el reparto de la herencia del fallecido no sólo entre los hijos comunes, sino también entre los hijos de otro u otros matrimonios del causante.  

Dicha figura da respuesta a una inquietud en la mayoría de los divorciados, pues la mayor preocupación de estos es la de asegurar que la viuda pueda seguir viviendo en la casa que ha sido el último domicilio familiar y evitar un enfrentamiento de ésta con sus hijos. Para estos casos puede ser buena fórmula la de dejarle la propiedad de la vivienda (o de la participación de la que sea dueño el divorciado) ordenando en el testamento un legado de cosa inmueble específica, que sería contra el tercio libre disposición si no estaban casados, o contra el tercio libre disposición más la parte de legítima de la viuda, caso de estarlo. Es conveniente reforzarlo con la previsión de que si el valor de la casa excede tales proporciones (representa más del tercio de la total herencia) la viuda tenga siempre la opción de quedarse con la totalidad de la casa, abonando de su propio bolsillo el exceso del valor en dinero a los otros legitimarios (los hijos de quien falleció, sean o no comunes con la segunda viuda), o a elección quedarse sólo con el usufructo de toda la casa, (derecho a vivir en ella, pero no a venderla), adquiriendo los hijos la propiedad desde el momento del fallecimiento de su progenitor.

 

José R. Barrios