El Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados presentó el pasado 19 de julio una “Proposición de Ley Orgánica para la regulación de la eutanasia”([i])cuya lectura produce una mezcla de pavor y de asco a cualquiera que tenga unos valores y unos principios éticos y morales mínimamente formados. Ha habido pocas voces de alarma, porque el pensamiento único dominante lleva años empujándonos hacia esta nueva aberración, pero hay brillantes excepciones, como mi amigo y prestigioso jurista Santiago Milans del Bosch y Jordán de Urríes que el pasado 9 de septiembre publicó un clarificador artículo en el diario ABC titulado “La hipocresía de la eutanasia” ([ii]) cuya lectura recomiendo vivamente.

Vaya por delante que la eutanasia no es una demanda de la sociedad. Me refiero a la eutanasia propiamente dicha, lo que llaman “eutanasia activa” (un eufemismo, como es habitual), esto es, matar a una persona, terminar por cualquier medio con la vida de alguien que podría seguir viviendo si no se le aplicaran esos procedimientos; no me refiero por tanto a la no “prolongación artificial de la vida” o a evitar el conocido como “ensañamiento terapéutico”, cuestiones estas que creo que ya están superadas y se aplican en nuestros hospitales con razonable normalidad y buen juicio, aunque puedan existir casos concretos en los que la decisión esté en la frontera de lo éticamente aceptable. Es cierto que en los últimos 15 o 20 años ha habido media docena de casos muy desgraciados y conmovedores en los que personas que no querían seguir viviendo han conseguido terminar con su vida con la ayuda de terceros, casos todos ellos exageradamente publicitados (y no por casualidad) por los medios de comunicación, pero salvo en esos momentos puntuales, repito, la eutanasia no es una demanda de la sociedad, sino un debate interesadamente alimentado por los sicarios de la “cultura de la muerte”.

Para los católicos el debate no existe, o no debe existir: cualquier acto que conduzca a adelantar la muerte de un ser humano, incluido el suicidio, la asistencia al suicidio o la eutanasia (y por supuesto el homicidio, incluido el aborto, que es simple y llanamente un infanticidio) es un pecado mortal, una gravísima ofensa a Dios que, por lo tanto, hay que evitar por todos los medios, diga lo que diga la legislación del lugar y del momento. No hay más que hablar. Sin embargo, no se legisla solo para los católicos, se legisla para toda la sociedad, y los católicos no podemos imponer nuestros criterios morales a la hora de redactar las leyes (aunque si tratar de convencer al resto), por lo que este asunto hay que abordarlo aparcando por un momento la Fe y la doctrina de la Iglesia.

En este mundo en que vivimos solo se habla de derechos, cada día el catálogo de derechos es más abultado (en la exposición de motivos de la propuesta de Ley he descubierto uno nuevo, el “derecho a la autonomía de la voluntad”, para mí un pleonasmo, pues la voluntad me parece que siempre es autónoma), pero casi nada de deberes. Entre la multitud de derechos que se otorgan y se reconocen a la persona espero que nadie discuta que el principal, el que es previo y superior a cualquier otro, es el derecho a la vida, y eso para creyentes y no creyentes. Pues bien, si se aprueba esta ley tal como la han presentado los socialistas, el derecho a la vida dejará de estar garantizado en España o, dicho de otro modo, se estará legalizando el homicidio en ciertas circunstancias, muy amplias y muy sujetas al criterio subjetivo del que tiene la potestad de ejecutar al paciente, homicidio que entra en la categoría del asesinato, pues concurre el agravante de alevosía dado que la víctima no se puede defender.

La propuesta de ley establece que, a criterio del médico de turno, si éste diagnostica que sufres una “enfermedad grave e incurable” (¿No es la diabetes incurable y en muchos casos grave?) o “crónica e invalidante” (¿Qué grado de invalidez? ¿Un enfisema pulmonar no es crónico y, en muchos casos, invalidante?) o si considera que padeces “un sufrimiento insoportable” (¿Quién y cómo determina que el sufrimiento ha alcanzado la categoría de “insoportable”? ¿El médico? ¿El representante de la UGT en el comité de empresa del hospital?) podrá facilitarte “una substancia” (textual; otro eufemismo, quiere decir un veneno) que puede ser administrada por el facultativo (eutanasia) o por el propio paciente (suicidio asistido) o bien, sin necesidad (de) que sea solicitada por parte del paciente, “en aquellos casos en los que el médico o médica (sic) responsable certifique que el o la (sic) paciente está incurso o se encuentre en situación de incapacidad de hecho permanente”. Para que todo el mundo lo entienda, cuando el médico considere que “estás incurso” o “te encuentras” en “situación de incapacidad de hecho permanente” (¿Qué grado de incapacidad? ¿Solo incapacidad total o también incapacidad parcial? ¿Qué quieren decir en este caso con “de hecho”?), simple y llanamente te pueden matar aunque tú no lo pidas y no lo quieras. Terrorífico, pero cierto. Cualquier tetrapléjico o cualquier enfermo de Alzheimer, entre otros muchos ejemplos, que evidentemente se encuentra en una “situación de incapacidad de hecho permanente”, podrá ser asesinado impunemente.

Todo se deja a criterio del médico. No hay un juez, ni un tribunal médico, ni una segunda opinión antes de proceder a la ejecución. Ni siquiera se da un protagonismo especial en esa trascendental decisión (matar a una persona) a la familia del enfermo (en el larguísimo texto de la proposición de ley, 10 páginas del BOE, aparece solo dos veces la palabra “familiares” acompañada siempre de “o allegados”: para los socialistas es insoportable reconocer el papel fundamental de la familia en la vida de las personas). Convierten al médico en juez y, en su caso, verdugo. Si tienes suerte y te toca un médico más conservador al interpretar lo que es “un dolor insoportable” o una “situación de incapacidad de hecho permanente” conservarás la vida; si caes en las garras de un médico más agresivo en estos aspectos, estás muerto.

Naturalmente, y ya lo dejan dicho en la proposición de Ley, esta maquinaria de la muerte se pagará con fondos públicos, pues estará incluida en la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud, ese que no tiene dinero para pagar los servicios de odontología a miles de españoles para los que supone un desembolso que no pueden afrontar, o las gafas a un niño miope que no las puede pagar. Por supuesto, no se admite la objeción de conciencia del médico (¡faltaría más!), pues claramente establecen que el ejercicio de ese supuesto derecho “no puede resultar menoscabado por el ejercicio de la objeción de conciencia”, como ocurre con el aborto, otro crimen legal semejante por la inmoralidad y barbarie que representa. El siguiente paso, que llegará, será contratar con cargo a los presupuestos del Estado a un ejército de presuntos “asistentes sociales”, verdaderos heraldos de la muerte, que en cuanto identifiquen a una persona susceptible de ser asesinada convencerán a “familiares y allegados”, y al propio enfermo, de la bondad y las “ventajas” de permitir que te maten y, por supuesto, como verdaderos comisarios políticos, controlarán que ningún médico deje de aplicar con máxima diligencia, eficacia y rigor las sentencias de muerte. Ya lo hacen con el aborto, han conseguido que todo el sistema público de salud esté enfocado en que aborte el mayor número de mujeres embarazadas posible, y lo harán con la eutanasia. Tiempo al tiempo.

¿Por qué lo hacen? Para las personas normales es casi imposible entrar en la mente de estos degenerados para entender sus motivaciones, pero probablemente sea una combinación de algunas de las siguientes (o de todas ellas). Por un lado, el respeto a la vida, desde la concepción a la muerte natural, es uno de los preceptos nucleares y más indiscutibles de la religión católica; para alguien que odia a muerte (y nunca mejor dicho) todo lo que tenga que ver con el catolicismo, para los herederos de aquel que anunció con indisimulada satisfacción (aunque equivocándose) que “España ha dejado de ser católica”, es irresistible hacer cuanto esté en su mano para que la sociedad se aparte, cuanto más mejor, de las enseñanzas de Jesucristo Ntro. Sr. Por otro lado, en este “nuevo orden mundial” que nos están imponiendo por todos los medios posibles, el débil, el improductivo, el enfermo e incluso el anciano no tiene cabida; a estos imitadores de Philipp Bouhler y del Dr. Karl Brandt, responsables de ‘Aktion 4’, el programa de eutanasia de Hitler, cualquier persona que no encaje con el prototipo de esclavo eficiente y servil que desean las nuevas élites globales les parece un subproducto de la sociedad que hay que eliminar. También debe influir el hecho de que, para hacernos más amorales y más manejables, hay un empeño manifiesto de hacer una sociedad cuanto más materialista y hedonista mejor; en esa sociedad, donde la única aspiración de muchas personas es obtener más ‘likes’ en las imbecilidades que ponen en su cuenta de Instagram, el sacrificio que supone cuidar con dedicación y con amor a un enfermo o a un anciano es insoportable: lo mejor es acabar con él cuanto antes. Y por último, las razones económicas también tienen que ver con esta atrocidad: cuidar a un anciano o a un enfermo crónico es costoso, y estos sátrapas prefieren ahorrar en eso para poder seguir regalando el dinero del contribuyente a los ‘lobbys’ LGTBI, a las ‘feminazis’ o a los animalistas radicales y, por supuesto, para seguir pagando el combustible del Falcon.

Si no hacemos nada por evitarlo, y pronto, nuestra sociedad se va al garete. Es sabido que en un rebaño de ovejas, aunque sea muy numeroso, si las que van delante deciden tirarse por un precipicio, todas las demás van detrás. Llevamos décadas dando pasos hacia el precipicio, siguiendo como ovejas a los que quieren que nos despeñemos (aunque ellos saldrán ilesos, por supuesto), y cada vez estamos más cerca; como no nos plantemos pronto y nos rebelemos de una vez contra esta cultura de la muerte, contra este proceso de destrucción de la persona como ser libre, autónomo, trascendente y creado por Dios a su imagen y semejanza, los más tenebrosos escenarios orwellianos se van a quedar cortos para lo que se nos está viniendo encima.

Y vayan buscándose un buen seguro de enfermedad y un hospital privado donde les garanticen que no les matan, aunque no sea aparentemente gratis como los de la Seguridad Social.

 

[i]Para el que quiera tener pesadillas, y conocer lo que nos espera, en este enlace encontrará el texto completo: http://www.congreso.es/public_oficiales/L13/CONG/BOCG/B/BOCG-13-B-64-1.PDF

[ii]Artículo de Santiago Milans del Bosch en https://www.abc.es/opinion/abci-hipocresia-eutanasia-201909090004_noticia.html