Laureano Benítez Grande-Caballero, natural de Sevilla, licenciado en Historia Contemporánea, profesor jubilado, autor de 35 libros, la mayoría de temática católica, entre los que destacan cuatro obras dedicadas a San Pío de Pietrelcina. Sus últimas obras son «El Himalaya de mentiras de la memoria histórica», y «La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial». Articulista de opinión en  varios diarios digitales, y conferenciante ocasional sobre temas patrióticos y religiosos.

En este entrevista nos habla de su evolución política, pues ha pasado de votar a Zapatero dos veces a ser uno de los más firmes defensores de la figura de Franco y uno de los autores de referencia en la materia.

 

¿Se arrepiente usted de haber votado a Zapatero?

Cuando reconsidero mi pasado socialista, que me llevó incluso a votar a Zapatero dos veces, además de arrepentimiento, siento un asombro enorme ante esa atrocidad que cometí, y, a pesar de los años transcurridos, me es muy difícil explicarme a mí mismo cómo pude ser capaz de cometer tal dislate. Como católico que soy, he llegado incluso a confesar mi voto a Zapatero como si fuera un pecado. El sacerdote no me puso penitencia, pero llevo desde el 2014 echado al monte repartiendo estopa contra la progresía roja, así que espero que el Señor me haya perdonado.

No sabía lo que hacía...

Por supuesto que no, ya que, en mi supina ignorancia, creía que la izquierda defendía a los pobres, a los trabajadores, al «pueblo» contra la rapiña de los ricos derechosos, y por eso había que votarles. Yo por entonces era un cristiano más o menos progresista, de esos que hablaban de que el cristiano tiene que «optar por los pobres», y todas esas zarandajas: el creyente tiene que optar por los seres humanos en general, y, si debe prestar una especial atención a algún colectivo, es al de los pecadores, porque Jesús vino especialmente para ellos, para salvarles.

 

Quizá lo más preponderante a la hora de explicar mi pasado socialista fue el hecho de que mi padre era furibundamente antifranquista, hasta el punto de que casi todos los días insultaba a Franco. Esa educación que recibí influyó mucho en mi simpatía por la izquierda, sin duda. Por cierto, el parecido físico de mi padre con Franco era más que notable: cosas de la vida.

 

¿Cuándo se desengañó de aquel que dice mi patria es el viento? ¿Cuándo se le empezaron a abrir los ojos?

Bueno, mi purificación política vino de la mano de un proceso de ahondamiento en mi fe católica, que me llevó desde un cierto progresismo dogmático a convertirme en un católico tridentino, mucho más ortodoxo, mucho más conservador, aferrado al Magisterio y a la Tradición de la Iglesia, desechando modernismos y aggiornamentos. Esta decantación por el catolicismo más tradicional me hizo abominar del zapaterismo ideológico, encarnado en el pensamiento masónico con el que el globalismo se sirvió de Zapatero para promulgar un corpus legislativo claramente enfrentado a los dogmas tradicionales Del cristianismo, corpus que era totalmente incompatible con mi fe renovada.

 

Pero de Zapatero no se pasa a Franco de la noche a la mañana, ¿cuál fue el proceso?

La generalización del aborto con la ley de plazos fue quizá el primer aldabonazo en mi conciencia. Luego vino lo de llamar matrimonios a la uniones homosexuales, la ley de memoria histórica, las leyes de género… pero, sin duda, lo que más me llevó a desertar del socialismo e ingresar en las filas de la derecha fue el constatar con horror que había estado votando a una formación política manchada por una historia criminal apocalíptica, perpetradora de un holocausto católico sin parangón. Así que me dije: «¿Vas a seguir votando a matacuras, violamonjas y quemaconventos?».

El golpe de gracia ya definitivo fue el momento en el que vi por primera vez en la tele a Pablo Iglesias. Ante aquel rostro, ante aquella coleta, ante aquel personaje siniestro que desprendía un aura maléfica, me dije que ahí había tomate, empuñé la pluma, y me eché al monte.

 

¿Y desde ahí fue un proceso imparable hasta caerse del caballo por completo?

Sí, más o menos así fue mi «camino de Damasco». Resulta que, a pesar de haber estudiado la carrera de Historia Contemporánea, desconocía por completo la historia reciente de España, porque en la Universidad no estudié esa época, ya que el profesor se la saltó «para evitar polémicas». Y me consta que esta actitud estaba generalizada entre el profesorado. Pero cuando comencé a escribir artículos periodísticos, allá por 2014, me lancé al estudio de la Historia del siglo XX español, y ahí fue cuando descubrí la maldad luciferina del socialismo español.

 

Y ahora defiende a Franco a muerte...

Ciertamente, porque defender a Franco es defender a España, la España de verdad, la España de siempre, muy distinta a «Estepaís» donde ahora vivo, que no tiene nada que ver con el país donde viví hasta que comenzó a ser invadido por el pestilente chapapote rojo. Soy franquista por muchas razones, pero especialmente porque de todas las cosas horrendas de la España de ahora que detesto, ninguna se daba en la España de Franco, una época de preponderancia de la fe católica, de valores cristianos, de amor a la Patria, de progreso, de orden, de paz, de estabilidad… Para quien vivió en la España franquista ―en mi caso, 23 años―, compararla con «Estepaís» de ahora produce un sufrimiento casi insoportable.

 

¿Cómo reaccionó su entorno?

Bueno, mi padre falleció antes de que yo tuviera esta metamorfosis, y en cuanto a mi familia, pues vaya, también se inclinaba al socialismo. Pero mi entorno inmediato es mi esposa, a la que reprochaba que fuera de derechas, y que ahora celebra mi conversión, diciéndome que ella ya sabía que mi trasformación sucedería más pronto que tarde.

 

Con sus libros («El Himalaya de mentiras de la memoria histórica», y «La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial») puede ayudar a desengañar a otros....

Con ese objetivo los escribí, por supuesto, porque, cuando no estemos ya en este mundo los que fuimos testigos de la España de Franco para contar sus conquistas, quedarán aquí unas generaciones que, aparte de no haber tenido una experiencia directa de esa parte de nuestra historia, han sido adoctrinadas desde la infancia en un colosal «Himalaya de mentiras», que les hace incapaces de atisbar la verdad de nuestra historia. En ese sentido, consideré necesario verter en dos libros todos mis descubrimientos, todas mis investigaciones, elaborando algo así como un «testamento» para la posteridad, para dejar constancia de cómo sucedieron realmente los hechos que han sido tan manipulados y falsificados por la memoria histórica del pensamiento izquierdista.

 

Y con sus artículos que pulverizan los mitos antifranquistas...

Y los mitos del Nuevo Orden Mundial, a cuyo pensamiento globalista pertenece el antifranquismo, ya que Franco puso a raya al NOM durante todo su mandato, por eso ha concitado tanto odio. En estos años que llevo escribiendo, el desenmascaramiento de las mentiras sobre Franco ha sido una temática recurrente.

 

¿Cuál va a ser su próximo proyecto?

En estos días estoy pensando sacar un libro sobre el asalto al Valle de los Caídos, contando toda la verdad sobre el asedio satánico a uno de los lugares más excelsos de la Cristiandad. Y deberé sacarlo ya mismo, porque dentro de poco, debido a la totalitaria ley de memoria histórica que los rojos van a sacar, será imposible su publicación.

 

Su conversión puede ser un ejemplo para tanta gente engañada que milita en las filas de la izquierda, que no se atreve a descubrir la verdad, y un motivo de esperanza, pues demuestra que es posible salir del «Matrix» de las mentiras producidas por el adoctrinamiento

Efectivamente, ésa sería mi más profunda aspiración: contribuir a que las personas abducidas por la ideología globalista abran los ojos, y comprendan que es posible salir del pensamiento ponzoñoso que ha envenenado sus vidas de ignorancia y borreguismo.