A los comúnmente llamados fachas de derechas, se unen ahora, por mor del dinero robado al pueblo bolivariano por una pareja de pistoleros, Hugo Chávez y Maduro, una nueva casta de sujetos y sujetas subvencionados hasta en sus porretes, que son los fachas españoles de extrema izquierda.

Este apelativo de facha de extrema izquierda, en referencia a tanto mozo desaliñado e intolerante, a tanto zángano al sol, alude a su facha o fachada exterior, dado que, según la R.A.E, «facha es traza, figura o aspecto, así como mamarracho en su acepción coloquial».Para más señas debe entenderse que estos fachas, hijos adoptivos de ultramar, cuya madre es un país que se desangra por tanto tiro de gracia en los barrios más pobres, apuestan por un modo de vida incompatible con la paz social, emplean una verborrea populista y viven, desde su venezolano malparto, dedicados a una tosca representación teatral que ya resulta cansina por huera, porque ni para el teatro mitinero captador de incautos sirve esta panda, comparsa que nació en tiendas de campaña y ahora habita casoplones, ¡qué arte, Chepa!

Por el contrario a esta juntiña de intransigentes soñadores de la vida de los ricos, sus primos terminológicos, los fachas de extrema derecha, han evolucionado a posiciones más centradas y para nada extremas en comparación a la que están instalados los primeros.

En democrática contraposición a estas criaturitas, yo soy facha de derechas, porque creo en el capitalismo, el único sistema que permite explotar el potencial que lleva cada uno sin constreñirlo a una igualdad impuesta e injusta, dado que todos somos iguales en derechos, pero distintos en nuestra capacidad de esfuerzo para alcanzar una meta y nadie puede frenar nuestros sueños. Sin embargo, yo, facha de facha estupenda, no como otros, también veo necesario políticas sociales centradas en garantizar unos servicios básicos como son Sanidad, Educación y Jubilación. Obsérvese aquí la tolerancia ideológica y la flexibilidad de ideas, la misma de la carecen estas fierecillas moradas movidas por un odio irracional a sus vecinos.

Eso sí, jipis, yo también tengo mis debilidades, lo reconozco, porque en verano adoro el vermucito a eso de las doce de la mañana en mi Club del Puerto Deportivo, haciendo tiempo para la paella. Ah, junto al azul del mar; voy a mi palco en Semana Santa y tengo mi caseta privada en la Feria de Abril; asisto a la ópera en el Maestranza; soy del Real Madrid; adoro a las damas, el tacto de sus ropas, el olor a carmín, esa piel antes enjabonada con jabón Heno de Pravia, ¡ah, las damas!, y últimamente, debido a mi avanzada edad, miro y remiro a las damitas, ¡ah, las damitas!; me gusta todo el marisco, en especial los bivalvos, y los productos de la sierra de Huelva y de Extremadura la bella; bebo mosto, rioja, ribera, oporto, olorosos, finos y cerveza, en exclusiva la de la Cruz del Campo; también leo mi ABC en el Club Social, rodeado de señores y señoras.

Respeto a los fachas de extrema izquierda, ¡ay que ver, Dios, qué fachas!, pero no entiendo tanta intolerancia ante todo lo que no encaja en sus rígidos planteamientos, su odio visceral a nuestras tradiciones, su paranoia de que todos somos indignos y miserables por corruptos, exceptos ellos, cuando su malparto fue una maniobra de laboratorio, un parto no natural, sino in vitro, una estrategia con un doble objetivo: uno desestabilizar el bipartidismo en España, otro que desde Madrid se dejase de censurar la dictadura hugochaviana que ahora mantiene Maduro, ese inmaduro que conduce a lo que queda de su país a una Guerra Civil cuyo anticipo son cientos de muertos en las calles y miles de prisioneros en una Venezuela empobrecida y sometida al yugo de un dictador sanguinario.

Soy facha de derechas, ¡y qué! Gano honradamente mi dinero, respeto los gustos de los demás, vivo y dejo vivir, respiro y dejo respirar, pero nunca voy a tolerar que ningún facha de extrema izquierda, un mamarracho según la RAE, me llame indigno o indecente.

 

José R. Barrios