… Ha ocurrido primero que el feminismo es de todas … no bonita … no bonita … nos lo hemos currado en la ‘genialogía’ (sic) del pensamiento progresista, del pensamiento socialista …” (María del Carmen Calvo Poyato ‘dixit’, 15 de julio de 2019).

La frasecita, muy propia de alguien que dijo en su día que a ella le gusta hablar con los alcaldes en bragas (se supone que quería decir que “le gusta hablar en bragas con los alcaldes”, pues la que debe estar “en bragas” mientras habla es ella, no los alcaldes …) no tiene desperdicio, ‘no bonita’, ni en el fondo –al que luego me referiré– ni en la forma: ¿qué significa “nos lo hemos currado en la ‘genialogía’ (sic) del pensamiento progresista”?. Absolutamente nada, una serie de palabras incoherentes, una estupidez sólo disculpable en una persona con sus limitaciones intelectuales, aunque se entiende perfectamente lo que pretende decir: el feminismo es patrimonio de los socialistas, que son los únicos (según ella) que han luchado por los derechos de la mujer. Ahí queda eso. Naturalmente la idea no se le ha ocurrido a María del Carmen, ‘no bonita’, no da para tanto, lo ha escuchado en la logia de Ferraz y ella, como los niños, lo repite a su manera.

María del Carmen tiene mucho mérito, hasta creo que se merece ser ministra de Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad y vicepresidenta del Gobierno en un gabinete como el de Sánchez, pues probablemente es el primer caso –que se sepa– de un discapacitado intelectual (antes llamados –sin ánimo peyorativo– “retrasados mentales” y algo más peyorativamente “subnormales”) que llega a ser profesor universitario y diputado, un caso extremo de integración e igualdad. Queda solo la duda de si la discapacidad de María del Carmen, si bonita, es de nacimiento o si, por el contrario, es un trastorno mental consecuencia de sus muchos años de militancia en el PSOE. En cualquier caso, mucho mérito.

El problema de fondo no es solo que estos cuatreros se apropien del feminismo para prostituirlo, adulterarlo y usarlo torticeramente en su propio interés. El verdadero problema es que la izquierda ha sido y es capaz de usurpar cualquier causa justa que tenga cierta repercusión social, para usarla a su antojo manipulando a las personas que de buena fe luchan por esa causa justa, y no solo excluyendo a los demás de ese mérito, sino presentándolos como los “enemigos” de esa causa justa o como los “culpables” de la situación que se intenta remediar. Y todos los demás, a los que por exclusión nos clasifican como “derecha”, lo hemos consentido pacíficamente y no hemos movido un dedo para cambiarlo.

La lucha por la igualdad de derechos, oportunidades (y supongo que obligaciones) de la mujer respecto al hombre, lo que se conoce como “feminismo”, nació en las universidades norteamericanas en los años 60 del pasado siglo, nació por tanto en la “bestia negra” de todos estos supuestos “progresistas”, no en la URSS, ni en la China de Mao, ni en la Cuba de Castro ni, por supuesto, en el Irán de los ayatolas, regímenes todos ellos que son modelos añorados para estos cretinos. Y nació como una legítima demanda de igualdad, de mejorar al que estaba en una posición peor (en este caso las mujeres) para “igualarle” al que estaba en una posición mejor, en este caso los hombres. Hasta que llegó el rojerío y decidió que no se trataba de eso, que “feminismo” es, por un lado, hacer que las mujeres se comporten como hombres (se erradica la feminidad, el rol de madre pasa a ser algo detestable, convierten al aborto -un puro y simple asesinato- en el ejemplo máximo de liberación de la mujer, los gustos y aficiones de las mujeres no pueden ser distintos a los de los hombres, los gestos de cortesía de un hombre hacia una mujer son ahora denigrantes, etc, etc) y, por otro lado, criminalizar al hombre, al que se le empiezan a hurtar derechos y oportunidades (“discriminación positiva” le llaman) y al que deciden hacer “pagar” los agravios (que los ha habido) de unas cuantas decenas de generaciones anteriores.

Lo han hecho con el “feminismo” y lo han hecho con el ecologismo, con la defensa del medio ambiente, como si todos los demás fuéramos unos cafres a los que nos importa un bledo lo que pase con nuestro planeta cuando, de nuevo, mientras que ya en los años 70 y 80 del siglo pasado los países occidentales, los países libres no marxistas, incluidos los EE.UU., empezaron a legislar en cuanto a protección del medio ambiente, en los países socialistas (que todavía existían) contaminaban a lo bestia, sin ningún tipo de traba ni restricción. Sin embargo, hoy solo se puede ser “verde” si eres de izquierdas, los demás no solo no somos “verdes” sino que somos unos exterminadores de cuanta especie animal o vegetal se cruce en nuestro camino y unos generadores compulsivos de CO2 y de basura que arrojamos deliberadamente al mar para matar a las tortugas.

También lo han hecho con la lucha contra la discriminación del colectivo homosexual, algo legítimo en tanto en cuanto no se debe discriminar a nadie por razón de su raza, sexo, religión o cualquier otra diferencia respecto a la mayoría, hasta que ha llegado esta gentuza y han decidido que todos los demás somos unos homófobos, agresores en potencia de cualquier homosexual, a los que según ellos odiamos y –si no fuera por ellos– aniquilaríamos. Y ahí están las agresiones en la bacanal orgiástica de la “Fiesta del Orgullo Gay” a todos los que no llevan la hoz y martillo tatuados en el culo.

Y lo han hecho con los más desgraciados accidentes en la historia reciente de España: desde el del barco griego “Prestige” que generó una horrible ‘marea negra’ en Galicia en 2002, y que consiguieron hacer creer que habíamos sido los “fachas” los que habíamos derramado voluntariamente el petróleo y que solo ellos, los ‘progres’, hicieron algo por remediarlo; pasando por el accidente del avión militar Yak-42 en Turquía en 2003 (73 muertos), que según ellos fue derribado por el ministro Trillo Figueroa y que además han conseguido hacer creer que profanó los cadáveres; o accidente del metro de Valencia en 2006 que causó 43 muertes, según ellos por culpa del gobierno del PP en la Generalidad valenciana, y en el que parece que solo gracias al rojerío se ha hecho justicia; o por el accidente del AVE en Santiago de Compostela en 2013, con 73 fallecidos, por una imprudencia del maquinista que, según ellos, también fue culpa del gobierno del PP. Y, en el colmo de la desfachatez, hasta con el terrible atentado de Madrid en 2004 (191 victimas), que han endosado a un grupo de moritos para exculpar a la ETA, masacre que posiblemente ellos sabían que iba a ocurrir y no hicieron nada por evitarlo, que les sirvió para desalojar del gobierno al PP y que, todavía, hacen parecer que fue culpa de la derecha. Solo hay una causa justa, que yo recuerde, en la que no han sido capaces de meter sus pezuñas, y es la memoria y la reivindicación de las víctimas de la ETA, colectivo al que no han conseguido manipular, por lo que han optado por ignorarlo o, lo que es peor, denigrarlo.

Esta estrategia tan bien planificada y ejecutada les da numerosos réditos. El primero, por obvio, es el rédito político ante todos los que se tragan la mentira y creen de buena fe que si no fuera por el rojerío las mujeres seguirían como en Afganistán, la industria seguiría destrozando el Planeta (como en China) o a los homosexuales los seguiríamos colgando de una grúa, como en Irán. Y, por supuesto, que si no fuera por ellos cada año uno o dos petroleros encallarían en las costas gallegas y los trenes descarrilarían un día sí y otro también sin que nadie hiciera nada. Pero no es solo eso, es que además les sirve para montar cuantos chiringuitos necesitan para colocar a los amigos del partido, a los ‘cuñaos’ y a sus barraganas, chiringuitos a los que riegan abundantemente con fondos públicos, para que no les falte de nada. Verdaderamente no se puede pedir más.

¿Y qué ha hecho la derecha al respecto? NADA. En estos asuntos, como en tantos otros, la derecha ni ha estado, ni está ni se la espera. Pronunciarán alguna palabra de queja (con la boca pequeña) cada vez que los expulsen de un acto o que los calumnien con falsedades de bulto, pero seguirán permitiendo la “orgía del orgullo gay”, seguirán permitiendo que el Día de la Mujer Trabajadora, el 8 de marzo, las furcias que no han trabajado nunca den lecciones de igualdad a los millones de mujeres que además de cuidar a su familia se levantan cada mañana para ir a su trabajo, y seguirán consintiendo que el próximo 22 de abril, Día de la Tierra, los eco-radicales de Greenpeace insulten a los miles de agricultores, ganaderos y cazadores que, día a día, cuidan de verdad la Naturaleza. Y no solo seguirán permitiéndolo, sino que suplicarán que los “inviten” a esos actos “reivindicativos” (como hizo, de modo bochornoso, el nuevo alcalde de Madrid, señor Martínez-Almeida, en la última orgia del orgullo gay) y seguirán subvencionando con fondos públicos a los centenares de ONGs, fundaciones y sectas que usan ese dinero para lucrarse, vivir a costa del contribuyente e insultar a las personas de bien.

Así nos va.

 

Tomás García Madrid