Llegará un día, día en que nos encontraremos a hombres y mujeres destrozados, tocados con una profunda tristeza en sus ojos, despojados de su alma desde su más temprana niñez por ruines intereses políticos, mostrando sus rostros una expresión de largo sufrimiento, marcadas sus ojeras como señal que los diferencia de otros adultos que tuvieron una niñez normalizada.

 

Esos que antaño fueron niños felices por pocos años, de súbito reconocerán en nuestra sonrisa ese cariño inconfundible de padre, cariño acumulado durante tantos años de espera en los que soportando un calvario de ilegalidades siempre hemos soñado con este día.

 

Y justo entonces, en el primer beso que les demos, ese primer beso contendrá miles de besos guardados, reservados en exclusiva para ellos, besos que con insistencia reclamaban una salida: sus mejillas como único destino...

El encuentro tornará dulce, intenso, desbordado de emoción… una vez algo serenos, al amor de unas tapas en un tranquilo velador de barrio, sin gente alrededor, como padres comprenderemos en sus palabras, en el relato de lo que ellos describen y nos van contando de su amargo pasado, un pasado de secuestro, confinados en un ambiente mentalmente insano, que «el juez más perfecto para una madre es su propio hijo» y con eso, con un juicio tan rotundo sobre  todo lo que verdaderamente soportaron, unidos por la fuerza de una espera que torna encuentro duradero, compensaremos en una parte tantas injusticias soportadas en nuestras carnes y en nuestra alma por mor de un régimen totalitario corrupto que trafica con votos, que corrompe lo mejor de la infancia, que roba la dignidad de las mujeres a las que engatusa para teledirigidas como títeres de feria.

Nacionalfeminismo español o Industria de Género que consiente y ampara el secuestro de menores con la intención de desestabilizarnos emocional y económicamente a los padres, hasta abocarnos a la desesperación, porque a sabiendas nos quitan lo único que nos sostiene con vida en este mundo: ese amor desinteresado e incondicional a nuestros hijos y el de nuestros hijos a nosotros.

 

José R. Barrios