Los estudios sobre las causas de homicidio de mujeres a manos de hombres mujeres señalan el consumo de drogas y alcohol, enfermedades mentales del agresor y convivencia violenta con episodios de peleas como los hechos mayoritariamente relevantes. 

España, un país acientífico en temas de política familiar e intrafamiliar, ni siquiera contó en su día con un estudio solvente a raíz del cual haber puesto marcha la macabra LIVG 2004, Ley que se está mostrando contraproducente al no haber rebajado el número de muertes de mujeres, sino más al contrario, ser la responsable de un aumento sostenido de las cifras. Se trata de una Ley de base ideológica, sin cimiento alguno de cordura, sensatez o cientifismo, pues atribuye al machismo y al heteropatriarcado, dos entes inmateriales, la responsabilidad exclusiva de las muertes de mujeres a manos de su pareja o exparejas, varones se entiende, porque si fuese a manos de otra mujer, entonces esos datos entrarían en el agujero de negro de las estadísticas inexistes.

¡El machismo mata! Es uno de los lemas favoritos del régimen nacionalfeminista español. Sin embargo, en palabras de Alicia V, Rubio,  «en España, tenemos una de las tasas más bajas de Europa de uxoricidios (asesinato de una mujer a manos de su marido) pese a que nos la presentan como algo desproporcionado. No pasamos de la tasa de 2 por millón de habitantes, en tanto que Austria tiene una tasa de 9 por millón y Finlandia de 10 por millón».

Otra gran mentira del feminismo radical carmencalviano, teresadelaveguiano o bibiano, tanto monta, monta tanto, es eso de bajar a cero el número de mujeres muertas a manos de su pareja o expareja cuando ello, estadísticamente es imposible, dada la existencia de la tasa o índice de inevitabilidad. En una población de 24.000.000 de mujeres (51% de la población), de ellas un 10% extranjeras de diversas culturas y procedencias, es inevitable que cada año su relación de pareja o expareja no tenga en frente a un enfermo mental, un drogado, un enajenado o sencillamente un malvado, ello nos conduce a un número relativamente constante e inevitable de mujeres asesinadas cada año que es lo que se conoce como tasa o índice de inevitabilidad y sobre el que no hay medida alguna que pueda reducirlo, siendo una colosal mentira eso que dicen las altas cargas del Estado de bajarlo a cero ¿Se puede bajar a cero las muertes en la carretera o los accidentes de trabajo? La única medida que bajaría el índice de inevitabilidad sería esposar a cada una de las mujeres, unos 24.000.000 en la actualidad, un policía las 24 horas del día y ello parece complicado, de ahí que eso de bajar a cero el número de mujeres asesinadas, aunque sería lo ideal, es una de las muchas mentiras con las que rellenan su agenda de hojas color violeta las vividoras de la Industria de Género.

Es más, se está demostrando que la LIVG 2004 ha creado dos tipos de agresores que parten de un mismo hombre, un varón desterrado de su barrio al que se le ha arrebatado el calor de sus hijos y que vive en la miseria, de las limosnas de amigos y conocidos, de la pensión de sus ancianos padres, una criatura que masculla incesantemente el cúmulo de injusticias que tiene que soportar en una existencia que se le vuelve lacerante y en la que todo es oscuro, ningún hálito de esperanza, ningún resquicio por el que entre luz frenará a esta bestia que ha modelado el Estado de Género, tres o más de esta subclase social se suicida cada día en España, pero unos cuantos optan por la venganza y por acabar con todo, de ahí que estos últimos eleven el índice de inevitabilidad y las muertes de mujeres hayan aumentado tras la vergonzosa y pesetera LIVG 2004, una macro Ley manchada con sangre de mujer. Porque la injusticia, aunque los ejecutivos y ejecutivas –los del Poder Ejecutivo– lo saben de sobra, engendra violencia y en este caso concreto eleva el índice de inevitabilidad gracias a su LIVG 2004.

 

José R. Barrios