La conocida expresión:
 
"Quien fué a Sevilla, perdió su silla."

Parece aludir a un hecho histórico ocurrido en el siglo XV del que fueron protagonistas dos miembros de la distinguida familia de los Fonseca cuyo palacio en Santiago de Compostela fué después Universidad cantada en tunas inolvidables y es hoy la biblioteca de la ciudad.

Siendo Alonso de Fonseca I arzobispo de Sevilla, su sobrino del mismo nombre, conocido en la historia como Alonso de Fonseca II, fué nombrado a su vez arzobispo de Santiago de Compostela, y allá se marchó. Pero el joven se encontró con una región llena de revueltas, y estaban muchos contra su cargo de arzobispo. Como no se pudo hacer con la situación consultó con su tío el de Sevilla. Ambos decidieron, entonces, intercambiarse temporalmente sus diócesis, de modo que Alonso I viajó a Santiago, mientras el II iba a Sevilla.

Una vez pacificado el problema santiagués, Fonseca I decide retornar a Sevilla, pero el sobrino, ambicioso, se negó a abandonar por las buenas el arzobispado sevillano, hasta que intervino el propio rey Enrique de Trastámara e incluso el papa, ya que el sobrino alegaba que el pacto habia sido permanente. A su vuelta a Santiago, el chico armó tal revuelo, que fué encarcelado 5 años.

Sin embargo, pasado el tiempo, el sobrino llegaría a ocupar más altos cargos eclesiásticos, cediendo el arzobispado a su hijo (sic): así eran entonces los asuntos de la Iglesia.

La forma original de la frase fué:

“Quien se fué de Sevilla, perdió su silla”.