¿Recuerdan a Juana Rivas? Es la petarda y zumbada mental que secuestró a sus hijos pequeños, hurtándoselos a su padre (el italiano Francesco Arcuri). Fue en 2017. Incumpliendo el régimen de custodia dictado por un Juez, no devolvió a sus hijos con su exconyuge tras las vacaciones.

La 'llorona' Rivas (convertida en fenómeno mediático) y su 'asesora', enchufada en un centro 'psicosocial', habían decidido secuestrar a esos menores y regar al padre de denuncias falsas de malos tratos hacia los menores sistemáticamente archivadas.

La Justicia italiana había establecido la custodia favorable al padre de los niños. Rivas, empoderada por su ideología feminista y las voceras del rojerío, no aceptó esa decisión judicial 'heteropatriarcal' y decidió robarlos. Así pues Juana estuvo varios meses 'huida', con sus hijos sustraídos ilegalmente, y convertida en icono de 'heroicidad' por la izquierda feminista que coreaba: 'Juana esta en mi casa', en apoyo de una delincuente peligrosa.

La susodicha también recibió la comprensión del entonces Presidente, maricomplejines Mariano Rajoy, que llegó a decir que 'como madre había que comprenderla'.

Pues bien: esa supuesta 'pobrecita madre' endiosada por toda la clase politica progre y parte de la sociedad, fue detenida y condenada finalmente por secuestro parental a pena de prisión de 5 años.

La Justicia italiana otorgó la plena custodia a Francesco Arcuri dictaminando el desequilibrio mental patológico de Juana Rivas. Recientemente se ha informado a través de diferentes medios de que la actual Ministra de Justicia, Dolores Delgado (conocida integrante del HAMPA judicial de Garzón y Villarejo para abrir prostíbulos y organizar sobornos) intercedió por Juana Rivas ante el Gobierno italiano: su objetivo era lanzar a la Justicia italiana contra Francesco Arcuri y criminalizarlo para robarle a sus hijos y torpedear su legítimo derecho como padre.

El Gobierno italiano y la Fiscalía no dieron su brazo a torcer y se cagaron en la intromisión de la Ministra Delgado. La Italia de Salvini no esta tan inmersa en la peste feminista como lo está España, donde una Ministra siniestra es brazo ejecutor. El panorama español es verdaderamente repugnante: toda una Ministra del Gobierno de España, corrupta moral, degradada, entregada a la mafia del exJuez prevaricador Garzón, ha sido pillada velando por los intereses del femimarxismo más rancio y canalla entrometiendose incluso en un asunto judicial y legal que no era de su competencia para vendimiar a favor de una delincuente. Estas son las autoridades 'democraticas' del Estado socialista despótico y canalla. Las mismas, por cierto, que han nombrado y tutelado a los Magistrados del Tribunal Supremo que han dictado la aberrante Sentencia que avala la profanación del cadáver de Franco y la violación de un lugar sagrado católico como es la Basilica del Valle de los Caídos.

El Estado de derecho es hoy Estado de desecho. El socialismo que nos lleva a la ruina económica de la nueva crisis ya en ciernes, nos mete en el más agrio totalitarismo marxista cultural para que AHORA SI, a España no la reconozca 'ni la madre que la parió'.

Franco no fue un Dictador, porque no dictó el pensamiento de los españoles ni trató de transformar España a golpe de ingeniería social: los socialistas si lo han pretendido siempre, por eso llevaron a España a la Guerra Civil a través del golpismo revolucionario matón de octubre de 1934 y el pucherazo electoral del 36; por eso quieren profanar los restos de quién por España hizo la tarea de conquistas sociales y verdadera libertad (orden público, trabajo y familia) que el genoma socialista del odio desprecia. Ese militar y estadista que hundió al socialismo en la calamidad de la derrota militar y política, murió a los 83 años y en la cama, rodeado del afecto de la mayoría del pueblo español y fue enterrado en lugar sagrado con toda legitimidad y derecho.

Francisco Franco derribó en 1939 la peor dictadura que ayer y hoy sufrió y sufre España: el socialismo. Un socialismo que hoy quiere, de la manera más ruin y vil, acorde a su naturaleza, ajustar cuentas con un muerto cuyo legado y memoria seguirán grabados en el alma de millones de españoles.