Uno de los usos y abusos del dinero público viene siendo el dinero que se gasta de manera absurda e incontrolada en editar miles de Manuales del uso de la lengua española que lanzan Asociaciones Feministas, Sindicatos, Institutos de la Mujer, Ayuntamientos, Diputaciones, Consejerías… y que pretenden imponer circunloquios en los que obligatoriamente aparezcan los dos géneros, léase portavoces y portavozas, miembros y miembras…

 

No obstante, como quiera que las feministas del alto mando militar andan atareadas en mangonear la mismísima Lengua Española, en este caso, como en tantos otros, sería la vicepresidenta del Gobierno y Ministra de Desigualdad, la Sra. Carmen Calvo, quien en rueda de prensa, el 10 de julio de 2018 (ABC, 14/7/2018) diese el primer paso en lo que constituye una evidente presión gubernamental a la Real Academia de la Lengua Española (RAE), encargándole una tarea envenenada con la soterrada intención de operar un cambio sustancial en el conjunto del español o castellano.

 

Se trataba de una primera avanzadilla de reconocimiento que además encerraba una trampa y cuya pretensión no era otra que alcanzar un objetivo de alto valor estratégico para la ofensiva feminista en marcha y el curso de esta guerra: una ansiada «Lengua Española de Género».

 

Al ser éste, el de feminizar la lengua española, un asunto tan delicado, la Sra. Calvo, nos sorprendió al desenvolverse plena de sutileza femenina y al haber ideado, al menos por una vez, una argucia ciertamente sutil, aunque eso sí, al alcance de una veterana generala feminista acostumbrada a ofensivas anti varón de gran calado. De manera que, en vez de encargar un estudio para adecuar la Lengua Española a un lenguaje inclusivo, ¿entonces qué hizo?, pues llevar a cabo una incursión sorpresa y por la retaguardia: el 10 de julio de 2018, anunció tanto en el Congreso de los Diputados como en la posterior rueda de prensa convocada a tal fin, que había encargado a la RAE un estudio sobre «la adecuación de la Constitución Española»a un lenguaje «inclusivo, correcto y verdadero a la realidad de una democracia que transita entre hombres y mujeres».

 

Dicho encargo, semanas después, llegaría por carta al entonces director de la RAE, Darío Villanueva. En la misiva oficial, Calvo resaltaba que «los asuntos del lenguaje inclusivo eran una de las prioridades del actual Gobierno y que, por tanto, reclamaba a los miembros de la institución un informe al respecto» (El País,26/01/2019).

 

El truco que empleó la Sra. Carmen Calvo, pues, fue poner un cebo envenenado en la mismísima mesa del despacho del máximo responsable de la RAE. De modo que una institución independiente, ahora pretendía ser teledirigida y utilizada para intereses puramente electorales por un Poder Ejecutivo sin escrúpulos. Hay que reconocer que osadía tan descarada y grosera retrataba fielmente la baja política que inundaba los garitos del Madrid de aquellos días, pues con la excusa de estudiarla Constitución, en realidad, desde el Gobierno de lo que quedaba de país se ordenaba y exigía a la RAE un posicionamiento académico sobre el lenguaje inclusivo referido al conjunto de la Lengua Española.

 

Inmediatamente, Villanueva nombró una comisión paritaria de cuatro miembros para abordar la tarea que exigía el Gobierno. Sin embargo, frente a las pretensiones lingüístico feministas radicales de toda una vicepresidenta, la doctrina de la RAE en cuestiones de género ya estaba fijada desde el año 2012 en el llamado Informe Bosque, en alusión al académico Ignacio Bosque, y bajo el título «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer». Tal informe fue expresamente elaborado para llamar la atención acerca de las «Guías de Lenguaje no Sexista»publicadas por diversas instituciones. Lo suscribieron 26 académicos de número y sostiene que «las recomendaciones de dichas guías difunden usos ajenos a las prácticas de los hablantes, conculcan normas gramaticales, anulan distinciones necesarias y obvian la realidad de que no hay discriminación en la falta de concordancia entre género y sexo».

 

La trampa de Carmen Calvo, pues, se topaba de bruces con la profesionalidad e independencia de una institución noble y honrada como es la Real Academia de la Lengua.

 

José R. Barrios