Con el debido respeto a las madres que son madres de verdad y el sincero reconocimiento a su alta y hermosa tarea, ello no nos debe hacer ver una cruda realidad como es que las mujeres también matan.

Eso de que las mujeres nunca mienten y nunca matan, no son más que dos frases hechas con las que intentan presentar a los hombres como los únicos asesinos de esta sociedad, alejando de ellos cualquier competencia por parte del otro sexo, el femenino, de manera que tal competencia pudiera estorbar para señalar con el dedo en exclusiva a los hombres, ese sexo que lleva en sus genes todos el potencial destructor de seres vivos.

 

Consultando la Nota de Prensa del Instituto Nacional de Estadística sobre Violencia Doméstica y Violencia de Género (Año 2017) en su pág.11 esta presenta una definición de violencia doméstica: «Todo acto de violencia física o psicológica ejercido tanto por un hombre como por una mujer, sobre cualquiera de las personas enumeradas en el art.173.2 del Código Penal (descendientes, ascendientes, cónyuges, hermanos, etc.) a excepción de los casos específicos de violencia de género».

 

En 2017, según consta en la citada Nota de Prensa, se registraron 6.909 víctimas en asuntos de violencia doméstica con orden de protección o medidas cautelares. De ellas, 4.289 (62,4%) fueron mujeres y 2.574 (37,6%) hombres.

A fuerza de amplificar y extender por doquier, en nuestra sociedad, el perfil del hombre como individuo peligroso, potencial asesino de mujeres, se llega al convencimiento de que las mujeres son inofensivas, cuando estadísticamente la mujer es una asesina especializada en exterminar a las personas más vulnerables de su entorno cotidiano, tales como bebés, niños pequeños, ancianos y personas dependientes. El caso de la asistenta que veja y maltrata a ancianos en una residencia o el de aquella que en un hospital elimina a varias personas son noticias que periódicamente aparecen en los medios de comunicación.

 

En las Primeras Jornadas sobre Mujer y Criminología, celebrada en Madrid, centradas en la mujer como agente de la actividad delictiva, se aclaró que las mujeres atacan y asesinan a quienes conocen y están dentro de su entorno más inmediato: hijos, maridos, padres. Y en el caso de los «ángeles de la muerte» eligen a sus víctimas en ámbito laboral.

 

Una rigurosa noticia aparecida en ABC, actualizada a fecha 15/05/2019 aclaraba qué ocurre en el ámbito familiar, de ahí que no quieran hablar de violencia doméstica o intrafamiliar y únicamente lo hagan de violencia de género: Si bien sólo el 10% de la criminalidad total (hurtos, robos…) lleva nombre de mujer, cuando hablamos de delitos en el ámbito intrafamiliar, la estadística se invierte.

 

«En el filicidio, matar al hijo, las mujeres autoras rondan el 70% y en el neonaticidio (asesinatos a bebés cometidos en las primeras 24 horas de vida) pueden llegar al 95%, esto en líneas generales y a nivel mundial», afirma la abogada y criminóloga Beatriz de Vicente, que se basa en el cotejo de varios estudios internacionales, aunque traslada los datos a nuestro país.  

 

Sólo desde un abordaje de la violencia como violencia doméstica o violencia intrafamiliar podremos comprender qué está ocurriendo en las parejas y en familias, lo que permitiría poner soluciones tratando el todo y no sólo una parte del mismo. Fijarnos solamente en la violencia del hombre hacia la mujer y además tener el descaro de llamarla violencia de género es otra gran mentira, porque la violencia no tiene género, forma parte del ser humano sin distinción de edad, sexo o cultura, máxime en la sociedad tan atormentada y desquiciada en que nos van metiendo.

 

José R. Barrios