La incomprensión no tiene panacea y la tónica radica en la cerrilidad de la sociedad aburguesada que no entiende y critica.

Entre medio de tanta torva removida y en verano transformado con un aire cálido y árido se junta con el invierno. El cual congela el aliento.

 

El ser falangista implica la pérdida del individualismo, de la comodidad y de dejar aún lado el qué dirán, aunque a veces nos influya en nuestro interior de nuestro corazón y este se ligue y se supedite a la razón.

 

Esta ética y estilo se lleva, cual sacerdocio el alzacuellos.  

 

Nosotros cambiamos la sotana por la camisa Mahón portada con orgullo y devoción.

 

La senda de la verdad implica una radicalización de la sociedad ya que esta sigue aletargada como si hubiesen injerido un somnífero y el efecto de dicha somnolencia no les haga despertar de una mentira.

 

Somos revolucionaros, no porque seamos violentos y usemos la violencia como método de imposición, todo lo contrario, amamos la paz y la armonía. 

 

Pero sin jerarquía y cadena de mando no hay disciplina acorde que cumplir.

 

El estado social y sindical será intransigente con aquellos déspotas y convidados egoístas: Los cuales vivan a costa del esfuerzo ajeno y se les aplicará un auténtico correctivo social y verdadero sin piedad.

 

Nosotros no repudiamos el fascismo, pero sí que nos diferenciamos de él en una cosa que no queremos, una dictadura de partido único y una idolatría al estado.

 

La democracia orgánica será nuestra coraza a la tiranía de partidos políticos. Los cuales han demostrado ser utensilios rotos a favor de la clase más fuerte.

 

La verdad perece y la mentira permanece esa es la democracia actual en la que todo sigue igual. Sin cambio alguno, solo espero poder respirar algún día en una patria juglar en la que seamos libres y sin ataduras.

 

El hombre ha de ser libre y tener libertad para hacer aquello que más anhele pero dentro de un orden y de una jerarquía acorde, eso sí, social y justa al margen de tiranías y frivolidades.

 

No se puede ser tropa, sin ser antes marinero o grumete.

 

Enarbolen la bandera roja y negra del yugo y las flechas con nuestra bandera roja y gualda.

 

No levantaremos ovaciones al respecto, tampoco nos agrada el peloteo y los cínicos e hipócritas aplausos y seremos grupúsculos minoritarios, pero si disciplinados y combativos con cualquier injusticia que se tercie.

 

Nos tendrán enfrente: Sin más miramientos

 

 

ARRIBA ESPAÑA

 

PATRIA JUGLAR Y SINDICAL

 

Alberto Sanchez Muñoz