La sentencia condenatoria a Juana Rivas, antes convertida en una heroína, lanzada al estrellato mediático en verdaderos publirreportajes de telediarios, ocasionó un desplome de las acciones de Género que dejaba al desnudo esa estafa del régimen nacionalfeminista que consiste en poner una denuncia de maltrato cuando la señora de turno olfatea un inminente y seguro divorcio. De manera que una histeria colectiva recorrió el espinazo de las generalas del alto mando feminista ante el miedo irracional de perderlo todo de golpe, pues se ponía entela de juicio el único combustible que mueve la gran Teta de Género, «la sacrosanta e intocable denuncia». De ahí que las altas cargas del Estado dedicadas al feminismo sectario y con acceso a los botones de disparo de los misiles crucero tierra-tierra abrieran fuego a discreción

¡Todas a una!, esta es la consigna en caso de vislumbrar un ataque como el que husmeaban con sus naricitas, la sentencia de un juez de provincias que había fisurado la campana que protege la comuna feminista española, una mampara envolvente e invisible que se auto regenera una vez se pronuncia el Gobierno vía ministra de Desigualdad, en espera de que lo haga el Presidente del Gobierno de turno, porque todo sigue sus pasos y tiene sus tiempos en la esfera del Poder, porque el protocolo de Estado de Alarma y Defensa del negocio de Género está bastante estudiado y comprobado, al ser su cometido salvaguardar un preciado tesoro, el de millones de votos de votantas a las que se les escribe el Código Penal a su entero capricho.

Y así, en pie de guerra, el generalato rojimorado inundó el cielo de lo que queda de país con estelas de humo blanco tras sus misiles crucero al aire y en dirección a esa sentencia bizarra localizada al sur de la península. ¡Precisamente el sur, que hasta entonces seguía siendo la punta de lanza del régimen nacionalfeminista, la joya de la corona, su motor e impulsor!

El misil que abría paso a lo que sería una cohetería nunca vista hasta entonces, salvo en el pretérito caso del juez rebelde de Sevilla, el Juez Francisco Serrano, cómo no, procedía desde altas esferas del Gobierno. El País del 28/07/2018, en su página 18, por completo dedicada al caso Juana Rivas, a mitad de la misma rotulaba un titular con una clara insinuación a que el Gobierno sería juez y parte en este desgraciado drama. Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno y ministra del ministerio estrella, el de Desigualdad, ponía las cosas en un calculado y frío ámbito de consuelo: «El Gobierno afirma que le duele la condena y esperará al recurso». Al parecer una sentencia es una enfermedad o dolencia que produce dolor.

La Consejera de Igualdad y Políticas Sociales de Andalucía, Mª José Sánchez Rubio, lanzó su misil tuit: «…un maltratador nunca es un buen padre»; Beatriz Gimeno, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, disparó el suyo: «A los maltratadores “condenados” no se les quita la patria potestad, se la quitan a Juana Rivas por tratar de huir del maltrato»; la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se incorporaba a la ofensiva colándose una vez más: «No vamos a permitir que se normalice que “maltratadores” circulen libres por las calles»; sin descanso, con un descarado e impune despliegue táctico que pasará a los anales de la ignominia, la portavoz parlamentaria del PSOE en Igualdad, Ángeles Álvarez, puso una nota de sinceridad al calificar el fallo de «inquietante».

El Presidente del Gobierno, en el telediario de Antena 3, a poco más de las tres de la tarde del día siguiente, el sábado 28/07/2018, con claro gesto de consternación y un atisbo de firmeza comentó la sentencia y puso las bases para una futura acción de Gobierno: «Respetarla y acatarla, aunque hay sentencias con las que uno se siente más cómodo que otras». El Presidente Sánchez, pues, se sentía incómodo.

Elmundo.es Andalucía, el 27/07/2018 13:04, registraba las palabras del abogado defensor de la Sra. Juana Rivas, el abogado José Estanislao López, quien manifestaba que «recurrirá la sentencia» y a un tiempo la tildaba de «fracaso del sistema judicial». La frase del abogado defensor de la Sra. Rivas, en su día y también a día de hoy, es para nota: «¡Fracaso del sistema!». Pues claro está, Sr. López, lleva usted toda la razón, se trata de un fracaso monumental del sistema, porque es inconcebible, no se explica que con «una denuncia de maltrato» y varios «informes» amigos, «todos confirmando que se trata de una presunta víctima de malos tratos», se pueda escapar una presa abatible cien por ciento, el padre, el supuesto maltratador de turno.

 

José R. Barrios