Somos testigos del inminente Apocalipsis al que nos llevan los descerebrados, oportunistas y en el peor y más habitual de los casos, psicópatas, que conforman la política internacional y de los que, en nuestro país, no estamos exentos.

Nos culpan de sus errores con la misma desfachatez con la que nos engañan y explotan. Nos responsabilizan de falta de criterio a la hora de elegir a nuestros gobernantes.

Por ello, para que nuestro voto, sea de verdad útil, es urgente poder acceder a información veraz, fruto de la ciencia y, por tanto, de la neutralidad. Esta será la que de verdad nos hará libres y nos librará de la subyugación a la que se ha sometido a la población durante años. Lavado de cerebros realizado con la complicidad necesaria de la mayoría de los medios de comunicación, claramente corruptos por los capos del gobierno de turno.

De las diferentes opciones de políticos que hay y dado la urgencia del momento, he elegido difundir la más peligrosa, la política sin conciencia, la del Psicópata.


En cualquier contexto, van a saber que están tratando con psicópatas o al menos, con un perfil psicopático cuando, en relación con un suceso, se formulen estas preguntas:

 

¿Cómo puede hacer todas estas cosas y quedarse tan fresco (o fresca)?

¿No tiene vergüenza? ¿No le importa nadie?

¿Le da igual el dolor que causa?

Seguro que también se han realizado estas y similares preguntas sobre nuestra casta política. Y puede que ahora les recorra un escalofrío al intuir en manos de quienes estamos. Pero no seré yo quien señale a nadie. Para mantener la neutralidad que quiero me caracterice, voy a dejarles, fruto de la investigación de Robert D. Hare, una serie de criterios que definen al psicópata e invitarles a que sean ustedes, quienes saquen sus propias conclusiones.

La psicopatía no es una sola cosa, es un síndrome en el que se entrelazan diferentes síntomas. Lo primero que hemos de hacer es sacar de nuestra cabeza la idea del “asesino en serie” depredador sexual o el caníbal de altas capacidades Hannibal Lecter porque, la mayoría de los psicópatas están perfectamente integrados en nuestra sociedad y ocupan lugares de mucho poder e influencia desde donde pueden satisfacer su necesidad de autogratificación, eso sí, siempre a expensas de otros.

 

Son personas, hombres y mujeres narcisistas, es decir, encantadas de conocerse; verdaderos prestidigitadores a la hora de distorsionar la verdad en beneficio propio y de causar la impresión que desean para conseguir sus fines. Les diferencia de la población normal, la facilidad pasmosa para mentir con total insensibilidad y, por tanto, sin ningún remordimiento por sus acciones. Tras habernos estudiado para detectar nuestras necesidades y carencias, nos dirán con cara lastimera digna del mejor actor de Hollywood, exactamente lo que, consciente o inconscientemente, anhelamos oír para que confiemos y nos entreguemos a ellos. Consiguen “pescarnos” no por lo que dicen sino por cómo lo dicen y porque saben tocarnos donde más nos duele.

 

Otro rasgo llamativo es la indiferencia del psicópata a ser descubierto en sus mentiras. Su desfachatez es tal, que hace que su público caiga en el engaño y niegue la evidencia de que “el emperador va desnudo”.

 

Como explicita Hare, la mayoría de la población se sentiría humillada si se dijese y mucho más, probase públicamente que somos unos mentirosos, pero el psicópata, no. Será muy difícil verlos perder los estribos. Continuarán como si nada, se reirán e incluso, desde sus ojos sin expresión y su cara “perdonavidas” interpretarán a la perfección el papel de víctima ante la incredulidad de los que no sucumbimos a su canto de sirena.

 

Si bien hay muchos factores sutiles de su puesta en escena, su pose y su discurso que se podrían añadir, los resumiremos en que los psicópatas son: arrogantes, fanfarrones, seguros de sí mismos, dogmáticos, pomposos, egocéntricos, dominantes y chulos. Carecen de empatía y remordimientos porque no les importan el dolor y el sufrimiento ajeno. Pero eso, no lo adivinarán a menos que estén bien atentos y no les hayan hipnotizado con sus característicos ojos de serpiente o peor, de tiburón, sin vida, donde la pupila y el iris, apenas se distinguen.

 

Teniendo presente que, no es lo mismo el cortejo electoral similar al flirteo para el enamoramiento que la conducta psicopática, antes de votar en estas elecciones, observen bien, miren a los ojos de aquellos que “aparentan” estar tan afectados por su bienestar desde la posición privilegiada que ostentan, a la que no piensan renunciar por nada del mundo y mucho menos, por ustedes.