Hace un par de semanas, un señor escribió al Correo de Madrid, discrepando del término nacionalfeminismo en los siguientes términos, antes haciéndome llegar el periódico su escrito: «Sr. Barrios, usted envía interesantes cartas al Correo de Madrid, pero en una cosa no estoy de acuerdo con usted: con el tema del nacionalfeminismo». 

El talante tan correcto de este señor me dio energía y motivo para volver sobre dicho término y ratificarme en el mismo, al tratarse de un holocausto lo que está ocurriendo aquí, no sin antes explicarlo con la mayor claridad que pueda. Vayamos a ello, pues: Las similitudes entre el nacionalsocialismo alemán en tiempos de Hitler y el nacionalfeminismo español, que inicia Zapatero, deja pasar Rajoy dándole una palmadita en la espalda y remata Sánchez, tienen en común innumerables elementos de manera que parece, salvando las distancias, calcados el uno del otro. Tales elementos comunes son los que siguen:

 

El nacismo y el nacionalsocialismo español se sustentan en la repetición de mentiras sobre mentiras, de modo que «una mentira mil veces repetida se convierte en verdad» (Goebbels, Ministro de Propaganda del Tercer Reich). La técnica propagandística es, por tanto, exactamente igual. Aquí repiten sin cesar machismo, heteropatriarcado, igualdad, género…

 

- El nacismo centró su exterminio en un grupo social como fueron los judíos, el nacionalsocialismo español lo hace sobre los varones heterosexuales nativos del país.

-Los nazis habilitaron Juzgados de Excepción y leyes especiales para juzgar a los judíos, aquí han creado Juzgados de Género, forman a jueces de Género –léase deforman– y se ha redactado una vasta y basta jurisprudencia feminista inconstitucional, según sexo, para aplicar en Juicios de Género.

-Si bien a los judíos los juzgaba un juez, aquí han quitado de en medio al conjunto de jueces y magistrados, ya que una asistenta social de las instaladas en Ayuntamientos, Institutos de la Mujer y resto de Chiringuitos de Género es apta para certificar la condición de mujer maltratada, lo que automáticamente desencadena pagas, cursos variados a la supuesta maltratada, atención psicológica, etc. Esto es, tal certificación arrebatada a los jueces, pone a funcionar el entramado de empresas de Género, una administración paralela, y a sus peritas de Género.

-Los judíos eran gaseados en cámaras de gas, un procedimiento de muerte rápida; aquí se somete a los varones a una injusticia creciente que los lleva a una insoportable desesperación existencial, todo está estudiado a tal fin: primero se los encierra un viernes por la tarde para que pasen viernes, sábado y domingo noche en el calabozo, ya que el Juzgado de Género abre el lunes a las 9. Ese lunes amanece un hombre destrozado, emocionalmente débil y se le engatusa para que firme una «sentencia de conformidad» en la que él mismo se auto declara maltratador, entonces pasará a un Registro Central de Maltratadores, pagará las costas del juicio, se le impedirá la custodia compartida de sus hijos y se le impondrá una orden de alejamiento. Su vivienda y sus rentas de trabajo serán expropiadas por el Estado de Género, será arrojado a las calles sin hálito alguno de esperanza hasta que acabará suicidándose, un suicidio inducido por el Estado tras una lenta y dolorosa agonía durante meses, tal vez años, un método de exterminio muchísimo más brutal e inhumano que el gaseado nazi (En España cada día se suicidan al menos 3 hombres por motivos de Género, unos 1000 hombres al año).

-Los jueces nazis fueron juzgados en los Juicios de Nüremberg, aquí estamos a la espera de que los responsables y responsablas del nacionalsocialismo español también sean juzgados algún día, exactamente por los mismos delitos de los nazis, exterminio de un grupo social por razón de sexo, en el caso de los judíos fue por razón de raza y cultura.

-Ambos exterminios están tipificados en el Estatuto de Roma y es la Corte Penal Internacional sita en La Haya, la que tiene potestad para juzgar a estos genocidas españoles. Existen miles de pruebas: cartas de despedida de los suicidados, testimonios de sus más allegados antes del inducido desenlace final, legislación feminista inconstitucional y desigual según sexo. Sólo cabe esperar nuestra unión, la de los varones, un bufete de prestigio internacional, un modo de financiación –cada hombre un euro– y dar el primer paso para depurar responsabilidades.

 Gracias a usted, Sr. Desconocido, espero haberle aclarado un poco más este término. Un saludo.

 

José R. Barrios