Una fiscal de Valencia contra los delitos de Odio, Susana Gisbert, propone que «el negacionismo de la violencia de género sea delito» (EFE, 06/12/2019).

Según Susana, lo que pretende tal negacionismo es «hacer invisible la muerte de más mujeres en los últimos años en nuestro país».

Cabe aclararle a la Sra. Gisbert, que nadie niega la violencia de género, si se refiere a los dos géneros, ni discute el número de mujeres asesinadas, sino que lo que reclamamos varios millones de hombres en España es que en la violencia de género quepan por igual hombres y mujeres, como que ambos tengan las mismas penas para el mismo reproche penal, sin que haya dos jurisprudencias, una para varones y otra para hembras, porque cada uno de ellos son sujetos de derechos en igualdad de condiciones, independientemente a su sexo.

Si lo que se niega es que al maltrato de un hombre a una mujer se le llame violencia de género y al maltrato de una mujer se le designe como violencia doméstica, eso sí es negable y si ahí reside el negacionismo, entonces yo soy negacionista. Por favor, apúnteme el primero en su lista de acusados de Odio por negacionismo de género, porque me asisten todas las de la ley, en especial y de forma directa y clara nuestra Constitución, la misma que respaldada la igualdad entre personas y la no discriminación por motivos o razón de sexo.

Eso de llamar a un maltrato, maltrato de género y a otro doméstico, no es más que una argucia o trampero para confundir a la gente y hacer de la jurisprudencia un menú a la carta con los mejores platos para ellas y las sobras para ellos.

Niego, pues, que la violencia entre dos seres iguales en dignidad y derechos se llame de distinta forma según el sentido en que ocurra, porque la dirección es la misma. Ese es mi negacionismo, mi único negacionismo, desde el respeto a las muertes de mujeres y mi rechazo a los maltratadores contrastados por su historial, no ese pobre infeliz que es denunciado en falso en un Instituto de la Mujer y pierde en unas horas su casa, sus hijos y su sueldo, pasando a un Registro Central de Maltratadores, además pagando las costas de un Juicio entre Mujeres o asimilados ideológicamente (Juicio de Género) en un Juzgado para Mujeres (Juzgados de Género), con una jurisprudencia para mujeres (Jurisprudencia de Género) y una Jueza de Mujeres (Jueza de Género), infeliz que recibe una Sentencia contra el varón de turno que toque a esa hora y día(Sentencia de Género), un indecente corta y pega, porque todos los hombres son maltratadores por el sólo hecho de colgarles un apéndice entre sus piernas, de ahí que a todos les corresponda la misma pena, da lo mismo que haya empujado a una mujer para repeler sus arañazos tan sólo una vez en su vida en una discusión acalorada que provoca ella o que la lleve humillando treinta años, porque la categoría de maltratador no tiene escalas, o lo eres o no lo eres, perdón: lo serás.

 

José R. Barrios