“Aznar no es nada para el PP”, susurra alguno de los nuevos fichajes del PP que se ha quedado sin escaño después del desastre de las Elecciones Generales. Comicios en que se sometía a votación el marianismo; es decir, la tecnocracia, que nada tiene que ver con la democracia.

 

José María Aznar, es innegable, consiguió en los noventa unir a un centro-derecha divido y peleado para crear un gran partido incluyente que abarcó desde el centro, que se definía socialdemócrata (Luis Gámir), a la derecha (Alberto Ruiz Gallardón, secretario general de AP), pasando por los liberales (Esperanza Aguirre). Un PP que generó ilusión en la sociedad española, después de lustros de felipisimo, con la corrupción anegándolo todo y Felipe González entregado al dóberman, causa primigenia del advenimiento de Rodríguez Zapatero y, por tanto, de la situación de liquidación en que hoy se encuentra el centro-izquierda.

 

Aznar organizó, junto con Álvarez Cascos y Miguel Ángel Rodríguez, un partido capaz de sacar a España de grandes mentiras, luego adoptadas por Rajoy en su mezquino empeño por matar al padre, de que la única salida a una crisis es subir impuestos. Demostró en los noventa que es justo al contrario, que el dinero donde mejor está es en el bolsillo de la gente. Y contuvo a Montoro, que anda en el gobierno de Rajoy mostrando su cara socialdemócrata. Con Aznar fuimos de la quiebra inevitable de la caja de las pensiones, a las mayores cotas de bienestar que se han disfrutado. Eso fue el llamado “milagro económico”.

 

Empero, es innegable que Aznar cometió grandes. En mi opinión, el más grave de ellos, fue negarse a entregar los papeles del CESID a la Justicia; es decir,rendirse al consenso, del cual no había formado parte hasta ese preciso instante. Tan era así que el grupo PRISA intentó perpetrar en 1996 un golpe de estado en Génova 13 que evitase que Aznar llegase a Moncloa. Alberto Ruiz Gallardón, la derecha más a la derecha del PP, tan ensalzada por ex franquistas como Juan Luis Cebrián, estaba en el enjuague.

 

Pero, como digo,

Aznar creó un partido capaz de ilusionar a jóvenes y adultos. De ahí la mayoría absoluta del PP en el año 2000, que demostró que otra gran mentira es esa que abocaba a España indefectiblemente a tener gobiernos de izquierdas intervencionistas.

Aznar creó un partido capaz de ilusionar a jóvenes y adultos. De ahí la mayoría absoluta del PP en el año 2000, que demostró que otra gran mentira es esa que abocaba a España indefectiblemente a tener gobiernos de izquierdas intervencionistas. Y que puso de los nervios a un PSOE que, desde 1989 y con la caída del Muro, se había quedado sin discurso y corría a abrazarse a las bioideologías, nacidas de la mezcla del economicismo típico de la socialdemocracia y el biologicismo que hunde sus raíces en el nacional-socialismo. Sea como fuere, en el año 2000 los españoles votaron menos Estado y más individuo.

 

Frente a esto, el marianismo ha convertido al Partido Popular desde el año 2011, en que el presidente invitó a los liberales a abandonar la formación, en un partido excluyente que, por demás, ha adoptado como suyo el sistema autonómico, convirtiendo así al PP en un partido sin liderazgo en que cada baroncito territorial, cada oligarquía regional, hace lo que le conviene. ¿Dónde quedó el Plan Hidrológico Nacional del PP, vertebrador de una España unida, señor Rajoy?

Por otra parte, no hay sector social del centro-derecha al cual Rajoy no haya pisado los callos. Los pro-vida están que trinan. Los diputados contrarios a la cultura de la muerte han sido barridos de las listas electorales. El otrora heroico PP vasco ha desaparecido. Los autónomos siguen siendo los grandes perjudicados. El emprendimiento es una heroicidad en el país de Montoro. Las libertades individuales han sido cercenadas hasta tal punto, que lo que es un escándalo mayúsculo, la publicación de la lista de morosos con Hacienda, se ve como normal. Las víctimas del terrorismo están divididas. Su asociación mayoritaria, la AVT, ha sido cruelmente ignorada por el ministerio del Interior, al frente del cual en los tiempos en que el PP presentaba resistencia estuvo Jaime Mayor Oreja. Mientras, alguna de las familias de los asesinados en los atentados terroristas de París, pero también de los presentes en Túnez, han tenido que recurrir a la AVT. Es el nuevo PP. El de Soraya, Montoro y Margallo. El de los que desprecian la política. De los economicistas. De los socialdemócratas.

 

De ahí que el creador del partido, que no es otro más que José María Aznar, esté que echa las muelas. Pero yerra al limitarse a acudir a comités ejecutivos en que Rajoy lo manda a un lateral o en filtrar su descontento a la prensa. Debería presentarse a un congreso del PP y mandar a Rajoy y Soraya –esta última empieza a sonar en los mentideros como relevo, lo que sería el fin del PP– de vuelta a sus puestos de registrador de la propiedad y abogado del estado respectivamente.

 

No sería la primera vez que tal cosa sucede en el PP. Manuel Fraga dimitió en 1986 como presidente de AP, convencido de que tenía un techo electoral que hacía imposible un avance del centro-derecha, y cedió los trastos al extremeño Antonio Hernández Mancha, que no era diputado. Fue un desastre en toda regla. La absurda moción de censura que presentó en 1987 contra Felipe González fue la gota que colmó el vaso. Dos años después, Fraga decidió echarle con cajas destempladas, y en el XI Congreso Nacional retomó las riendas del partido, al que ya llamó PP. Poco después, de la famosa reunión que tuvo lugar en Perbes, José María Aznar salió nombrado líder. Un Aznar que echó a los inmovilistas para crear la gran formación que disputaría la Moncloa al PSOE, que por aquél entonces parecía iba a estar eternamente dirigiendo los destinos de España.

 

Fraga, cuando vio que Hernández Mancha estaba liquidando su proyecto, dio un paso al frente, mandó a casa a los tecnócratas –a los que por cierto ha rescatado Rajoy- a casa, y buscó un nuevo sucesor, y luego le dejó hacer.

¿Qué tal si Aznar repitiera la jugada? Quizá sería la única salida no ya para el PP, sino para una España amenazada por el populismo.

 

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN VOZPOPULI.COM