La vice Carmen Calvo, una alta carga del Estado, que en temas de feminismo radical es presi, afirmaba el 14/07/2019 en El Mundo que «el feminismo se lo ha “currado” el socialismo: “¡No es de todas, bonita!”, ya que se gestó en el seno del socialismo a lo largo de sus años de historia y, por tanto, “no es de todas”. El feminismo “no es de todas, no bonita”, nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista». Una vez localizada la filiación del nacionalfeminismo español, cabe preguntarnos cuál será la línea ideológica que el PSOE y sus amigos de aventura, léase PODEMOS, van a imprimir a la nueva deriva del feminismo de nuestros días, feminismo denominado como de cuarta generación o cuarta ola.

 

Una vez asentada la Industria de Género en España, de la que vive medio país colocado en una administración paralela y clientelar, un ejército de bocas agradecidas con su voto hipotecado, criaturas de género localizables en Institutos de la Mujer, Observatorios de Género, Juzgados de Género y miles de entes periféricos en los que trabajan peritas de género que elaboran informes y acreditaciones de género (psicólogas, abogadas, asistentas sociales, etc); una vez sin cabeza ni norte el Sistema Educativo español, convertido en una hidra de 17 cabezas, tantas como Comunidades Autónomas que gobiernan a su entera voluntad siguiendo los postulados LGTBI que inundan las aulas de la Escuelas Pública, cabe anotar los signos distintivos de ese feminismo 4.0

 

En palabras de la profesora María Blanco, escritora del libro «Afrodita desenmascarada: una defensa de feminismo liberal» (Deusto), «ahora vamos hacia una “cuarta ola” feminista con objetivos espurios: que los hombres lleven tacones o que los niños carezcan de identidad sexual».

 

El uso y abuso ideológico de la escuela Pública es, sin duda, el signo que videncia la instauración de un régimen totalitario, eso que en su día, el Juez Francisco Serrano bautizó como la Dictadura de Género, por el cierto el título de su excelente libro publicado por la editorial Almuzara, un manual de referencia que destaca y brilla entre los libros de esta temática de tanta relevancia social, pues nos conducen, poco a poco y sin pausa, al desfiladero.

 

Volviendo al signo distintivo del feminismo de cuarta ola, éste no es otro que la destrucción de la familia. Para ello desnaturalizan los sexos, esto es, rompen la bipolaridad hombre-mujer y proponen una homosexualidad generalizada, una especie de nuevo ser vivo cuya sexualidad gira en torno a un dildo o falo de goma. En realidad, se trata de un culto al falo, una falocracia que convierte al matriarcado opresor de nuestros días en un chiste, ya que se vuelve a los orígenes de un supuesto patriarcado. Estamos, pues, ante un sinsentido además cargado de estupidez, aunque, eso sí, de efectos tóxicos y nocivos para la misma sociedad cuyo tejido se desgarra cada vez más. La familia está inmersa en crisis interesada y provocada, mantenida y sostenida por poderes económicos, los creadores de ese feminismo 4.0, un producto de laboratorio. La misma iglesia se muestra timorata y ajena a un ataque despiadado a la común unión entre hombres y mujeres, ¿quizás también esté comprada?, todo es posible en una sociedad, más que ninguna otra, la española, que es un títere en manos de políticos incompetentes y lesivos al bien común.

Permitir, consentir y apoyar la destrucción de la familia es poner alfombras de terciopelo al desembarco del Islam, una conquista silenciosa que opera a la sombra, pero que avanza de manera inexorable e imparable. He aquí el trasfondo de ese feminismo de cuarta ola, el último feminismo, el tonto útil por y para el inminente desembarco de una nueva religión.

José R. Barrios