Tras la muerte de Arturo Fernández, dijeron que moría el último galán español y estoy seguro de que es así. Moría con él una generación, la generación de nuestros abuelos, un mundo entrañable, que ya no volverá. Desaparece el encanto del gramófono, la radio de posguerra, el tocadiscos... ahora tenemos Operación Triunfo.

 

A partir de ahora ya no habrá galanes, sino actores feministas por la igualdad. Todo lo que no sea feminismo es fascismo que hay que exterminar de una sociedad que ellas llaman demócrata. No buscan la igualdad sino el empoderamiento que someta al varón. Están ávidas de venganza y cuentan con la complicidad de los poderes fácticos, sumisos a su ideología.

 

La hegemonía de la izquierda en el mundo del cine y del teatro es cada vez más escandalosa y más empalagosa. Si para ser masón hay que pisar un crucifijo, para ser actor hay que pisar el logo de Vox en una ceremonia iniciática bendecida por el gran maestro de la logia de Galapagar y la sacerdotisa Irene Montero. Te dan un pase VIP a los Goya y si criticas públicamente a la ultraderecha subes de grado.

 

Como botón rojo de muestra tenemos las patéticas y vomitivas palabras de la ¿actriz? progre María León, que afirmó: “Vox me crea un cáncer. Me crea un dolor.  Vox me da ganas de vomitar. No puedo pensar ni siquiera que sea real. Es una pesadilla, una mala película”.

 

Pues sí María León (o Mariano Leona para no discriminar a nadie), esa pesadilla ha venido para quedarse y para hacer frente a su repugnante discurso contra España y su moral católica. En las redes sociales la pusieron fina, ella sí que es una pesadilla. ¿Qué queda de la dama española?

 

Antes de todo debo decir que como católico practicante, que lucha cada día por ser coherente, estoy convencido de que las relaciones sexuales solo caben dentro del matrimonio y es ilícita toda relación sexual fuera de él y algo mucho peor, una ofensa grave a Dios. Esta es la moral católica que se ha enseñado siempre y si a alguien le parece exagerado puede solicitar un carnet de “católico” modernista.

 

El sexo, aunque sea consentido, es totalmente ilícito fuera del matrimonio, por lo tanto es lo primero que debemos condenar. El un país católico ideal, como fue España, Cristo debe reinar en la sociedad y por tanto la moral y las costumbres de la sociedad no deben neutralizar el buen olor de Cristo.

 

Dicho esto, es perverso que hoy en día la palabra de una mujer sea entronizada como una especie de palabra de Dios y haya desaparecido la presunción de inocencia del varón. Actualmente si una mujer quiere amargar a un hombre y hacerle la vida imposible, lo puede hacer porque tiene todo a favor desde las leyes inicuas que lo inculpan por ser varón hasta la última asistenta social, pasando por toda la clase de chiringuitos feministas, que con dinero público van a sacar hasta las entrañas del varón. Me llegan muchos casos de hombres con la vida destrozada.

 

Sentencias escandalosas como la de la Arandina hacen que los hombres a partir de ahora se lo vayan a pensar dos veces. Ya ni siquiera sirve el consentimiento verbal porque si no se graba, no se puede demostrar. A partir de ahora las relaciones sexuales tendrán que ser tras pasar por el notario.Yo fulanita, en libre uso de mis facultades mentales, consiento libremente tener relaciones con menganito.

 

Javier Navascués Pérez