La ideología de género es sin duda una de las mayores aberraciones de nuestro tiempo y uno de los síntomas de decadencia de nuestra civilización, que quiere corromper a las futuras generaciones. Es algo monstruoso que no sólo atenta contra la Ley de Dios sino contra la propia razón. Una ideología perversa que obedece a un plan bien trazado para dinamitar la moral católica y al propio hombre. Es bueno que los católicos conozcamos en profundidad una de las mayores amenazas para nuestros hijos.

 

Para conocer con precisión su maldad intrínseca es bueno abordar el tema en profundidad desde la ciencia y la moral católica. El P. Álvaro Sánchez Rueda, sacerdote, médico, y escritor, desde sus conocimientos y experiencia, analiza en profundidad la perversidad de esta doctrina que nos quiere imponer.

 

¿Qué es el sexo biológico y qué es lo que lo determina?

 

Buena pregunta para estas épocas del triunfo de la Teoría Queer, una fusión del neo-marxismo cultural en el que se mezclan la dialéctica, el psicoanálisis freudiano, el ultra-progresismo, un grave intento por invertir y destruir no solo un concepto y no solo a la familia, sino al cristianismo en su conjunto. Podemos decir que el sexo biológico es la genitalidad corpórea con la que nace toda persona y está determinado por la conjunción de los llamados “cromosomas sexuales”: XX en la mujer y XY en el varón. La constitución cromosómica, que determina la sexualidad biológica, tiene gran incidencia en el organismo, que funciona de manera distinta en áreas específicas –por ejemplo, órganos sexuales-, según se trate de varones o de mujeres.

 

El sexo biológico se determina en el momento de la fecundación, proceso que se inicia en el momento en el que el espermatozoide se adhiere al revestimiento extracelular del ovocito, la zona pelúcida.

 

El resultado de la fusión de los gametos sexuales materno –ovocito- y paterno –espermatozoide-, es el cigoto o embrión uni-celular. Cuando los gametos sexuales se fusionan restituyen los pares de cromosomas normales y además aportan los denominados “cromosomas sexuales”, cuya combinación configurará la sexualidad del nuevo ser: “En el momento de fundirse los gametos masculino y femenino cada uno de ellos aporta un determinado número de cromosomas con sus respectivos genes. En el caso del hombre, cada uno de los gametos aporta 23 cromosomas, de los cuales 22 son homólogos (autosomas) y uno heterólogo (heterosoma) o determinante del sexo (x en el óvulo, x-y en el espermatozoide), constitutivos de una nueva célula de 46 cromosomas –el cigoto- como todas las demás células humanas (…) la vida humana comienza en ese momento, pues indefectiblemente sólo puede ser humano lo derivado de gametos y cromosomas humanos”.

 

¿Qué es la corporeidad de la persona?

 

La corporeidad de la persona es la expresión fenotípica del genotipo contenido en los cromosomas que le pertenecen como consecuencia de la fusión de los gametos paternos. Es la materialización del código genético inserto en el genotipo que resulta de la combinación de los cromosomas paterno y materno. Por la corporeidad –el fenotipo, que es la expresión visible del genotipo-, se hace visible lo que está “invisible”, es decir, contenido en el genotipo. Nada de lo que forma parte de la corporeidad –sexualidad biológica, color de cabello, color de ojos, etc.- es agregado artificialmente; todo está contenido en el genotipo. Podemos decir que la corporeidad es lo que caracteriza a lo corpóreo, a lo material, es decir, a lo que dispone de cuerpo o consistencia. En el caso del hombre, se trata de un ser vivo cuyo cuerpo es inerte sin el principio vital, que es el alma. Ahora bien, el alma, al ser el principio vital, es lo que da vida a aquello que constituye el cuerpo humano –órganos y sistemas- por medio de los cuales el hombre se relaciona con el mundo e interactúa con él. Es a través del cuerpo que el individuo humano percibe el mundo y se comunica con él, desplazándose por la motricidad y generando relaciones interpersonales por medio de la psicología y la biología. En el caso del hombre, la corporeidad es sexuada desde la concepción por lo que su sexualidad corpórea forma parte de su modo de interactuar con el mundo y con sus pares. Por la corporeidad el ser vivo se diferencia de otros seres corpóreos y a través de la corporeidad interactúa con ellos.

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Dice el Papa Juan Pablo II que la corporeidad de la alteridad “varón-mujer” se caracteriza por ser sexuada, que es una forma distinta de encarnación del ser hombre: varón o mujer. Es propio del hombre ser alma y cuerpo, pero es propio también el que este cuerpo sea sexuado. Esto último se presenta como una característica propia de la especie humana. El hombre no ha sido creado ni puramente varón ni puramente mujer, sino como varón y como mujer. Al ser sexuada –y sexuada como varón o como mujer, y nada más-, la corporeidad humana determina, desde un inicio y de forma natural, cómo y de qué manera se entablarán las relaciones con el mundo que lo rodea.

 

Ahora bien, esta corporeidad sexuada, dice el Papa Juan Pablo II, es un don para el otro, ya que permite la expresión del espíritu y la comunión de personas. A través del cuerpo sexuado –masculino o femenino- el espíritu humano se expresa en su tendencia constitutiva de ser comunión de personas. Ahora, bien, se debe decir que la corporeidad sexuada, si bien comparte características físico-biológicas similares con seres irracionales, a pesar de un cierto parecido externo –en la genitalidad- se diferencian de estos seres irracionales con una diferencia abismal, ya que como hemos visto, en el ser humano, la corporeidad sexuada es un medio de la expresión del espíritu, lo cual no sucede de ninguna manera en los animales irracionales.

 

¿Hasta qué punto estas diferencias biológicas intervienen en las diferencias estructurales y funcionales entre el cerebro masculino y femenino?

 

Siguiendo al Papa Juan Pablo II, podemos decir que las diferencias biológicas entre el varón y la mujer no solo determinan diferencias funcionales entre sus respectivos cerebros, sino entre sus cuerpos. Es decir, el hombre es creado diferente, como varón y como mujer y en esta “alteridad” es en donde el hombre encuentra la plenitud, porque se auto-trasciende en la donación de sí mismo al “otro” –el varón a la mujer y la mujer al varón-. En esta donación mutua, posible por la alteridad y por la diferenciación biológica, sexual, psicológica, afectiva, emocional y espiritual, el hombre encuentra la plena realización de sí mismo. Esto se ve, por ejemplo, en la aparición del hijo como fruto de la complementariedad de los sexos. Es en la diferenciación sexuada en donde el hombre encuentra la plena realización de sí, no en la unificación ni en la igualdad –siempre artificial- de los sexos. En esta concepción, la felicidad está en la auto-trascendencia y donación esponsal de sí mismo al donarse plenamente al “diferente”.

 

En el caso de la bipolaridad varón-mujer, la alteridad se presenta con esta característica: al tener delante de sí al “otro” –el varón a la mujer y la mujer al varón-, se abre la posibilidad, siempre que exista el amor de tipo esponsal, de la donación plena, corporal y espiritual, y, por lo tanto, de la plena realización de sí en la trascendencia.

 

Si no hay alteridad, no hay amor esponsal y no hay posibilidad de apertura al otro, y el hombre queda encerrado en sí mismo: sin amor esponsal, la trascendencia se frustra y se convierte en inmanencia.

 

De esto se comprende que, en las uniones entre individuos del mismo sexo, no exista la posibilidad de la auto-trascendencia y de la plena realización, es decir, de la felicidad. La ausencia de bipolaridad, cuando se pretende imitarla y suplantarla por sucedáneos constituidos por uni-polaridades –individuos del mismo sexo- imposibilitan el acceso a la felicidad personal, al bloquear la posibilidad de la auto-trascendencia.

 

¿Qué entendemos por sexo psicológico?

 

Se llama así a las vivencias psíquicas como varón o como mujer: naturalmente, el sexo biológico se corresponde con el sexo psicológico. En otras palabras, cuando un ser humano posee los cromosomas sexuales XY, sus vivencias psicológicas son las de un varón; cuando la combinación de los cromosomas sexuales es XX, las vivencias psicológicas corresponden a las de una mujer.

 

¿A qué años se suele formar esta conciencia psicológica?

 

La conciencia psicológica comienza a formarse a la edad de dos o tres años; generalmente, como dijimos, coincide habitualmente con el sexo biológico, aunque haya excepciones, causadas ya sea por factores culturales, sociales, etc., o bien por pseudo-hermafroditismo.

 

¿Suele coincidir con el sexo biológico?

 

El sexo psicológico coincide, en un alto porcentaje, con el sexo biológico. De hecho, las no coincidencias son un porcentaje bajo del total. La no coincidencia entre el sexo biológico y el psicológico –exceptuando el pseudo-hermafroditismo- se da de forma artificial, cuando se introduce en la persona la perversión de la sexualidad biológica, contraponiéndola, por medio de una ideología –la ideología de género- con la sexualidad psicológica. Se produce un daño enorme a un niño, con sexo biológico correspondiente al varón, al cual se le hace creer que “puede ser lo que quiera” en el sentido de poder cambiar artificialmente su sexualidad. Es un cambio que sucede solo en su mente, obviamente, puesto que la genética es imposible de modificar. Pero el daño ya está hecho, cuando se convence a una persona de que su sexo biológico no necesariamente debe coincidir con su sexo psicológico.

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¿Qué factores determinan que haya excepciones?

 

Hay excepciones en la naturaleza humana, en trastornos como el pseudo-hermafroditismo humano, en donde la sexualidad genética es una, pero su expresión fenotípica –visible- es otra, o al menos no es plenamente lo que determina la genética. Es decir, el pseudo-hermafroditismo es un trastorno en el que el individuo posee ambos órganos sexuales –masculinos y femeninos- aunque no tienen la capacidad de reproducirse de las dos maneras, como ocurre en el hermafroditismo verdadero que se da en el reino animal. Por esta razón es que en los humanos se habla de “pseudo-hermafroditismo” o “trastorno intersexual”; es una anomalía que se origina durante el embarazo. Se produce, cuando el feto es femenino, cuando la madre, a través de sus glándulas suprarrenales, fabrica un exceso de hormonas masculinas, lo cual se traduce en una alteración en los genitales externos. Si el embrión es masculino, el pseudo-hermafroditismo se produce cuando sus tejidos no elaboran suficiente testosterona, lo cual se traduce también en la genitalidad externa, que se presenta con características femeninas y masculinas. También pueden incidir factores ambientales, como una inadecuada educación familiar.

 

¿Qué es el sexo sociológico y que factores lo determinan?

 

El llamado sexo sociológico o civil es la sexualidad con la que el ser humano es percibido en el ámbito social. De igual manera, de modo habitual, coincide con el sexo biológico y el sexo psicológico. En este último ámbito se han producido cambios, ya que la percepción social es fruto de procesos históricos y culturales: por ejemplo, hace unos siglos no se concebía a una mujer como militar.

 

Además de esto, hay otros factores que conviene tener en cuenta, como la identidad sexual. Por la identidad sexual, propia del varón y de la mujer, ambos razonan, sienten y experimentan de forma distinta, como “típicamente masculino” y “típicamente femenino”. La identidad sexual hace patente el hecho de que la unidad y la igualdad entre el varón y la mujer no anula las diferencias entre ellos. La necesaria unidad e integración en la persona de los sexos biológico, psicológico y sociológico para la plena realización de la identidad sexual. La identidad sexual de una persona resulta de la conjunción de tres aspectos: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo sociológico. A su vez, estos aspectos se derivan de la unidad que existe entre las dimensiones corporales, psíquicas, espirituales y sociales.

 

 

Diferencia en la definición entre los términos sexo y género...

 

Podríamos decir que el sexo es la genitalidad determinada por la naturaleza o la biología, es decir, es lo que está marcado por el genotipo (el contenido genético cromosómico). El sexo es la genitalidad inmodificable y determina –o al menos debería- la sexualidad y el comportamiento sexual del sujeto, ya que se trata de un dato objetivo y dependiente de la naturaleza. La Ideología de género es una construcción artificial, ideológica, según la cual el sexo no determina la sexualidad o comportamiento sexual de la persona, ya que ésta, independientemente del dato objetivo de la biología o naturaleza, puede vivir su sexualidad según le parezca y no según lo determine la biología o sexología. En la ideología de género hay una anulación total del dato objetivo-biológico y una primacía –artificial- del dato ideológico. Para la ideología de género, los roles que tradicionalmente se atribuyen al varón y a la mujer –basados a su vez en la biología- son meras “construcciones sociales” o “culturales” que hay que “deconstruir” para construir un nuevo paradigma –la ideología de género- que rechaza de plano el dato biológico para tener en cuenta solo lo ideológico. Con el término “género” se hace referencia, por lo tanto, no a la sexualidad de alguien, sino a “roles socialmente construidos”, roles que dependen de la voluntad y de la libertad omnímodas del hombre.

 

En la cumbre de Pekín se diferenció a “sexo” de “género”: “El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio”. Por una parte, “género”, entonces, no está asociado a “sexo”; por otra parte, es un “rol” que desempeñan hombres y mujeres, además de tratarse de una “construcción social sujeta a cambio”.

 

Con estos supuestos, los partidarios de la perspectiva de género pretenden suprimir las nociones que, desde el inicio de la humanidad, la humanidad misma ha tenido de sí misma; proponen la abolición de la distinción “varón-mujer”, desde el momento en que esta distinción no se basa en una naturaleza que justifique tal distinción: “no existe un hombre natural o una mujer natural (…) no hay conjunción de características o de una conducta exclusiva de un sólo sexo, ni siquiera en la vida psíquica”, dicen los partidarios del género. Al no existir ni esencia femenina ni masculina, se derrumba toda la sexualidad humana, tal como la entendemos desde los comienzos de la humanidad hasta ahora: “la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta superioridad de uno u otro sexo, y cuestionar en lo posible si existe una forma natural de sexualidad humana”. Éstas son afirmaciones de feministas.

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Cómo la ideología de género ha empleado esta distinción para manipular aludiendo que el sexo viene impuesto al nacer y el género se elige...

 

Hay incluso quienes van todavía más allá, como, por ejemplo, Judith Butler, filósofa post-estructuralista con su denominada “Teoría Queer” –son datos de Wikipedia-, según la cual, sexo y género son construcciones culturales. Es decir, Judith Butler profundiza y radicaliza al extremo la teoría del género, para aplicarla incluso a aquello que quedaba fuera del género, y es el sexo. Para ella, tanto el sexo, como el género, son “construcciones culturales”. Una de las contribuciones más destacadas de Butler es su teoría performativa del sexo y la sexualidad. Tradicionalmente, el construccionismo social ya nos hablaba de la construcción del género, es decir, que las categorías femenino y masculino, o lo que es lo mismo, los roles de género son construcciones sociales y no roles naturales. Pero Butler sobrepasa el género y afirma que el sexo y la sexualidad lejos de ser algo natural son, como el género, algo construido. Butler llega a esta conclusión basándose en las teorías de Foucault, Freud y sobre todo de Lacan, llegando a decir y basándose en este último que existen “posiciones sexuales que suponen un trauma el ocuparlas”.

 

Y ante el miedo a ocupar alguna de estas, el individuo se posiciona en una heterosexualidad falocéntrica, es decir, una heterosexualidad regida por la normativa del imperialismo heterosexual masculino en la que asumir la sexualidad hetero implica asumir un sexo determinado. La obra de esta teórica, por tanto, se caracteriza por llevar a cabo revisiones críticas de los posicionamientos teóricos de los feminismos esencialistas para pasar a hablar de identidades nómadas frente a aquellas fijas, así como para plantear nuevas formas de habitabilidad de los cuerpos en la paradoja que se crea entre lo que es la capacidad de acción del individuo y su formación y dependencia con respecto al poder. Lo que Butler, en definitiva, se propone, es la desnaturalización de conceptos como el sexo, el género y el deseo, en tanto que son construcciones culturales de normas que violentan a aquellos sujetos que no participan de las mismas. Para subvertir los conceptos que oprimen al individuo, se propone, como opción, la creación de actos performativos en torno a la identidad, es decir, una serie de prácticas paródicas en base a su teoría performativa que acaban creando nuevos significados y se reproducen más allá de cualquier sistema binario. Esto da lugar a posteriores aberraciones como el “género líquido”, en el que cada persona puede ser, alternativamente, lo que le parezca, en las combinaciones que le parezca. Entonces, los mismos que afirman que el sexo es una construcción –y, por lo tanto, una entidad meramente moral e imaginaria-, son los que construyen una entidad también meramente moral e imaginaria, el género. Se trata de posiciones que son contrarias a la razón humana, al sentido común y a la ciencia médica.

 

¿Qué sucede cuando una persona no acepta el sexo con el que ha nacido? ¿Cómo lo aborda la medicina?

 

La medicina, sobre todo en su rama concerniente a la psiquiatría, debe abordar estos casos y tratarlos de forma individual e independiente, ya que cada caso es distinto. Se debe ver cuál es el sexo biológico –el genotipo- que por algún motivo se expresa de modo débil, dando lugar a un supuesto conflicto en el individuo. Se debe trabajar con el núcleo familiar y también con la sociedad. Se ha comprobado que más del 90% de los individuos que no aceptan su sexo biológico en la infancia, terminan por hacerlo en la adolescencia o al final de la misma. La Medicina debe ayudar al paciente a aceptar su sexo biológico; de otra forma, es empujarlo en una dirección auto-destructiva. Son altos los porcentajes de infelicidad de quienes cambiaron de sexo y de quienes luego de hacerlo, se han arrepentido, deseando volver a su sexo original, biológico. En estos casos, hay algo en la psiquis –y en el cuerpo todo- que le habla de su sexualidad original, algo que no puede ser ocultado, por mucho tiempo, ni con hormonas ni con falsas terapias psicológicas.

 

¿Qué enseña la moral de la Iglesia en estos casos?

 

Ante todo, la castidad. Hasta que se logre el equilibrio que implica la armonía psicológica y espiritual de la persona con su sexo original –hasta que se acepte a sí misma tal como es, con la sexualidad con la que nació-, no hay otra opción que la castidad. Por parte de los médicos y la Medicina, la Iglesia enseña que es inmoral inducir al cambio de sexo sin más.

 

¿Qué sucede en la sociedad cuando no se hace caso a la enseñanza de la Iglesia y son frecuentes las operaciones de cambio de sexo?

 

Sucede que la sociedad ingresa en una espiral auto-destructiva porque el individuo va en contra de su propia naturaleza, no encuentra la plenitud y la felicidad, no es feliz él ni hace felices a los demás. Además, está el factor demográfico, obviamente, porque se trata de opciones que desembocan en la infertilidad, en la ausencia del hijo como fruto de la donación esponsal.

 

Se intuye que esto va a más...

 

Absolutamente, porque se trata de una estrategia bien definida por parte del neo-marxismo, que avanza por etapas en democracias con valores morales débiles o inexistentes: comienzan con la “visualización”, luego viene la campaña para la “no discriminación”, luego sigue la aceptación –forzada- y, por último, la imposición obligatoria de un pensamiento único –orientado obviamente en esta dirección- en la que el que piensa “diferente” –según los esquemas natural-antinatural- es marginado, silenciado o incluso encarcelado, puesto que se elaboran leyes que prohíben el pensamiento distinto al de la ideología de género. Si en un país no se frena la ideología de género, ésta no se detiene en la mera “no discriminación”: continúan hasta imponer a la sociedad su pensamiento, de igual manera a como lo hace una ideología totalitaria. Un ejemplo clamoroso en la actualidad es Canadá, un país dominado por la ideología de género –en gran medida gracias a Justin Trudeau-, con numerosas y peligrosas leyes anti-familia.

 

¿Cómo debería actuar un católico varón que se siente mujer o viceversa?

 

Ante todo, acudir a especialistas –no necesariamente católicos- que tengan en claro que la sexualidad humana está compuesta por el varón y la mujer y que el equilibrio y la plenitud interiores de quienes tienen este conflicto, se conseguirá cuando se acepte esta verdad. El “sentirse” de otro sexo es una cuestión psico-ambiental que puede y debe ser cambiada, para ser reencauzada en aquello que dará a la persona la auténtica felicidad y plenitud de sí: el aceptarse en su masculinidad o en su femineidad con la que nacieron.

 

¿Tiene cura este trastorno?

 

Completamente. Sólo que debe ser abordado desde diversas áreas: médica, psicológica, familiar, sociológica, espiritual…

 

Poder de la oración y confianza en Dios...

 

No hay ningún trastorno, del tipo que sea, que no pueda ser afrontado, disminuido, atenuado, o encauzado correctamente, recurriendo a la oración, a la confianza en Dios y al poder de su gracia. Debemos pedir la gracia de cumplir siempre su voluntad y cumplir el plan que Él diseñó para nosotros al crearnos.

 

¿Quiere añadir algo?

 

La hermosura de la castidad, de la pureza del cuerpo –y también del alma- radica no en sí misma, no en cuanto virtud aislada, sino en que es una participación a la pureza del Ser divino Trinitario. La Virgen es Pura e Inmaculada por esta razón, por su participación inefable, en grado cualitativamente superior a cualquier creatura humana o angélica, a la pureza del Ser divino Trinitario. Vivir la pureza es participar de la pureza del Acto de Ser divino. Y esto es condición indispensable para la vida cristiana, para que el cristiano –sea homo o heterosexual- viva, en la castidad, una vida feliz, plena y alegre. Aún en medio de las tribulaciones y persecuciones del mundo.