Fin de año y res gestae de Rajoy. Escuchando y leyendo el balance del presidente del Gobierno llega uno a la conclusión de que Rajoy contempla la verdad sólo para mentir mejor. O es eso lo que le pasa, y no cabe más que compadecerle como a cualquier otro enfermo mental incapaz de percibir la realidad circundante, o es que realmente es como aquella otra calamidad política que fue el cónsul Antonio Híbrida, del que Cicerón decía que “le llamaban Híbrida porque es mitad hombre mitad imbécil, aunque personalmente no estoy seguro de la primera mitad”.
España se desmorona en un proceso de balcanización estructural muñido en ése bálsamo de fierabrás que dicen que es el consenso y el pueblo español se empobrece hasta en sus actos más cotidianos a la sombra de un trono impotente, y el presidente del Gobierno nos presenta un balance que no mejoraría ni la res gestae de la mitológica Arcadi Feliz.

Rajoy es una broma. Una broma de la peor especie. Una broma que ya dura demasiado. Una broma larga como una condena, pesada como una derrota y sucia como las manos de Jordi Pujol. Rajoy es una broma que ha convertido a España en un edificio hueco cuyo verdadero centro de gravedad es el ansia de poder de una “élite” formada por políticos mezquinos, periodistas subvencionados, intelectuales papanatas y separatistas cuya relación con España se basa en la más pura de las emociones: el odio. Esa es la verdadera Arcadia Feliz de Rajoy.
Platón decía que en la vida hay tres clases de personas: el héroe, que participa y goza de la gloria de la victoria; el espectador, que se queda al margen, observa y espera para subirse al carro del héroe, sea el que fuere; y los ladrones, que se aprovechan de las circunstancias.

Hoy en España no hay héroes. Sí hay muchos espectadores que, con el cuerpo espesado por el tocino de la ignorancia y de la pereza, votan pagan y callan creyéndose libres porque pueden cambiar de canal con el mando a distancia. Y hay, eso sí, ladrones, muchos ladrones, que nos roban a diario el pasado y el futuro a cambio de un presente gestionado por Rajoy y el consenso. O sea, la Arcadia feliz del imbécil de Antonio Híbrida.