El aparato de agit-prop marxista que todo lo anega desde hace varias décadas, en su afán por ocultar sus propios, múltiples y execrables crímenes y fracasos históricos, tratando de hacer pasar a los verdugos por víctimas y viceversa, ha conseguido colar e institucionalizar --sólo por la suicida, entusiasta y cobarde colaboración de los tontos útiles e inútiles de la “derecha” y “centro” liberales-- la falacia de que durante la contienda 1936-39 y más aún después de ella, el régimen que contó con el apoyo unánime de todos los españoles hasta sus extinción, practicó una represión sistemática y brutal de todo bicho viviente. Pues no, no fue así, lo que practicó fue JUSTICIA.

Justicia es dar a cada uno lo que se merece; al bueno, premio, al malo, castigo. A nadie le gusta castigar, pero la secular experiencia humana avala que no queda otro remedio mientras el hombre siga siendo como es.  Represión, en su aspecto peyorativo hoy imperante, es justo lo contrario.

¿Qué harían ustedes y que exigirían después de una cruenta guerra sino JUSTICIA? Pues eso fue lo que se hizo. Había obligación inexcusable de hacer justicia, es decir, de ver cómo se había comportado cada cual y darle su merecido; lo contrario hubiera sido injusto e irresponsable. Así, que la ingente cantidad de viles crímenes de toda clase y condición realizados a nivel industrial por el Frente Popular en la parte de España que tuvo la desgracia de quedar bajo su férula tuvieron necesariamente que sustanciarse en otros tantos procedimientos judiciales, fue lo normal, lo obligado y lo justo. Que las penas debían ser proporcionales también. Que la legislación aplicada, ojo, la republicana, contemplaba la pena de muerte, pues así era; como por cierto en todos los países del mundo de entonces sin que nadie se rasgara las vestiduras.

Pero, además, lo que hoy se oculta, entre otras muchas cosas, es que dicha justicia, o sea, sus procedimientos, normalmente consejos de guerra sumarísimos, estaban amparados por la legislación vigente que era, ojo, la republicana, toda vez que en la zona nacional, extensible a la frentepopulista según se fue liberando, bien se habían encargaron los sublevados de declarar el “Estado de guerra” conforme a las leyes imperantes el 18 de Julio, o sea, las de la II República. Por eso, todos y cada de los consejos de guerra llevados a cabo por las nacionales durante y después de la guerra fueron legales y legítimos y, además, fueron llevados a cabo con todas las garantías jurídicas exigibles. Sólo hay que bucear en los archivos y admirarse de la pulcritud de dichos consejos de guerra, de cómo en medio de la contienda o después en una España destruida, no faltó nunca un tribunal, un defensor, un fiscal, testigos de cargo o de descargo --éstos cuando los hubo, porque en muchos casos fue imposible por la evidencia de las pruebas— y declaraciones juradas por escrito y pruebas, muchas, muchísimas pruebas incuestionables. Ahí están los documentos para quien los quiera ver y convencerse.

Por el contrario, en la zona frentepopulista, que no “republicana” o en todo caso “republicana revolucionaria socialista-soviética”, sí se llevó a cabo durante la guerra –si llegan a ganar en la postguerra hubiera sido ya el acabose— una verdadera represión porque sin ninguna clase de garantía judicial, ni tampoco policial, se represalió, se asesinó a mansalva con total impunidad, vulnerando  demás a las leyes de esa “república” que tanto cacareaban y cacarean, y, más aún, con el amparo de las “autoridades”… ¿republicanas?... no, revolucionarias.

Detalle importantísimo es que mientras en la zona nacional, y conforme a la legislación republicana en vigor, por la legal, legítima y obligada declaración del “Estado de guerra” automáticamente el poder pasó a la autoridades militares de cada lugar desde el mismo 18 de Julio, lo que implicó que los procedimientos judiciales, o sea, los consejos de guerra sumarísimos fueran legales, en la frentepopulista no fue así porque dicho “Estado de guerra” no se declaró hasta Febrero de 1939 –porque sus líderes y comités nunca quisieron que el poder pasara a manos de las autoridades militares de las que no se fiaban--, por lo que al haberse disuelto lo que en el momento del Alzamiento quedaba de la ya cuasi extinta II República, máxime al permitirse hacerse con el poder a las turbas y capitoste de los partidos frentepopulistas, todo lo que se hizo, además de execrable en sus formas, fue ilegal e ilegítimo según las propias leyes “republicanas” que, por lo dicho, se vulneraron sistemáticamente. Así se vieron nacer los tristemente famosos “tribunales populares” compuestos por militantes socialistas, comunistas y anarquistas, así como de secesionistas, ignorantes en leyes, pero sabelotodos en detenciones ilegales, robos, violaciones, torturas y constantes sentencias a muerte; además de “juzgar” normalmente borrachos. O sea, todas las características de lo que es realmente represión pura y dura.

¡Qué enorme diferencia con lo ocurrido en la zona nacional durante la guerra y más aún después! ¡Si llegan a ganar los revolucionarios… madre mía con los antecedentes demostrados durante la guerra en su zona!

Por cierto: qué ocurrió en Francia o Italia después de la II Guerra Mundial… represión pura y dura de “colaboracionistas” y “fascistas”. En uno y otro país unos 40.000 represaliados, o sea, asesinados, sin juicio o en algunos casos juzgados por tribunales ilegales e ilegítimos formados por miembros de las respectivas “resistencias”… se pueden imaginar.

Así pues: ¿represión?... No, no y no: JUSTICIA. Por favor, hagamos pues justicia y combatamos esa falacia de la “represión franquista” con justicia. Ahí están los archivos históricos, la incuestionable verdad histórica para acreditarlo.