María Godoy compagina su actividad profesional con su vocación de escritora. Asidua en los medios y conferenciante, se incorpora a El Correo de Madrid para hablar de temas relacionados con el feminismo.

Está llevando a cabo un macro estudio sobre este tema en el que entrevista a catedráticos de Derecho Penal, juristas, psicólogos forenses, sociólogos, criminólogos, víctimas, asociaciones y un largo etcétera de profesionales.

 

Háblenos de su perfil profesional, de la importancia de ser una buena vendedora y fidelizadora de clientes...

Siempre fui una comercial excelente, no solo por la empatía que conseguí desarrollar hacia los demás desde muy pequeña, sino porque jamás mentí a mis clientes. Me asignaban grandes cuentas precisamente por la capacidad de fidelización que conseguía y lo lograba gracias a la sinceridad y a la honestidad con la que trabajaba y trataba a cada uno de ellos. Jamás un cliente me “descubrió” en ninguna mentira porque jamás mentí. Hubiera sido terrible y muy vergonzoso para mí como persona y como profesional. Hay cosas en la vida que no merecen la pena.

 

También es apasionante el tema de los estudios de mercado...

Hacer estudios de mercado es tremendamente clarificador para hacerte una idea clara de cómo están las cosas en verdad, al menos en la verdad que nos cuentan. Lo normal es que al hacer los estudios de forma minuciosa y pormenorizada se terminen descubriendo intereses ocultos y muchas mentiras. Las estadísticas pueden engañar, pero un estudio de mercado es mucho más que una mera estadística o una recopilación de opiniones, ya que en ellos interviene la perspectiva y la pericia de quien lo realiza.

 

¿Cómo nació su vocación de escritora y cómo la compagina con su profesión?

Desde que aprendí a leer desarrollé una alta pasión por la lectura. Leer y escribir suelen ir de la mano. Un escritor que se precie lee y lee mucho. Siempre me gustó la investigación y más teniendo en cuenta lo minuciosas que resultaban las que llevaba a cabo.

En la Universidad decían que era una rata de biblioteca y de hecho solía estar siempre en la biblioteca de los profesores porque era donde encontraba más silencio para investigar. Entonces no había internet como ahora y quienes teníamos interés en aprender, primero debíamos encontrar la información.

Pronto empecé a destacar en los colegios. Al principio con las típicas redacciones que nos mandaban, hasta que con un relato corto gané un premio literario que Miguel de la Quadra-Salcedo me entregó.

Es fácil compaginar una vocación con un trabajo. Es cuestión de interés y organización. En mi caso suelo levantarme muy temprano incluso los fines de semana. A las 7:00 empiezo a escribir cada día y las horas vuelan sin darme cuenta.

 

La saga "La Cima del Atlas" una de sus obras más significativas...con la presencia de los 4 elementos...

La Cima del Atlas empezó siendo un relato corto en el que yo misma comencé a mostrar curiosidad por los acontecimientos que se sucedían. Fue la misma curiosidad que sentí la que me llevó a seguir y a seguir hasta que decidí poner punto final después de cuatro libros, aunque hay lectores que esperan el quinto. En ellos mezclo el misterio y la ficción con las matemáticas, la biología, Leonardo Da Vincci, Nikola Tesla, mitología e incluso metafísica. Mis lectores oscilan entre los 13 a los 95 años.

 

¿Qué otras obras destacaría?

Tengo escrito un libro sobre mitología, pero aún no he encontrado tiempo para darle la vuelta que necesita para ser editado y por supuesto el macro estudio que estoy llevando a cabo sobre el tema del feminismo en el que entrevisto a catedráticos de Derecho Penal, juristas, psicólogos forenses, sociólogos, criminólogos, víctimas, asociaciones y un largo etcétera de profesionales.

 

¿Cómo nació su inquietud de militar contra el feminismo?

Nunca me gustó que nadie opinara por mí y siempre me inspiraban compasión los hombres que tras algún divorcio traumático se veían obligados a abandonar su hogar y dejar de ver a sus hijos. Me pareció siempre tan injusto que decidí investigar sobre el asunto y todo lo que voy descubriendo va ratificando mis sospechas.

Cuando algo me interesa investigo sobre ello. Jamás me conformo con la primera opinión porque tengo claro que en toda historia siempre hay dos versiones. Quise conocer ambas y al hacerlo gané algún que otro enemigo, lo que hizo que mi interés creciera aún más.

El movimiento feminista es la cara opuesta del machismo y todo el mundo sabe que los extremos se tocan.

 

Un tema muy importante, donde está dando una buena batalla...

Abordo el tema del feminismo y de los malos tratos tanto en un sentido como en otro. Es decir, de hombres a mujeres y a la inversa. Me preocupan los niños y los ancianos también.

Mi desconcierto surgió cuando descubrí que por el mero hecho de realizar tal investigación me había granjeado algunos que otros enemigos y ese detalle contribuyó a aumentar aún más mi interés como ya he dicho.

 

¿Qué espera aportar a El Correo de Madrid?

Transparencia y sensatez. El sentido común se está perdiendo cuando se trata de abordar ciertos temas y tengo la gran esperanza de que algunos hombres y mujeres que tengan la oportunidad de leer mis escritos lleguen a recapacitar y a darse cuenta de que la vida es solo un camino. Algunos tramos los recorreremos solos y en otros necesitaremos a los demás, pero siempre debe existir la posibilidad de hacerlo en compañía y no me refiero solo a las parejas. Nacemos y morimos solos. Vivamos acompañados sin odios y sin divisiones estúpidas que nos conducen irremisiblemente hacia la mediocridad y la soledad más implacables. Algún día la sociedad pagará un alto precio por ese odio y esa división.

 

¿Cómo valora la labor de este medio?

Dar la oportunidad de llegar a un público interesado en saber qué pasa es importante. Sin ese interés nunca llegaríamos a ninguna parte. La gente está ávida de información más allá de la que nos llega en forma de bombardeos sin siquiera buscarla.

Cuando una parte de la sociedad se encuentra sola, aislada y en peligro de exclusión, es que la otra parte está haciendo las cosas mal. Hagámoslas bien desde aquí.