Marlaska, ministro de la porra, infausto personajillo. La Razón te regaló el pasado domingo un pestilente publirreportaje. Empachado de (biliosa) felicidad, sombreada por el terrorismo callejero indepe, asombrosamente ahí permaneces, junto a La Garzona. Esta última, compi en el consejo de ministros, Profanadora Mayor del Reino, te llamó maricón sin cortarse un pelo. La Lola, no ha padecido la pena de inhabilitación que prevé el Código Penal para todos aquellos funcionarios de la Administración de Justicia que conozcan la comisión de un delito, aún en grado de tentativa, y no lo denuncien. La nereida de las cloacas conocía los prostíbulos de Villarejo. Las correrías sexuales de jueces y fiscales del Supremo en Cartagena de Indias perforando el recto a críos de catorce años. Las vaginales cintas chantajistas. Jamás denunció la ministrilla de injusticia.

Linchando

Prosigo con vuecencia, Marlaska. Allá por julio excitaste a la bárbara chusma, manadas elegetebeís, actos de repudio contra Ciudadanos, todo tan castrista, esas patotas peronistas, vuelta a vencer en Argentina. Filtrando, además, a El País, ese flagelo, una patraña en forma de informe policial que pretendía desmentir lo que todos vimos: una ferocísima cacería contra el partido de Rivera. Marlaska, lastimoso ente moral que ha utilizado su homosexualidad como coartada para justificar atropellos, chifladuras y prevaricaciones de toda condición y laya.

Trepa

Más allá de tu caliginosa complicidad con los torturadores, tu historial jurídico es deplorable, pero gustas a cierta derecha. Ignoro exactamente el porqué. Dizque azote de los filoetarras, tal vez la sobreactuación del bar Faisán. Jejeje. Qué cachondo. Mala persona. Ominoso togado. Repelente ministro del Reino de España. Las cloacas del Estado, con Marlaska, ahora perfeccionadas. Anhelaste convertirte en Fiscal General del Estado cuando el ectoplasma pontevedrés arribó en 2011 a La Moncloa, pero éste prefirió a José Manuel Maza, muerto (¿asesinado?) en extrañas-muy extrañas- circunstancias. Poco después llegaste al Consejo General del Poder Judicial propuesto por el pepé donde colaboraste con denuedo con el presidente del Tribunal Supremo y el Poder Judicial, Carlos Lesmes, al ser escogido miembro de la Comisión Permanente, el centro de decisiones del (maléfico) órgano de (des)gobierno de los jueces. Trepando.

Hostiazo limpio

Sobre las torturas, lo dicho. Cómplice absoluto con ellas. Vinculado a este asunto. Tema CIEs. Centros de Internamiento de Extranjeros. Negaste tajantemente que en estos sórdidos lugares de encierro se vulneraran los derechos fundamentales de las personas allí recluidas, en plena querella por los sucesos acaecidos en el CIE de Aluche. Aseveraste tajante, categórico, cortante: "Necesariamente tengo que entender que no hay una vulneración de los derechos fundamentales, sino todo lo contrario, una tutela de los mismos". Tutela a hostiazo limpio de maderos, imagino. Son inmigrantes irregulares, pero ahostiarles es feo, Marlaska. Tienes que entender.

El turbador asunto del Yak-42

Grande-Marlaska, también archivaste la causa en la que se indagaban las anomalías detectadas en la contratación del Yak-42, que se estrelló el 26 de mayo de 2003, provocando la muerte de 62 militares españoles que regresaban de una misión en Afganistán. No inferiste entonces responsabilidad alguna por parte del Ministro de Defensa, Federico Trillo. En abril de 2008, se obligó a reabrir el caso aunque, tras meses de instrucción, volvió a establecerse su sobreseimiento. Los familiares de los fallecidos en el accidente lamentaron hondamente, hace un año, la noticia de que semejante gaychequista fuese el ministro de Interior. “Esto es increíble, es la propia persona que nos hundió el proceso jurídico. Era la última esperanza que teníamos”, se dolía María Paz Fernández, viuda del comandante José Manuel Ripollés, uno de los fallecidos en ese rarísimo accidente aéreo.

Grande-Marlaska, síntesis de la hipercorrupción del Sistema

Grande Marlaska. Distinguido archivador de causas, inestimable trepa, séptico bufón de pérfidos ventrílocuos. En tu caso, siempre estuviste (muy) a favor de los magnos y putrefactos consensos del narcorrégimen pederasta del 78. Los cuatro pútridos consensos - monárquico, legislativo, gubernamental y judicial- que han devastado cualquier mínima noción de justicia y ética en nuestra patria. Como juez, encapsulado dentro de la mafia policial/judicial, siempre hiciste lo que El Príncipe, más o menos maquiavélico, te dictara, pesoe o pepé, la misma mierda es. Arrastrándote como las babosillas ante la púrpura del poderoso. Ahora de ministro, perfeccionándote.

Epítome de la corrupción total que asola nuestra demediada España, con Fernando Grande-Marlaska se personifica que el Poder, visible o en la sombra, cree tener derecho a la impunidad y no tolera bajo ningún concepto el más insignificante control de sus abusos sistemáticos. Por ello siempre ha recurrido (y recurre) a los consensos, socialdemócratas o no. Y Grande Marlaska, siempre, apuntalando los consensuados contubernios del Príncipe. En fin.