Recuerdo como en una colección sobre la historia de mi ciudad, auspiciada desde una interpretación, digamos progresista, con todo lo peyorativo que podamos inducir en esta apelación, una historiadora se permitió definir como “una juventud secuestrada”, a los chicos que afiliados al Frente de Juventudes, asistíamos a albergues y campamentos de las Falanges Juveniles, dentro del programa general de formación ciudadana y del espíritu nacional durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado,  Era una manera de denigrar tanto la obra de la Delegación Nacional de Juventudes, como, por supuesto, del régimen que la sustentaba. Naturalmente había y habrá opiniones de todo tipo ante aquella realidad juvenil, independientemente de que personalmente, como beneficiario de aquel plan, lo considerara como un maravilloso ejercicio de educación humana, donde solo cabía experiencias deportivas, morales y de solidaridad dirigidas al servicio de la sociedad y de la patria, más un plus de ilusiones juveniles que iban desde una convivencia plena sin discriminación alguna, hasta el feliz descubrimiento de vivir unos días de vacaciones entre el mar o la montaña.

Sin embargo ese afán de servir al pueblo español, a través de una formación limpia, sana y transparente de su juventud, no fue obstáculo para que gentes con título académicos, sí, pero poco respetuosos con la verdad, aprovecharan cualquier oportunidad para insultar, con sus prejuicios, cualquier obra de las juventudes de la época y sin tener certeza de lo que relataban, cayesen en la peor práctica de un sectarismo irredento.

Por eso, hoy se abunda en criticar aquella espléndida iniciativa, y sin embargo, con total asentimiento por parte de los enquistados de siempre, callan y aun jalean a grupos de extrema izquierda que, como Reconstrucción Comunista- de base marxista leninista-, celebran campamentos para jóvenes, bajo un programa de, según dicen ellos, combate, frente al sistema democrático actual y contra el capitalismo - la excusa repetida-, o el régimen parlamentario español, blandiendo banderas separatistas, golpistas o republicanas, alentados con el himno de Riego, practicas paramilitares o sesiones de boxeo y lucha personal. Todo un ejemplo de conducta belicista que no requiere la menor denuncia de nadie. Claro que ese lo realizan formaciones izquierdistas, y como si fuera una consigna, no hay quien abra la boca para denunciar o querellarse contra una “hoja de ruta”, que es lo que parece-, como camino hacia una pretendida revolución clasista y retrógrada que nos hace recordar otros tiempos que ya creíamos superados. A esos, se les permite todo_ puños en alto, banderas inconstitucionales, cantos de odio, o programa de combate. Son comunistas extremos, pero hay que dejarlos para que no nos llamen fachas.    

 

Eduardo López Pascual