Una ola de indignación recorre el país con la sentencia al grupo conocido como “la manada” por los hechos sucedidos en los San Fermines del 2016. No voy aquí a entrar a valorar los aspectos jurídicos de la misma, no me corresponde a mi analizar la sentencia. Hace muchos años que deje de creer en la justicia y en sus instituciones, pero me resulta paradójico que todos aquellos que nos dan lecciones de moral y que nos decían que no debíamos legislar en caliente, son los que ahora salen a la calle a protestar por una sentencia que no se han leído y cuyos fundamentos jurídicos desconocen.

Tampoco seré yo quien defienda a un grupo de energúmenos, algunos de ellos vinculados a la izquierda de este país, fruto claro de la sociedad que “nos hemos querido dar”, espejo real de los tiempos que nos han tocado vivir, carente de moral y principios. Hemos normalizado comportamientos que no lo son y hemos banalizado situaciones lo suficientemente graves que teníamos que haber denunciado.

Muchos de aquellos que estos días se quejaban y se manifestaban amargamente, son los mismos que no abrieron la boca, cuando una sentencia de un tribunal extranjero ponía en la calle a cientos de asesinos, criminales y violadores en virtud de la derogación de la doctrina Parot, y los mismos que se negaron a recibir en el congreso de los diputados a los padres de Sandra Palo, Marta del Castillo o Diana Quer.

Que colectivos feministas cercanos a Podemos estén intentando canalizar la protesta, no es creíble. Precisamente ellos, que desean que los asesinos, maltratadores y violadores salgan antes de tiempo de prisión, precisamente ellos que pretenden la derogación de la prisión permanente revisable, precisamente aquellos que siempre están mas cerca de asesinos y terroristas que de sus víctimas.

Me asquea esta sociedad tan manipulable y bizcochable, tan de andar por casa, tan influenciable por medios de comunicación y colectivos políticos, que sacan a la luz lo que les interesa en momentos determinados y nos ocultan todo aquello que entienden no se debe publicitar. Nos ocultan las “otras” manadas, donde diez argelinos violaron a tres menores de edad, dos de 14 y una de 17, de forma reiterada y durante 24 horas. Nos ocultan la identidad de muchos maltratadores, por ser estos de origen extranjero y nos quieren hacer ver como normal, el infame tribunal de derechos humanos de Estrasburgo, cuyas sentencias ponen en la calle precisamente a violadores y maltratadores.

Una sociedad mas preocupada en pasar pagina con los criminales y crímenes mas recientes y que busca culpables en hechos acaecidos hace mas de 80 años. Una sociedad que quita placas, calles y reconocimiento a nuestros héroes y personajes mas relevantes, para en la mayoría de los casos, sustituirlos por golfos y sinvergüenzas con un legado de dudoso merito o gusto. Esta muy bien la queja y la protesta, pero empecemos a ser coherentes, empecemos a ser responsables y empecemos a construir un nuevo modelo de sociedad alejada de todo lo que nos ha traído hasta aquí.

Desenmascaremos a los manipuladores profesionales, a los voceros de salón, a los que deciden lo que se debe o no denunciar en función de lo que a ellos les interesa. La mujer, el hombre, el niño, el medio ambiente, los animales, son tan solo instrumentos que poco les importa. Son simplemente la excusa para tensionar, para enfrentarnos, para dividirnos. Si te place, manifiéstate, quéjate, pero no permitas que te utilicen y te manipulen. Se coherente con la queja y con la protesta. Si no te gusto la sentencia a la manada, menos debe gustarte la derogación de la doctrina Parot, menos debe gustarte la derogación de la prisión permanente revisable, y menos debe gustarte que personajes como Pablo Iglesias se nieguen a recibir a los padres de las victimas de caso tan terribles como Sandra Palo, Marta del Castillo o Diana Quer.