El inconsciente, la mayor parte de las veces, resulta más consciente que el propio consciente. De ahí que Pedro Sánchez recientemente haya llamado “dogmático” a Iglesias, “sin sentido de Estado” a Casado e “irresponsable” a Rivera, los mismos calificativos que vienen como anillo al dedo al tal Pedro, por cierto, Pedro “el moncloador”.

La incompetencia unida al narcisismo siempre hacen un cóctel lesivo al interés general de un país, en este caso a lo que va quedando de España, convertida en un Reino de Taifas.

 

Pedro Sánchez, junto a Zapatero, componen un dúo de personajes hueros, sin sustancia, maniquíes de escaparate que comienzan y terminan en una pose que llega a ser insoportable, porque a la postre sólo es eso, humo, niebla que se disipa para dejar al desnudo lo que se oculta detrás.

Más que Zapatero el contador de nubes, Sánchez acapara innumerables adjetivos calificativos, tantas son las aristas de una personalidad esquiva de político avispadillo en los bajos fondos de Madrid, el ecosistema natural de la política nacional, que podríamos endosarle eso de Pedro “Decretos-Ley”, por su larga etapa de gobierno totalitario y antidemocrático al margen del Parlamento; Pedro el “astuto”, porque comenzó su campaña electoral a las próximas Elecciones Generales cuatro meses antes que sus adversarios; Pedro el “oscuro”, porque su trato con terroristas y separatistas, siendo de común conocimiento, no es reconocido abiertamente por este artista; Pedro el “cínico”, porque nos dijo que negociaba la formación de un nuevo Gobierno y envió a Carmen Calvo para asegurar el fracaso de cualquier trato por simple que fuese.

 

Muchos, muchos son los adjetivos que ya acapara esta suerte de presidente en funciones o lo que sea, cuyas prebendas de veraneo en Doñana, coche oficial, Falcon privado para ir a la esquina y demás bagatelas no son en funciones, sino a pleno gozo y por la cara.

Pedro el… Pedro el “problema”, por fin ya dimos con la tecla.

 

José R. Barrios