Cuando hablamos de maltrato a los hombres en España debemos observar dos dimensiones que se dan a la par y que suman sus nocivos efectos hasta dar naturaleza y forma a un crimen de lesa humanidad. Todo varón heterosexual, español de nacimiento, forma parte de un colectivo social que se discrimina de manera sistemática por el Poder Ejecutivo, así como está sometido, por una parte,  a un maltrato estructural o de Estado y, por otra, al maltrato en su misma pareja, maltrato que es bidireccional. Mientras las mujeres, por el contrario, vienen teniendo un buentratode Estado. Además, los hombres carecen de recursos, nadie los atiende, ni tienen teléfono alguno al que llamar.

El maltrato estructural que España ha perfeccionado durante dos decenios se materializa en un vasto y basto derecho de autor. Reparemos en que, gracias a ese Derecho de Género, cada cinco minutos se denuncia a un hombre. Pero elijamos un sencillo ejemplo para ver cómo el régimen nacionalfeminista español maltrata con inquina y saña a cada varón. Analicemos brevemente el famoso teléfono 016, un recurso en exclusiva destinado a mujeres. Paradójicamente, el Ministerio que publicita dicho teléfono costeado por todos, es el Ministerio de Igualdad. Una tomadura de pelo tan grosera es probable que sólo ocurra en España. Pues bien, ese servicio, que opera las 24 horas del día los 365 días del año, incorpora asesoramiento jurídico especializado de 8 a 22 horas, de lunes a domingo; atiende en 52 idiomas a través de tele-traducción e informa sobre recursos y derechos de las víctimas en materia de empleo, servicios sociales, ayudas económicas, asistencia, acogida...

Los hombres, al parecer, no necesitan ningún teléfono, porque no sufren violencia de género, sino que son los únicos causantes de la misma. De ahí que en España, la violencia tenga un tratamiento penal distinto según el sexo del agresor. Esto mismo hizo el nazismo en la Alemania de Hitler, clasificar primero a los ciudadanos en no judío, medio judío y judío, para después redactar jurisprudencia específica contra los judíos.

Sonia Mestre Roldán, Neuropsicóloga, Especialista en Terapia Sistémica Familiar y Profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, publicó en su día un excelente artículo titulado «El Maltrato a los Hombres, ¿una realidad silenciosa?». Dicho escrito aparece enla cuidada página «Firma Invitada», una sección de la conocida web de Felipe Fernando Mateo Bueno, abogado y mediador.

En su obra, la doctora Mestre se pregunta «¿por qué el hombre no denuncia el maltrato que recibe?» y como respuesta enumera los siguientes posibles motivos:

1. Falta de apoyos jurídicos: Las leyes en materia de protección a hombres maltratados son prácticamente escasas.

2. Falta de recursos para el hombre maltratado: No existe un servicio, ni un teléfono de emergencia como en el caso de las mujeres. En el 016 (número de teléfono de atención exclusiva a la mujer maltratada, dado que no atiende las llamadas realizadas por hombres que refieren maltrato).

  1. Problemas de credibilidad: Falta de apoyo familiar y conciencia social.
  2. Miedo al ridículo: Vergüenza de reconocerse víctima en una sociedad en la que, precisamente por atribuciones de género, el sexo masculino “debe ser fuerte” (al hombre tradicionalmente se le ha pedido fortaleza, dinero y producción).
  3. Creencias en torno al maltrato: Me lo merezco, yo lo provoqué, le he hecho enfadar, luego es mi culpa.

En esta España de Género, existen miles de hombres que sufren en silencio verdadero maltrato, maltrato emocional de corte psicopatológico y malvado a manos de mujeres:

- Que instaladas en un bienestar económico al que no quieren renunciar y hacen su vida por separado de la pareja.

- Que llegan al convencimiento de que no quieren a ese hombre y vuelcan en él sus frustraciones a modo de dejadez en la relación y necesario escape a su agresividad, mostrando manifiesto desprecio e incluso verbalizando asco a esa persona

- Que viven en pareja porque necesitan compañía y no se quieren ver abocadas a la soledad, con lo que de este modo mantienen una relación de perfil bajo, impidiéndole a la otra persona aspirar a una relación distinta, más completa, humana y sincera.

- Que mantienen a sus parejas en un estado permanente de humillación, mostrando una mala imagen de su cónyuge a vecinos, conocidos, familiares, incluso llegando a ponerlo en ridículo en público con comentarios inoportunos y de mal gusto.

- Que marginan a la familia extensa del marido, a veces hablándole mal al marido de su madre, padre, hermanos, sobrinos…

- Que emplean el sexo como moneda de cambio o chantaje, adquiriendo el hábito de tener su vida sexual al margen de la pareja para así poder negarle al marido cualquier contacto íntimo.

- Que manipulan a los hijos y cortocircuitan los lazos afectivos de estos con su padre, dando una mala imagen de él a los hijos, resaltando sus defectos, ocultando sus virtudes. Se trata del tan extendido y generalizado Síndrome de Alienación Parental (SAP).

- Que emplean un arma ofensiva tan de mujer como es el arte de la provocación con la intención de desestabilizar al hombre y hacerlo caer en la trampa. En esto estaríamos en lo que sería, si éste reacciona, ante un maltrato inducido, maltrato del que uno no suele ser consciente, ojo.

           

José R. Barrios