Cuando el sabio señala la luna, el tonto mira al dedo. Ése es el refrán que merece la derecha una y otra vez, dado que sigue y aplaude los dictados culturales de la izquierda. La izquierda siembra ideología en la opinión pública de forma permanente a través del marxismo cultural, lo cual le asegura los votos del futuro. La última mentira para argumentar su maquiavélico plan es la figura de la pequeña Greta por la "emergencia climática", una estrategia más contra los valores de Occidente. Mientras los tontos siguen mirando al dedo, los enemigos de España ya están en la luna.

 

La izquierda, como suele ser habitual, va por delante a nivel de propaganda. Esto es así desde Antoni Gramsci, autor italiano e inspirador de un plan tan malvado como eficiente. La lucha primigenia de la izquierda, la del marxismo, fue la de clases. Pero estos argumentos comenzaron a quedar desbaratados cuando Benito Mussolini mejoró las condiciones de todos los trabajadores italianos sin despojarles del amor a la Patria. Esta ligazón de Patria y justicia social alarmó a la izquierda, puesto que los trabajadores de las fábricas abrazaban en algunos países los valores de Occidente. Pero Gramsci acertó en encontrar una respuesta a esa amenaza, y que sería efectiva a largo plazo. De hecho, a su plan lo llamó literalmente "Marcha larga".

 

En qué consistía la "Marcha larga"

La idea era clara, un clásico en la izquierda: miente, tú miente que algo queda. Por tanto, se trataba de sembrar una cultura anti-occidental sibilina que no fuera ya directamente por la lucha de clases. Nada que ver con eso, nada. Había que destruir el orden natural pero atacando por otros flancos y usando otros argumentos a través de los grandes altavoces: la universidad, el teatro, cine, periódicos, bulos en la opinión pública, etc... ¿Y qué argumentos usamos ahora, decían los rojos? ¡Los que sean!, respondía Gramsci, mientras vayan contra los suyos. Que quieren familia, defenderemos otras fórmulas que maten la familia; que quieren Patrias, diremos que existe una universalidad de libertad que nos hará felizmente homogéneos. Todo vale, hasta la causa más tonta o perdida puede ser beneficiosa para conseguir un argumento social en la opinión pública. Después, repetid el argumento: Repetirlo, no queda otra. Repetidlo hasta la saciedad, hasta hacer creer a la gente que eso que decimos es fundamental. Y así fue, dicho y hecho. De esta esta forma, a largo plazo estaba asegurando un sustento de izquierdas en toda la sociedad, estaba creando un caladero universal en todas las clases sociales. Un sistema transversal de propaganda perfecto. Y por supuesto, lo hacían con una bandera diferente a la lucha de clases clásica del comunismo, lo cual les estaba legitimando de nuevo.

Greta Thunberg galardonada por una Logia Masónica.

Ello se teorizó y mejoró, se plasmó y oficializó con la creación de la Escuela de Frankfurt, que comenzó a elevar y extender cualquier argumento zafio de las minorías que pudiera valer contra Occidente. Frankfurt fue el primer dardo al corazón de nuestra civilización, cuyo bastión se llama España. Ahí podemos leer ya filosofía contra el matrimonio, la familia, la identidad y la natalidad, por ejemplo. O términos ligados a lo "políticamente correcto" bajo sistemas de burocracia universal. Los grandes líderes europeos actuales, y la Unión Europea por extensión, son de hecho seguidores y defensores de Frankfurt. Gramsci tenía razón, lo puso por escrito y se ha cumplido: su Marcha larga ha convertido el mundo en una mancha infecta. Y detrás de estos argumentos "revolucionarios" contra las Patrias y contra la Fe ya no están los trabajadores de la lucha de clases, no. Quienes sustentan y financian sus estúpidos argumentos son las élites y la derechona liberal.

 

De Gramsci a "La Tuerka"

La extensión completa de este peligroso ideario tuvo su final feliz con el 15-M. Los indignados se lanzaban a las plazas. Protestaban por todo y por nada; con razón pero sin argumentos claros. Esto supuso un nicho perfecto para un estudioso y admirador de Gramsci, Juan Carlos Monedero. Fue entonces cuando comenzó a aprovechar todo ese movimiento consolidando el proyecto político de Podemos. Y lo hizo con la misma "Marcha larga". Tal cual. Si la Escuela de Frankfurt dejó todo por escrito, sin caretas, también Podemos hizo lo mismo a través de un medio propio (La Tuerka fue su altavoz). Basta con darse una vuelta por los vídeos que publicaban, donde marcaban y trazaban perfectamente este camino. No en vano, Monedero adoptó incluso una imagen similar a la estética de Gramsci. Y con su foto, ya de paso, tapó la marca de su ordenador capitalista. Todo un cocktail de marxismo cultural. En los años posteriores, Errejón principalmente habló sin tapujos de todo esto defendiendo que había que crear "instituciones y argumentos" donde resguardarse de la derecha más allá de la lucha de clases. Es decir, asegurar chiringuitos montados a base de argumentos bobos que les permitan dos cosas: primero, justificar su odio permanente a España y a la tradición; y después, vivir del cuento sin pegar un palo al agua, que tampoco está nada mal. Estos rojos huelen a Cacharel y viven en Aravaca. Todo ello viviendo de la subvención que les llevamos pagando desde que entraron a pasear por la Universidad.

 

En la imagen, Monedero tapa la marca del ordenador con una foto de Gramsci.

De "La Tuerka" a Greta: las élites contra el enemigo común

Y así llegamos a nuestros días, donde todas las minorías tienen su bandera... y su tontería. Y todas, obviamente, han sido lanzadas desde la progresía mundial. ¿Qué sería de nosotros sin su histórico papel fundamental vendiendo humo, verdad? Esto se cristalizó perfectamente en el último debate electoral que vimos en televisión. Cuando Pedro Sánchez se veía sin argumentos, soltaba aquello de "hablemos de las emergencias reales, ¡que aún no hemos hablado del clima!". Invito al lector a que lea sobre Gramsci, sobre Frankfurt, a que vea los primeros vídeos de La Tuerka que hacían en la Universiad. Y a continuación, sin perder el hilo, analicen los discursos de los mismos Rockefeller sobre todo ello. Oh, sorpresa, todos están de acuerdo. Resulta que aquellos que se decían indignados con el sistema financiero están en el mismo barco y argumentos que los amos de las finanzas, los que se reúnen en el Club Bilderberg. Todos en el barco de Greta: ¿Y qué les une? El enemigo común.

 

Los coletas, como decían en sus primeros célebres vídeos, no pueden ver a España, mientras que la masonería quiere un nuevo orden mundial sin fronteras ni Cruz que les permita extender fácilmente sus negocios. ¿Alguien se ha preguntado en qué invierten ahora los miembros de Bilderberg? Efectivamente, en negocios verdes, ya no lo hacen en petróleo. La eco-estafa es una maniobra de George Soros, eje vertebrador de todos los males mencionados. Por eso financia todo lo que huela a luchas contra el machismo, o las soflamas sobre ecologismo, hembrismo o multiculturalidad. Bilderberg quiere un sistema mundial que globalice sus negocios, y la izquierda quiere asegurar los votos del futuro creando argumentos sociales en los que refugiarse mientras liquidan la España eterna de la tradición. Por tanto, les une el enemigo común: OCCIDENTE. Y la derecha, qué hay de la derecha, dónde está, qué hace. Aplaude, servil e inútil, y acude al evento que han organizado en IFEMA. Total, si es una niña la que lo pide. Mucho ojo con esto. Ésta es la careta de Greta, como demuestra la foto que se aporta en este artículo. Hasta ahora usaban la imagen de estrellas del cine, siempre reconocidos masones, como Brad Pitt. Pero ahora se han pasado el juego, es más eficiente usar la imagen de una cría, a la que encima le estamos robando la infancia nosotros. Son tan malos que están usando a una niña con minusvalía para tejer su plan. Y es que una España fuerte, unida y católica fue el inicio de Occidente, escudo y espada de nuestra civilización. Los enemigos lo saben bien, por eso han puesto sus ojos aquí. Tanto, que los tenemos acampados en IFEMA.

 

Por ello la emergencia existe, claro que existe, ¡pero es occidental!

 

Luis Fernandez Villamea Alemán