Pedro Pablo Peña, jefe nacional de Alianza Nacional, nos atiende en esta entrevista para explicar la evolución que sufrieron muchos grupos patriotas en la democracia. A muchos de ellos se le paró el reloj y quedaron convertidos en fantasmas políticos.

¿Por qué 44 años después de la muerte de Franco los socialpatriotas no han entendido nada del proceso que ha conducido a España hasta la situación actual?

En los años 70, era evidente para muchos de nosotros que el Régimen Nacional caminaba hacia una 'homologación' por parte de las democracias occidentales. El Nuevo Estado buscaba dejar de ser el Nuevo Estado para convertirse en aceptable para esas democracias.

Sin embargo, colectivamente los patriotas leales al Nuevo Estado creían -ese es el término- que el Régimen, de la mano del Príncipe de España, salvaguardaría los Ideales del Movimiento Nacional. La frase usada en aquellos años por los estamentos oficiales era: "Después de Franco, las Instituciones". Quienes observábamos con lucidez el curso de la política española veíamos que la clase política del Franquismo era deleznable por su falta de convicciones y de arrojo. Era indigna de cualquier confianza. Los Leales al Nuevo Estado éramos conscientes de que afrontábamos una tarea titánica: defender un Régimen político, que quería suicidarse, aún en contra de sus propios cuadros políticos.

Tras la muerte del Generalísimo, la Batalla política fue de Reformadores -traidores- contra Leales. Era una Batalla perdida. Todo y todos estaban en contra nuestra. Pero imperativo darla. Perdida esa Batalla, triunfante la Transición, no supimos elaborar un Discurso Nacional, sin pensar ya en anteriores etapas históricas. Eso nos convirtió en fantasmas políticos. El reloj siempre avanza, no retrocede.

Y su presencia es irrelevante hoy en día, pero no solo hoy en día sino desde hace muchos años...

Los Círculos Socialpatriotas nos hemos afanado como pocos. En nuestra contra: la España Oficial y todos los Sectores políticos y Medios de Comunicación. Con todo en contra y con nuestra propia incapacidad de innovación ante el reto de las nuevas realidades sociales, hemos ido siempre a la zaga hasta convertirnos en marginales.

¿Por qué a partir de la oposición frontal del Vaticano al proyecto de Franco de institucionalización del Nuevo Estado en una línea más acorde con los Ideales del Movimiento Nacional, la ortodoxia de éste quedó en papel mojado?

Porque el Vaticano era uno de los apoyos que el Generalísimo consideraba más sólidos, dado el carácter de Cruzada de nuestra Guerra Civil, que salvó a la Nación Española, su Tradición Católica, a millares de Católicos españoles y a la propia Iglesia Católica española de una de las persecuciones religiosas más crueles. Franco envió a Joaquín Ruiz Giménez a Roma para presentarle al Santo Padre la conformación jurídico-política del Nuevo Estado. La Santa Sede denegó su apoyo a esa institucionalización por considerarla totalitaria. El Caudillo entendió que no podía quedarse también sin ese apoyo, por lo que la institucionalización tomó un camino más despolitizado, que culminaría en la Ley Orgánica del Estado de 1966.

Desde ese momento, el 'núcleo duro' del Régimen quedó desplazado. Falangistas y Tradicionalistas aceptaron ese desplazamiento, que los convertía en los 'inmovilistas'. ¿Por qué ya no se movieron?

A partir de 1959, el Régimen sufre una transformación. Termina con la autarquía económica y comienzan los años del Desarrollismo de la mano de los Tecnócratas. El éxito de las políticas económicas, que convierten a España en la Nación de mayor crecimiento económico mundial en porcentaje, crea unas nuevas clases medias y aleja los postulados políticos del Nacionalsindicalismo, que sólo subsiste nominalmente. La creación de esas clases medias la estabilidad política, económica y social, así como un profundo cambio en la mentalidad de la mayoría de los españoles.

Con esas premisas, Falangismo y Tradicionalismo quedaban arrinconados, porque, descabezados durante el Alzamiento y la Cruzada, no encontraron los jefes y cuadros capaces de mantenerlos vigentes, de enfrentarse a la deriva del Nuevo Estado y de tener calado social. Los Jefes y Mandos superiores e intermedios de la Falange eran ya tan sólo Altos Cargos del Estado -sin tirón revolucionario- o burócratas.

Tras el fallecimiento del Caudillo, las Fuerzas Nacionales, que propugnaban esa ortodoxia, se convirtieron en el 'Bunker'. ¿A qué cree que se debe?

Los calificativos de Bunquer o de Inmovilistas procedían de la Prensa partidaria de la 'evolución política' del Régimen hacia una democracia burguesa. Eran una forma de estigmatizar la ortodoxia y a los Círculos intelectuales y políticos que la apoyaban.

La traición del Rey Juan Carlos y la cobardía de la clase política del franquismo, que se aquietó a la Reforma Política y se hizo el harakiri, abrieron el camino a la Transición convirtiendo a los leales al nuevo Estado en una especie de trasnochados y rémora para el avance hacia la Democracia. Tal vez, no supimos articular bien nuestro Discurso político para afrontar la Transición, que, vista la cobardía de todos los que integraban las Altas Instituciones del Estado y los Ejércitos, era inevitable.

Desde los años 90, los intentos, más que meritorios, de convertirnos en una fuerza dinámica, que articulara el Nacionalismo Social, han fracasado ¿Por qué?

Porque, tras la derrota en la Batalla de la Transición sufrida por las Fuerzas Nacionales, hubo una desmovilización general. La propia disolución de Fuerza Nueva provocó un desplazamiento de sus votantes hacia Alianza Popular.

La desmovilización militante y la pérdida de base electoral convirtió a las nuevas organizaciones nacionales en fuerzas meramente juveniles. Sin embargo, ese fenómeno ha tenido una ventaja: el nuevo Discurso es de verdadero Nacionalismo Social y no de Ultraderecha.

Ante la Segunda Transición nos vemos reducidos al triste papel de convidados de piedra en el drama de España. ¿Qué medidas podemos tomar ante esta realidad?

Había que bajar hasta el fondo para volver a subir. Libres de adherencias ultraderechistas y de cualquier elemento extraño, así como de la burbuja histórica en que muchos se quisieron encerrar, el camino aparece expedito. Sólo hay que trabajar: 1) Frente Cultural -Batalla de las Ideas-. 2) Frente Político, articulado sobre los siguientes ejes: Soberanismo contra Atlantismo; Nacionalismo contra Organismos supranacionales y contra Separatismo; Identidad Racial y Cultural contra Multirracialismo y Multiculturalismo; Economía Social contra Liberalismo económico; Cortes Constituyentes contra el Régimen del 78.